Uno de los fundadores del Equipo Argentino de Antropología Forense reveló cómo fueron asesinadas las víctimas

Luis Fondebrider, miembro fundador del Equipo Argentino de Antropología Forense, relató en la audiencia de hoy los resultados de las pericias que permitieron reconstruir los asesinatos e identificar a las víctimas de la Masacre de Fátima.

Durante su presentación en la decimosegunda jornada del juicio, Fondebrider mostró una serie de fotografías que fueron exhibidas en pantallas ante el Tribunal. Las imágenes mostraban los cráneos de algunas de las víctimas, la mayoría de ellos con dos o tres impactos de bala. “Casi ninguno tenía solamente un disparo”, detalló. Si bien aclaró que no es un experto en balística, Fondebrider afirmó que los disparos habían sido realizados a una distancia mínima y aseguró que los impactos no se correspondían con munición de armas de guerra, sino con balas de armas “cortas”.

La investigación del Equipo -realizada en dos etapas, entre 1985/86 y 1997- reveló que las víctimas presentaban sus cráneos “explotados y multifragmentados” por los disparos y demostró que las ejecuciones se realizaron antes antes de que los cadáveres fueran dinamitados.

Fondebrider relató las características del trabajo de exhumación realizado en el cementerio de Derqui, en el partido de Pilar, donde habían sido enterrados los cuerpos. Allí, los profesional del Equipo reemplazaron a los “sepultureros y bomberos” que antes realizaban ese tipo de tareas e implementaron por primera vez en Argentina técnicas de arqueología forense, que posibilitaron la identificación de los cadáveres.

En la audiencia de hoy declaró también Alejandra Godoy, una vecina del lugar, que aseguró que durante la noche se escucharon ruidos y una explosión. “Mi padre creyó que había sido el horno de ladrillos”, relató. Al día siguiente en “el callejón”, como conocen los vecinos la zona en la que se dinamitaron los cadáveres, “había soldados y no dejaban pasar a la gente”.  Al relato de Godoy se sumó el de Alberto Zorzi, que trabajaba en una fábrica cercana al lugar de la masacre. Zorzi aseguró que ese día vio “cuerpos tirados en la ruta y un hoyo en el medio”.

Por su parte, el testigo Juan Carlos Losada, quien se desempeñaba como subinspector en Pilar en el momento de los hechos y realizó el sumario tras el hallazgo de los cadáveres confirmó que poco tiempo después se produjo un “extravío” de los juegos de fichas dactilares de las víctimas que se encontraban en la jefatura policial y en el sumario judicial. Sin embargo, durante la investigación posterior se logró recuperar una copia de esas fichas que había quedado en el registro civil.

Familiares de víctimas relataron su secuestro

En la audiencia de hoy, declararon Manuel Suanes y Carlos Dormal, cuñados de dos de las víctimas de la masacre: Conrado Alzogaray y Ricardo Herrera Carrizo, respectivamente. Ambos confirmaron la detención ilegal de sus familiares y dieron detalles sobre los secuestros.

Suanes fue detenido junto a su cuñado, en la madrugada del 16 de julio de 1976 y lo llevaron encapuchado hasta un lugar, donde fue golpeado y torturado. “A mí la única declaración que me tomaron, fue a golpes”, afirmó el testigo.

Por su parte, Dormal, también confirmó el secuestro de su cuñado y explicó que, a pesar de que no pudo ver el procedimiento, se enteró a través de su suegra. “Una fuerza de personal uniformado, entró a su casa, y secuestró a mi cuñado”, precisó.  

El último testigo de la audiencia fue Julio Blanco, quien se desempeñaba como policía en la comisaría de General Pacheco, bajo cuya jurisdicción estaba ubicada la fábrica Bendix, de donde fueron secuestradas varias de las víctimas de la masacre. Blanco dijo que en esa dependencia sólo había “detenidos comunes” y negó haber tenido noticias de los crímenes de Fátima.

“Imágenes de Auschwitz” en la Superintendencia de Seguridad Federal

En la audiencia de hoy, el ex sacerdote irlandés Patrick Rice relató su cautiverio en la Superintendencia, durante 1976, ratificó que allí funcionaba un centro clandestino de detención y mencionó las condiciones inhumanas en que vivían los secuestrados. “Parecían imágenes de Auschwitz”, comentó Rice, que había llegado al país en 1970, en el marco de una misión. El testigo fue secuestrado junto a Fátima Cabrera, su actual esposa, quien también declaró ayer ante el Tribunal Oral Federal Nº 5.

Rice relató que en un primer momento estuvo secuestrado en la Comisaría 36 donde fue torturado. Luego lo trasladaron encapuchado y en el baúl de un auto hasta la Superintendencia. Allí tomó contacto con otros secuestrados quienes le relataron cómo los policías habían seleccionado “con una lista de nombres” a las víctimas de la Masacre de Fátima. El ex sacerdote atribuyó su liberación a la intemediación de la embajada de Irlanda.

Por su parte, Cabrera brindó una extensa declaración en la que dio cuenta de su secuestro junto a Rice y de las torturas a las que fue sometida. Además, indicó que en cuanto llegó a la Superintendencia, sus compañeros de cautiverio le contaron lo que había ocurrido con las víctimas de Fátima. “Eso provocaba temor cada vez que se abría la puerta”, señaló.

El último testigo de la audiencia de hoy fue Rolando Héctor Astarita, quien también logró sobrevivir al secuestro y las torturas en la Superintendencia y se encontraba allí en el momento de la Masacre. Astarita recordó haber visto a una de las víctimas de Fátima -Roberto Elizondo-, en el momento del traslado. “Estaban contentos porque les decían que se iban a un penal”, relató. Días después comenzaron a escuchar que los policías se referían a algunas de las víctmas con frases como “está en el cielo” o “está volando”. Astarita ratificó que los secuestrados asesinados en Fátima fueron seleccionados a partir de una lista donde figuraban “con nombre y apellido”.

Un sobreviviente de Superintendencia habló del día de la masacre y nombró a dos de los acusados

En la audiencia de hoy Julio Guillermo López, quien estuvo secuestrado en la Superintendencia de Seguridad Federal, recordó que el día de la masacre de Fátima un grupo de secuestrados fue llevado desde sus respectivas celdas a lo que conocían como “la leonera grande” y allí les dijeron que iban a ser liberados. Al día siguiente, López pudo ver una nota de un diario que daba cuenta del hallazgo de los 30 cadáveres en Fátima.

El testigo contó que la tarde de la masacre se produjo “un movimiento muy raro” y, al igual que otros testigos, relacionó los crímenes con el asesinato del general Omar Actis, ocurrida en la mañana del 19 de agosto.

En su testimonio, López aseguró que uno de los acusados, el comisario Juan Carlos Lapuyole, lo interrogó mientras era torturado en los cinco días que pasó en la Superintendencia y afirmó que lo apodaban “Francés” o “Perfume”. También mencionó al comisario Carlos Gallone -otro de los acusados en la causa- a quien creyó recordar que llamaban “Pavo” o “Cura”. Además, confirmó que el ministro del Interior de la dictadura, Albano Harguindeguy, “iba con frecuencia” a la Superintendencia.

López estuvo secuestrado en la Superintendencia y en los centros clandestinos Automotores Orletti, Campo de Mayo y Vesubio entre 1976 y 1977.

Declaró el psiquiatra que atendió a uno de los acusados

Hugo Baloni, médico del hospital Churruca, reconoció su firma en el legajo del acusado Miguel Timarchi, quien declaró que en 1976 se encontraba de licencia médica por haber sufrido la explosión de una granada. Baloni ratificó su diagnóstico, en el que consignaba que Timarchi sufría trastornos “auditivos, neurológicos y psiquiátricos”.

El médico, convocado como testigo de la defensa, explicó que que en mayo de 1977 debió prescribirle a Timarchi “un tranquilizante mayor para casos de urgencia, para plancharlo”. Esta medicación, que el propio acusado admitió haber consumido, estaba destinada, según Baloni, a “bajar casos de enorme agresividad, de excitación psicomotriz”.

Por otra parte, el testigo resumió el clima que se vivía durante el terrorismo de Estado en el servicio de Psiquiatría del hospital policial. “Recibíamos a esquizofrénicos, delirantes, que venían con una granada en el bolsillo. Era evidente que iba a pasar algo”, comentó. Además, Baloni relató el caso de un cirujano de 24 años que fue asesinado por un policía al que atendía y contó que él mismo fue amenazado por un paciente psiquiátrico que lo encañonó en su consultorio. Después de estos hechos, ocurridos en 1978, la dirección del hospital dispuso que los pacientes que iban a psiquiatría debían dejar el arma en la guardia y retirarla a la salida.

En la audiencia de hoy también declaró Jorge Mutuverría, amigo de Timarchi, quien aseguró que, tras el accidente con la granada, el acusado no tenía “ni voluntad de ser agresivo”.

Declararon dos sobrevivientes del centro clandestino que funcionó en la Superintendencia de Seguridad Federal

Alberto Poggi y su esposa, Graciela Lara, sobrevivientes del centro clandestino de la Policía Federal que funcionó en Moreno 1417, declararon en la audiencia de hoy ante el Tribunal Oral Federal 5.

Poggi señaló que durante los cinco días que permaneció privado de su libertad en la Superintendencia se encontró con un conocido suyo, Daniel Hopen -quien también estaba secuestrado y permanece desaparecido-. Hopen le contó que el fin de semana de la masacre “pusieron gente en fila y eligieron” a quien iban a llevarse. 

El testigo reprodujo el relato que le había hecho Hopen: “Nos pararon contra la pared y empezaron: usted sí, usted no, usted sí, usted no. Yo tuve suerte, pero se llevaron a un montón de muchachos. Después los dinamitaron en Pilar”.

Por su parte, Lara, que se desempeñaba como empleada en Tribunales, relató la noche en que fue secuestrada. “Vinieron y dijeron que me tenían que llevar, uno le puso una ametralladora a mi hijo de dos meses”, contó. Además, relató su cautiverio en la Superintendencia. Lara y Poggi coincidieron en que por las noches se escuchaban los gritos de los torturados, que los policías intentaban tapar con la canción “Libre” de Nino Bravo a todo volumen. “Torturaban y violaban a todo el mundo”, dijo Lara. 

Ayer también declararon tres policías retirados: el comisario Norberto Aldo Lucchesi, el comisario Osvaldo Gregorio Lafuente, ex superintendente de Bienestar y el subcomisario Luis Augusto Weckesser, jefe de la sub-brigada de Investigaciones de Campana que intervino en el lugar del hecho luego de la masacre.

Weckesser admitió que nunca había visto un crimen tan brutal como el de Fátima, no obstante aseguró que se trató como “un caso común”, ya que en la dictadura ante un hecho así “no se justificaba la adopción de ninguna medida especial”.

Tenso careo entre un ex policía y uno de los acusados

En la audiencia de hoy declaró el sargento Armando Luchina, quien aseguró que estuvo presente mientras cumplía su horario de guardia en la Superintendencia de Seguridad Federal cuando los 30 detenidos fueron cargados en un camión “tipo militar” para ser trasladados, en agosto de 1976, a la localidad bonaerense de Fátima donde fueron fusilados y sus cuerpos dinamitados. El Tribunal dispuso un careo entre Luchina y uno de los acusados, el comisario Miguel Angel Timarchi.

Luchina, quien se desempeñaba en la guardia del edificio de Moreno 1417, dijo que en la sede de la Superintendencia se atendían trámites típicos de la Policía Federal durante el día, pero que a la noche había torturas y violaciones. El testigo contó que en la Superintendencia había detenidos “legales” y otros calificados como “RAF”, sigla de la Royal Air Force, porque “estaban en el aire”.

El testigo contó que entre la noche del 19 y la madruga del 20 de agosto de 1976 pudo ver que treinta detenidos, en estado de semiinconsciencia, eran cargados en un camión en el playón del edificio. Entre los miembros de las brigadas presentes en el traslado nombró a los tres acusados: Timarchi, Juan Carlos Lapuyole y Carlos Gallone.

Durante el careo, Timarchi buscó reforzar su primera declaración, en la que aseguró que, en el momento de la masacre, se encontraba de licencia y le pidió a Luchina que se rectifique. “Es probable que me haya visto durante 1974 y 1975, pero nunca en esa fecha porque llevaba diez meses de licencia por un acto de servicio: fui herido con una granada”, insistió.

“Estoy totalmente convencido de que lo he visto en ese lugar. Lo vi salir un montón de veces con detenidos que están desaparecidos”, volvió a afirmar Luchina sin dudar.

Declararon nuevos testigos y volvió a hablar uno de los acusados

En la segunda audiencia del juicio por la masacre de Fátima declararon cuatro testigos y uno de los acusados, el ex oficial de la Policía Federal, Carlos Gallone, pidió la palabra para ampliar su descargo.

La primera testigo fue Aurora Morea, Madre de Plaza de Mayo, quien relató el secuestro de su hija Susana Pedrini, su yerno, José Bronzel, y su consuegra, Cecilia Podolsky. Morea contó que llegó a saber que los tres habían estado secuestrados en la Superintendencia y que luego, gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense pudo recuperar los restos de su hija y su yerno, ambos asesinados en Fátima. Además, agradeció “haber llegado hasta acá para saber quienes son los represores” y pidió “que se los juzgue y los pongan en cárceles comunes”.

En segundo lugar declaró Hugo Omar Argente, quien relató el secuestro de su hermano, Jorge. Argente contó que tenía miedo de averiguar dónde había sido llevado su hermano: “Uno tenía más miedo a desaparecer que a morir”, explicó. Recién en 1999 pudo realizarse el análisis de sangre que permitió identificar los restos de su hermano.

Por su parte, Haydeé Gastelú y Oscar García Buela se refirieron a la desaparición de su hijo Horacio, conscripto de la Base de Infantería de Marina en Bahía Blanca, quien fue secuestrado junto a su novia Ada Victoria Porta, de 17 años, cuando se encontraba de licencia.

Según declaró Gastelú, los militares “nunca reconocieron” el secuestro de su hijo, que a la semana pasó a ser considerado desertor. “Recién 25 años después y gracias a los antropólgos tuve la notica de cuál había sido el fin de mi hijo, y su destino”, contó. 

En el comienzo de la audiencia, Gallone había ampliado su descargo aunque no aceptó responder preguntas. El acusado insistió en que durante el fin de semana de la masacre de Fátima se encontraba de franco en Mar del Plata. Además, amplió el relato que había brindado en la primera audiencia y aseguró que además de ir al casino junto con su padre, concurrieron al cabaret “Las Vegas”. Según Gallone, al salir le habían robado el auto a un amigo de su padre que animaba el show en el cabaret. Gallone pidió al tribunal que rastree la denuncia del robo como prueba de su presencia en Mar del Plata.