“Profesión: militar retirado”. Comenzó el juicio a Teófilo Saa, Bernando José Menéndez, Felipe Jorge Alespeiti y Humberto José Roman Lobaiza por crímenes de lesa humanidad

Hoy comenzó el juicio a Teófilo Saa, Bernando José Menéndez, Felipe Jorge Alespeiti y Humberto José Roman Lobaiza por los crímenes cometidos bajo la órbita del Cuerpo I del Ejército. En la segunda etapa del juicio a Olivera Róvere y Jefes de Área que empezó en febrero, el tribunal investiga la responsabilidad de los imputados en más de 200 privaciones ilegitimas de la libertad. Hoy se leyeron el requerimiento de elevación a juicio del fiscal, que permite conocer los hechos investigados, y las cargas que pesan sobre los imputados.

Luego de la lectura del requerimiento, los imputados tuvieron la oportunidad de declarar, pero se negaron a hacer uso de ese derecho. Se leyó la declaración indagatoria de Humberto José Roman Lobaiza, prestada en la etapa de instrucción en 2004, en la cual el imputado había dicho: “No soy responsable porque nunca fui jefe del área II” y “yo no tenía conocimiento de centros clandestinos de detención”. Los otros imputados tampoco hicieron uso de su derecho a declarar, se refirieron a su declaración anterior y pidieron la incorporación de la documentación que habían brindado al tribunal en ese momento. Bernando Menéndez, quien se había negado a declarar durante el curso de la fase de instrucción, siguió firme en esa posición, “sin prejuicio de hacerlo el momento oportuno”, añadió.

Respecto de la difusión del juicio, en una extensa resolución, el tribunal dispuso que “las imágenes de los actos iniciales del juicio sean obtenidas a través de los recursos propios del tribunal y operados por personal capacitado de la Policía Federal Argentina” y autorizó únicamente el “ingreso de un reportero de la agencia oficial de noticias Télam durante un breve lapso para la obtención de las imágenes”, las que deberán entregarse gratuitamente a los demas medios de prensa que lo requieran. Esta resolución fue dictada en consonancia con lo dispuesto por la acordada 29/08 de la Corte Suprema de Justicia. A pesar de su magnitud, este juicio cuenta con poca publicidad dado que la audiencia comenzó sin ninguna cámara de televisión que trasmitiera ese momento histórico y un reportero gráfico ingresó recién dos horas más tarde. Una mayor difusión ayudaría a que este proceso no marque solo la memoria de los que estaban presentes.

El tribunal entró en un cuarto intermedio hasta el 14 de abril de 2009 a las 10h30. Se encuentra en el blog el cronograma de testigos de las próximas audiencias.

“Era un persona que quería vivir en libertad y estaba comprometido con esto”

La audiencia de hoy contó con nueve testimonios y un público mayor que en audiencias anteriores. Los primeros testimonios relataron la desaparición de Eduardo Ezequiel Meravjer Bercovich. Eduardo fue secuestrado junto a su primo Martín Bercovich, el 13 de mayo de 1976, por un grupo de personas que se identificaron como de la Policía Federal. “(Eduardo) era un persona que quería vivir en libertad y estaba comprometido con esto” dijo Sebastián, recordando el compromiso de su padre desaparecido. También declaró el hermano de Eduardo, Adrián, quien relató además su propio secuestro y posterior detención en Coordinación Federal.

Luego declaró Silvia Leonor Hochman sobre la desaparición de su hermana y su cuñado el 23 de julio 1976. Nora Esther Hochman de Antebi tenía 24 años, estaba casada con un abogado también desaparecido, y tenían dos hijos. Según la testigo, un amigo que trabajaba en Coordinación Federal le comentó que estaban detenidos allí y que estaban fichados con la mención de “Judío”. Al día siguiente, sin embargo, le dijo que “el ejército había venido a retirarlos”.

Sobre el secuestro y la muerte de Miguel Angel Sosa Fitipaldi declararon su esposa Adorina y su hijo Juan Pablo. El 25 de mayo de 1976, Miguel Angel Sosa se encontraba en su casa con su esposa y sus hijos cuando irrumpieron, de manera brutal, varias personas armadas que se llevaron a Miguel Ángel en un operativo muy violento. En 1981, encontraron su cuerpo enterrado en un fosa común en un terreno de Granbourg. La víctima murió por un golpe dado en el cráneo y luego fue arrojado al río Reconquista, cerca de Campo de Mayo. Todo sucedió el mismo día de su secuestro. Hoy Miguel Ángel está enterrado en el cementerio de Flores.
Luego declaró Alejandro Andrés Testa sobre la desaparición de su hermano y su cuñada. Las víctimas se llamaban Elena Cristina Barberis, estudiante de medicina, y Aníbal Carlos Testa, estudiante de abogacía. Ambos eran originariamente de Córdoba y tenían un hijo de quince meses al momento de su desaparición. El secuestro ocurrió el 11 de septiembre 1976 en su domicilio de la calle Cervantes. La familia interpuso habeas corpus y recurrió a varios lugares para encontrar a Elena y a Aníbal. Elena tenía además una hermana que había sido asesinada en Córdoba. La pareja permanece de

Un día después del día nacional de la memoria: siguen los testimonios

Dos testimonios inauguraron las audiencias al día siguiente del día nacional de la memoria. Wenceslao Aurujo, quien estuvo secuestrado el 7 de julio de 1976, declaró por su caso y por los secuestros y desaparición de su hijo, su hija y su yerno. El testimonio de Margarita Emma de Boggiato de Lopez relató la desaparición de su sobrino Eduardo Guerci, el 20 de julio 1976.

Wenceslao Aurujo fue secuestrado el 7 de Julio de 1976, junto con su mujer Celestina Samudio. Se los llevaron encapuchados y esposados en coche, hasta un lugar donde los detuvieron durante cuarenta y ocho horas. Era un patio grande, donde había mucha gente y a veces escuchaban gritos terribles. Cuando lo liberaron le dijeron “haga de cuenta que fue un mal sueño, una pesadilla”. Dos años más tarde, en otro operativo, secuestraron al hijo y la hija del testigo, quienes permanecen desaparecidos.

Margarita Emma de Boggiato de Lopez relató la desaparición de su sobrino, Eduardo Guerci quien hacía en ese momento el servicio militar. El 20 de julio de 1976, varias personas armadas se llevaron a Eduardo de su domicilio. Margarita contó también la estafa de la cual fue víctima la familia de Eduardo, cuando le hicieron creer que Eduardo iba a volver, dando fecha y lugar del encuentro, que no sucedió nunca.

“Este es mi lugar de lucha y de aquí no me muevo”

“Este es mi lugar de lucha y de aquí no me muevo”, anotó Haroldo Conti en un papel bien visible sobre su escritorio, contó su hijo Marcelo en la audiencia de hoy. También declararon su hija Alejandra y su hermana Lidia Olga sobre el secuestro del escritor el 4 de mayo de 1976. Aquella noche Haroldo y su mujer dejaron a su hijos en la casa, al cuidado de un amigo. Cuando regresaron del cine se encontraron con un grupo de civiles armados esperándolos. Revolvieron toda la casa y se llevaron a Haroldo y a su amigo.
Conti pertenecía a los círculos culturales de los años 70 y era un escritor reconocido por sus ideales y su talento. “No escondía sus opiniones ni sus ideales”, contó Alejandra. El régimen lo hizo desaparecer porque se atrevió “a pensar en disidencia”, lo cual “no es compatible con ningún régimen democrático”, agregó. Muchos trámites fueron iniciados para conocer el paradero de Haroldo, y distintas versiones les llegaron a sus familiares sobre su paradero.
Se declaró también sobre la desaparición de Adelina Noemí Gargiulo, secuestrada en su casa el 8 de julio de 1976. Adelina era artesana en la feria de San Telmo. Militó desde 1973 en el Comité de Solidaridad con Familiares y luego en el PRT. A pesar de las averiguaciones que realizó parte de su familia y amigos, no se supo nada sobre su destino. Su amiga Elsa Perdomo describió el secuestro y los trámites realizados para encontrarla.

Por último dos testigos declararon sobre una pericia que permitió identificar al cadáver de Edgardo Candia Correa: Pedro Sala, perito dactiloscópico y Fermín Iriart, fotógrafo.
La próxima audiencia del juicio al general Jorge Olivera Róvere se realizará el miércoles 25 de marzo 2009, a las 10, siempre en el subsuelo de los tribunales de Comodoro Py.

La Historia y las historias: familias destrozadas como consecuencia de treinta años de impunidad (II)

Hoy declararon diez testigos sobre seis hechos diferentes. La audiencia comenzó con el testimonio de un sobreviviente, Hugo Rafael Parsons. El testigo fue secuestrado el 5 de noviembre de 1976 en su domicilio, y liberado el 17 de febrero de 1977. En ese período pasó por varios centros clandestinos de detención de Capital Federal y de provincia de Buenos Aires.

Los cinco testigos siguientes declararon sobre el secuestro y la muerte de Nemesio Ricardo Farías Moreno. Sus hermanos explicaron que fue secuestrado en su domicilio en la madrugada del 4 de julio de 1976 por un grupo de personas armadas vestidas de civil. Los hermanos y la esposa de uno de ellos, Silvia Dopazo, se movilizaron inmediatamente para encontrar a Nemesio. El cuerpo de Nemesio apareció en el barrio de la Boca y fue ingresado a la morgue como NN. Sus familiares se enteraron por vías extra-oficiales que el cuerpo podía estar en la morgue y que tenían tres días para ir a identificarlo por riesgo a que desaparezca. Nemesio tenía 28 años, era ingeniero químico y murió por las heridas que unos veinte impactos de bala le provocaron en el cuerpo.

Luego, declaró Alberto Américo Pites sobre su secuestro y detención desde el 19 agosto de 1976 hasta el 12 mayo de 1984. Alberto fue detenido ilegalmente en la comisaría 42, hasta que fue traslado al penal de Devoto y luego al de La Plata, donde un consejo de guerra lo condenó a 16 años de prisión. El testigo rememoró las torturas que padeció en la comisaría, los otros detenidos que pudo identificar y el desarrollo de su juicio ante el consejo de guerra. Pidió justicia “para los que no pudieron sobrevivir”. La hermana del testigo, Verónica María Pites, completó su relato con lo que sucedió mientras su hermano estaba detenido ilegalmente en la comisaría y la angustia de su familia que ya había sufrido la desaparición y muerte de una hermana y su esposo en mayo de 1976.   

Juan Fernando Abeledo declaró sobre la desaparición de su hermano, Horacio Abeledo, el 29 de julio de 1976. Su secuestro fue realizado por más de diez personas armadas, en el domicilio de sus padres. A pesar de las averiguaciones, no supieron nunca más nada sobre el paradero de Horacio.
Por último, declararon la ex suegra y la hija de Carlos Otto de Heinze, secuestrado el 16 de junio de 1976. Carlos era un “peronista de la primera hora”, y ya había sido detenido y se había exiliado durante el golpe de estado anterior. Por ello, su familia “no se imaginaba lo estaba sucediendo” bajo esta dictadura, y el impacto que iba a tener sobre la familia y cada uno en particular. Ninguna de ellas presenció el secuestro en sí, pero pudieron contarlo a partir del relato de la esposa de la víctima y su nieta, quienes fueron tomadas de rehenes por los secuestradores hasta que apareció Carlos Otto, en el camino de regreso a su casa. Explicaron los trámites para encontrar a Carlos, las consecuencias de su desaparición en su vida y la de la familia, el exilio al cual tuvieron que someterse luego. Carlos Otto permanece desaparecido.

Las audiencias continúan mañana a las 10hs.

Familias destruidas como consecuencia de treinta años de impunidad

Las audiencias de la semana comenzaron con la declaración de Raúl Leguizamón, hermano de Gustavo, secuestrado en su domicilio el 4 de junio de 1976. Según el relato del testigo, irrumpió en su casa, a la medianoche, un grupo de personas armadas vestidas de civil que se identificaron como pertenecientes al Ejército Argentino, tomaron a su hermano y se lo llevaron por la fuerza en un Ford Falcon. El testigo presenció el secuestro desde la terraza. Al otro día, comenzaron los trámites para conocer el destino de Gustavo, búsqueda que se extendió el resto de su vida y que llevó al testigo a decir que “también mataron a mi mamá y a mi papá. El daño colateral es el verdadero daño”.

La testigo siguiente, Teresa Beatriz de Cristófaro, declaró sobre la desaparición de su hermano Eugenio, ocurrida el 14 de septiembre 1976. La testigo tenía 14 años cuando personas armadas que se identificaron como pertenecientes a la Policía Federal irrumpieron durante la noche en su domicilio buscando a su hermano. Como Eugenio no vivía con ella y su madre, las llevaron al domicilio de su hermano para buscarlo. Fue ahí cuando los secuestradores le dijeron a Eugenio que se despidiera de su hermana y de su hijo de diez meses, porque nunca más iba a volver a verlos. Teresa relató también el secuestro de su otro hermano, Luis Eduardo, junto con su cuñada, el año siguiente. Unas semanas después, apareció la versión de que su hermano había muerto en un enfrentamiento. Su cuerpo había sido enterrado como NN n° 11 en el cementerio de Montegrande. Luis Eduardo y su esposa tenían un hijo de siete meses que fue confiado a sus abuelos el día del secuestro.

María Luisa Costa de Adamoli y Paula Brivolo vinieron a declarar sobre la desaparición de Oscar Adamoli. La victima, de 23 años en el momento de los hechos, desapareció en junio de 1976 cuando estaba trabajando en su puesto en la feria de antigüedades de San Telmo. La madre de la víctima, María Luisa, contó que su hijo de 23 años se estaba por recibir de arquitecto pero que nunca volvió de la feria de San Telmo. Paula Brivolo, esposa de la víctima, explicó que quienes secuestraron a Oscar, buscaban a su cuñado, cuya madre compartía con Oscar el puesto en la feria.

Olga Cristina Goicoechea declaró sobre el secuestro y la desaparición de su hermano el 6 de junio de 1976, un domingo de madrugada. La testigo cuenta que irrumpió en la casa un grupo de personas armadas, disfrazadas con pelucas y sombreros. Dijeron que entraban “en nombre de la Patria”. Tenían varios autos estacionados, en uno de ellos se llevaron a su hermano. Nunca tuvieron novedades a pesar de las averiguaciones que hicieron ante diferentes instancias. La testigo relató como ese hecho llevó a la destrucción de la familia como entidad y como personas.

Los tres últimos testigos declararon sobre la desaparición de Marcos Antonio Beovic, secuestrado en su domicilio el 3 de diciembre de 1976 a la madrugada. Su madre, Ángela Marina Cadus, su hermano Miguel Ángel y su padre Alejandro declararon sobre el secuestro y los trámites realizados luego para conocer el paradero de Marcos.

Las audiencias siguen mañana a las 10hs.

Para terminar con la impotencia

La audiencia de hoy comenzó con el testimonio de Esther Haydee Defelippes, cuya hermana Mirta Susana Defelippes desapareció en 1976, a los 22 años. Mirta había sido secuestrada por primera vez el 18 de julio de 1976 y liberada en septiembre. Días despues, el 9 de septiembre de 1976, la testigo contó que irrumpieron en su domicilio hombres armados, algunos de civil, otros con uniforme de la policía y de fajina y se llevaron a Mirta Susana. Su madre realizó todas las averiguaciones posibles, pero no supo más del destino de su hija.
Graciela Gómez declaró sobre la desaparición de su hermano, secuestrado en su domicilio el 7 de diciembre 1976. Teodoro Gómez tenía 21 años y trabajaba en una cerrajería cuando irrumpieron en su casa personas que se identificaron como de la policía, se lo llevaron y no volvió a aparecer más. Su hermana inició trámites para averiguar su destino, envió cartas a las tres fuerzas armadas y presentó habeas corpus. La testigo evocó la desaparición de su hermano con mucho dolor, frente a tanta impotencia, cuando “todo el mundo se negaba a hablar”.
Los dos testigos que siguieron relataron la desaparición de Miguel Ángel Bustos, periodista y poeta, secuestrado a los 46 años, el 30 de mayo de 1976 y de quien no se tiene ninguna novedad. El hijo de la víctima, Emiliano Bustos, contó que “ingresaron entre 4 y 5 personas sin uniformes, de civil, que se identificaron como de la policía. Tenían credenciales que los acreditaba como tales. A mi madre y a mí nos encerraron en la cocina como 2 horas. Recuerdo golpes, cosas que se caían… Cuando nos dejaron salir, vimos que el departamento estaba revuelto y había cosas tiradas. Mi padre estaba esposado, le dijeron que como hacía frió se fuera a buscar un abrigo. Sacó una frazada de mi cuarto, le permitieron despedirse de nosotros y se lo llevaron. Fue la última vez que ví a mi padre”. El hermano de la víctima, Armando Bustos, declaró sobre el habeas corpus que inició en la época de la desaparición de Miguel Ángel. Hubo alrededor de cien periodistas desaparecidos durante la dictadura.
Ana Mónica Formica declaró sobre la desaparición de su hermano Alejandro Luis Formica, de 18 años, estudiante secundario, secuestrado en el domicilio de su familia el 4 mayo de 1976. La testigo dio muchos detalles sobre el secuestro de su hermano, quien era según los secuestradores “solo un perejil”. Eran seis personas armadas que se identificaron como perteneciendo al ejército argentino. Se llevaron a Alejandro esposado, encapuchado y tirado en un ford falcon.
El último testimonio fue el de Graciela Susana Di Lauro, cuya madre fue secuestrada mientras ella y su esposo estaban detenidos a disposición del poder ejecutivo.

El tribunal entró en un cuarto intermedio hasta el día martes 16 a las 10hs.

“Esto no me pasó a mi sola”

“Esto no me pasó a mi sola”, es la frase clave de la declaración de Dora Rabej, quién habló hoy sobre la desaparición de su hija Susana Beatriz Libedinsky. La testigo declaró que en la madrugada del 18 mayo de 1976 irrumpieron en su domicilio tres personas armadas, quienes se identificaron como policías, dieron nombres falsos y se llevaron a Susana para siempre. Le dijeron a la madre que podía dirigirse a la Superintendencia de Seguridad Federal para cualquier información. Según la testigo recibieron dos o tres llamadas telefónicas de Susana en las que decía que estaba bien. Después vino el silencio, al cual se enfrentaron cuando empezaron a buscar el destino de su hija. Unos días después del secuestro de Susana, secuestraron a su novio Gustavo José Pasik Dubrovsky en un procedimiento similar. Susana participaba en cursos de alfabetizaciones.
Hugo Eduardo Pasik declaró sobre el secuestro de su hermano Gustavo José Pasik, detenido en el domicilio de su familia el 22 de mayo 1976 por un grupo de cuatro personas armadas vestidas de civil que se identificaron como pertenecientes a la Policía Federal. Según relató el testigo, a su padre le dijeron que se presentara al otro día por la mañana en la Superintendencia de Seguridad Federal. Antes de llevarse a Gustavo le preguntaron si era el novio de Susana. Según relató el testigo, Gustavo también hizo tres llamadas telefónicas a su casa antes de desaparecer. En la última llamada avisó que lo iban a trasladar a otro destino, pero como subrayó su hermano en la audiencia: “ignorábamos el alcance de esta expresión”. A partir de ese momento, empezaron los trámites para averiguar el destino de los dos jóvenes, por medio de habeas corpus, notas al Ministerio del Interior, al Primer Cuerpo del Ejército y a autoridades eclesiásticas. El padre de Gustavo, Boris Pasik fue uno de los fundadores del CELS.
Los siguientes testigos declararon sobre la desaparición del abogado Roberto Juan Carmelo Sinigaglia. Pedro Pablo Lima, encargado del edificio donde la victima tenía su oficina, relató que el día del secuestro escuchó gritos que provenían de la entrada y que cuando bajó, vio salir un auto con una persona detenida en su interior. Otros vecinos le comentaron que el hombre que había sido detenido era el Dr. Sinigaglia. La noche anterior al secuestro, Pedro Lima había sido molestado por tres personas que querían entrar a la oficina del abogado, y que terminaron destruyendo la puerta porque no encontraban las llaves.
El último testimonio fue el de Rodolfo Mattarollo, quien se enteró de la desaparición de Roberto Sinigaglia mientras estaba exiliado en Francia. El testigo conocía a la victima por haber trabajado con él en la defensa de los presos políticos. En su declaración, Rodolfo Mattarollo evocó su rol en la lucha contra el terrorismo de estado desde Europa, en particular ante las Naciones Unidas en Ginebra y en París, con el apoyo importante de la clase política de la época.

Más testimonios, más razones para seguir los juicios

Los primeros testigos de la audiencia de hoy declararon sobre el caso de la desaparición del dirigente gremial Benito Vicente Romano Súarez. Francisco Romano e Irma del Tránsito Romano, hermanos de la victima, contaron que en la noche del 23 de marzo de 1976 irrumpieron personas armadas vestidas de civil a su casa en Tucumán. Buscaban a Benito, quien estaba en Capital en ese momento. Se llevaron detenido a Francisco y lo liberaron poco tiempo después. Benito fue secuestrado el 14 de abril de 1976 en el hotel “Splendid” donde se alojaba cuando se encontraba de viaje en Buenos Aires. Su familia realizó averiguaciones sin obtener ningún resultado. Hablaron con el dueño del hotel, quien presenció el secuestro y les contó que su hermano había sido secuestrado por varias personas, entre ellas uniformados de la policía y otras de civil, y que Benito no presentó ninguna resistencia. Francisco e Irma tienen otro hermano que también se encuentra desaparecido, Domingo Nicolás Romano secuestrado en 1978 en Tucumán.

El tercer testigo, Pedro Abel Calo, presenció el secuestro del abogado Héctor Natalio Sobel desde su oficina de la calle Libertad en Capital Federal. Según su relato, Héctor Sobel fue forzado a entrar en un coche, en la calle, a la salida de su oficina.

El anteúltimo testigo, Roberto Luis Sobel, hermano de la víctima, describió las actividades de Héctor como abogado laboralista quien se dedicaba – en palabras del testigo – a “la protección de los obreros”. Según los relatos de Roberto, la víctima fue secuestrada el 20 de abril de 1976 a la salida de su estudio jurídico en Capital Federal, por un grupo de personas armadas vestidas de civil. Según el testigo, su padre tuvo la oportunidad de entrevistarse con el general Bignone por la desaparición de su hijo. En la entrevista, el general contestó: “Bueno Eduardo, lo lamento mucho, yo sé que tu hijo es peronista, y si pregunto por él soy boleta”. Héctor Natalio Sobel continúa desaparecido.

Las audiencias de la semana terminaron con la declaración de Guido Prividera, hijo de Marta Sierra Ferrero, desaparecida desde el 30 marzo de 1976. Guido relató que el secuestro de su madre fue efectuado por entre seis a ocho personas armadas vestidas de civil. Como su hermano, contó el trabajo de su madre dentro del INTA y las averiguaciones hechas para conocer su destino. Hasta el día de hoy, Marta permanece desaparecida.

El tribunal entró en un cuarto intermedio hasta el día del miércoles 12 de marzo a las 11:30 horas.

Primeras audiencias de la semana

La audiencia de hoy comenzó con el testimonio de Manuel Ignacio Pereyra, quien era encargado de un edificio en la Capital Federal. Pereyra contó que la última vez que vio a Carlos Hugo Capitman fue en 1976 cuando éste ingresó junto a varios hombres del ejército y de la policía federal a la oficina de propiedad de sus padres.

El segundo testigo fue Nicolás Prividera, hijo de Marta Sierra Ferrero, secuestrada el 30 de marzo 1976 y que aún hoy continúa desaparecida. Al momento de los hechos el testigo tenía seis años, y según relató, el operativo en el cual fue secuestrada su madre fue conducido unos días después del golpe de estado por civiles armados que se identificaron como pertenecientes a la Policía Federal. Nicolás contó que su madre trabajaba en el INTA, en la sede de Castelar, y que el día de su secuestro, en el INTA también hubo un operativo bajo las órdenes del ejército en el cual se secuestró a un grupo numeroso de trabajadores. Además mencionó que se encontraba circulando dentro de la institución una lista de personas “revoltosas”, entre las cuales se encontraba el nombre de su madre. El testigo resaltó que Marta Sierra Ferrero era conocida por sus actividades sindicales y su papel social en el INTA. Al finalizar su declaración Nicolás Prividera aportó al tribunal una copia del documental “M” realizado bajo su dirección y en el que se investiga el secuestro y desaparición de Marta Sierra Ferrero. En el día de mañana se espera que declaren el marido de Marta y su hijo menor.

Los siguientes tres testigos de la mañana relataron la desaparición de Benito Vicente Romano Súarez, quien era Director (en representación obrera) de la Compañía Nacional Azucarera al momento de su detención. Según el relato de los testigos, Benito Vicente fue secuestrado en el «Hotel Spendid» el 14 de abril de 1976 por personas armadas que se identificaron como pertenecientes a la Policía Federal. Desde entonces permanece desaparecido. Antonio Dolores Romano contó al tribunal que tomo conocimiento del secuestro de su hermano por un aviso en el diario Clarín. Por su parte, Rosa Mercedes Aguirre de Romano, cuñada de Benito Vicente Romano detalló las averiguaciones que se llevaron adelante para localizar su paradero, todas con resultado negativo. La sobrina de la víctima, Ramona Dolores Romano, apoyó la declaración de su madre y evocó la carrera de la víctima.

Mañana se reanudan las audiencias a las 10:30hs.