Testimonio de un militar retirado sobre la cadena de mando: “nunca hubo tanto control como en esa época”

El testimonio del militar retirado José Luís García movilizó a todos los que estaban presentes en la audiencia de hoy. Durante la dictadura, el militar retirado daba clases en la Escuela Superior de Guerra y en la Escuela de Defensa Nacional. En su testimonio, de más de dos horas, explicó ante el tribunal la división territorial del país y en particular de Capital Federal- realizada por el Ejército. Según la directiva 404/75 del Consejo de defensa, “la “MISION DEL EJERCITO” se materializaría mediante la división territorial del país en “zonas”, “subzonas” y “áreas”” –para más información sobre la división en zonas del país, ver http://www.nuncamas.org/zonas/zonas.htm. Por primera vez desde la reapertura de los juicios, se juzga a los miembros del Ejército según su responsabilidad de acuerdo a la estructura jerárquica propia de la división territorial que éste dispuso en el territorio argentino durante el terrorismo de estado. Los imputados de hoy eran jefes de áreas de la subzona Capital Federal. En su declaración, José Luís García explicó cómo el ejército usaba el aparato militar para implementar la lucha contra la subversión y aplicar la doctrina de seguridad nacional basándose en las clases de las Escuelas de las Américas y las técnicas francesas de lucha contra la subversión en Argelia. “La doctrina de la escuela de las Américas fue aplicada por el Comandante en jefe del ejército. Esa doctrina no figura en las directivas; todo lo que hicieron fue al margen de las leyes. No se trata de excesos en la aplicación sino de delitos en la ejecución”, explicó el militar retirado.
“Se les fue de la mano” dijo García hablando del terrorismo de estado. Pero eso no significa que los crímenes, los centros clandestinos de detención, la desaparición de personas sean el resultado de una falta de control sobre los grupos represivos. Todo lo contrario. García explicó: “Nunca hubo tanto control como en esa época. El ejército nunca dejó de ser una estructura orgánica que cumplía con las órdenes recibidas para luchar contra la subversión”. En cuanto a la responsabilidad de los comandantes de subzonas, y de áreas, añadió: “no se puede saltar un escalón, eso no puede ocurrir, si no serían solo un grupo de locos armados haciendo cualquier cosa. El ejercito argentino nunca dejó de ser un ejército manejado por sus superiores, aun en este período desgraciado.”
Según García, el principio de responsabilidad de comando militar y la responsabilidad del superior, seguían vigentes durante el terrorismo de Estado. “En toda esta estructura [militar], no hay nadie inocente” insistió. El superior es responsable de las acciones e inacciones de las tropas que presta a otro superior para actuar en otra jurisdicción.
El testimonio de José Luís García fue objeto de muchos ataques por parte de la defensa de los jefes de áreas imputados en esta causa sobre los crímenes cometidos en capital: “¿Cómo y cuándo se enteró de la división militar del país? ¿Qué hacía el testigo en esa época? ¿Cuántas personas estaban a cargo de un comandante de subzona o de área? ¿Cuál era la prioridad militar del país en 1978?”.
El testigo de más de 80 años contestó siempre con calma, rigor y coherencia. El Coronel José Luís García, es Secretario General del Centro de Militares para la Democracia Argentina (CEMIDA), creado en 1984. Para él “la dictadura siempre fue ilegítima. Nosotros [los creadores del CEMIDA] estábamos hartos de dictaduras”.

Otro testimonio impactante fue el de Patricia Bernardi del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Declaró sobre dos investigaciones en las cuales participó: la investigación del canal San Fernando y la del sector 134 del cementerio de Avellaneda. En 1976, se encontraron 8 tambores de metal flotando en el canal San Fernando. Una vez sacados del agua, se dieron cuenta que cada uno contenía un cadáver. Los investigadores de la época identificaron a dos mujeres y seis hombres, sacaron huellas dactilares de los cadáveres, en la medida de lo posible, dado el estado de descomposición de los cuerpos. Los cadáveres no fueron identificados y fueron enterrados en dos fosas comunes como N.N. Unos años más tarde, el EAAF los identificó. Uno de ellos correspondía a Ana María Carmen Pérez, embarazada, cuya causa de la muerte fue los tiros que recibió en la zona pélvica, identificaron también a Marcelo Gelman, los mellizos Carlos y Ricardo Gaya, y Zelarrayan Dardo. Todos ellos habían sido detenidos en el centro clandestino de detención Orletti. Cuatros cadáveres siguen sin nombres.
La otra investigación donde participó Patricia Bernardi fue la del sector 134 del cementerio de Avellaneda: “la primera vez que nos enfrentamos a tantas fosas comunes” dijo la testigo. El sector 134 del cementerio de Avellaneda queda al fondo del terreno. En 1976, “la policía abrió un acceso directo a ese sector para no tener que cruzar todo el cementerio y tener libre acceso”. Ahí, el EAAF identificó a la pareja Alicia Isabel Marchini de Nicotera y a Ricardo Alfredo Nicotera. Faltan muchas identificaciones, teniendo en cuenta que hay fosas comunes que contienen hasta 42 cuerpos.

Por último, declaró el matrimonio Poggi, sobre su detención en “Coordinación Federal”. Graciela Lara y Mario Poggi fueron testigos del cautiverio de “Daniel Hopen, Moni Carreira, el hermano de Quietoy Norma Bustos”, entre otros.

El tribunal entró en un cuarto intermedio hasta el martes 5 de mayo a las 10hs.

Uruguayos detenidos y asesinados en centros clandestinos de detención argentinos

La mitad de los testigos de hoy son uruguayos, sobrevivientes del centro clandestino de detención “Automotores Orletti”. Hace treinta años que María del Carmen Martínez Addiego viene declarando sobre su secuestro y su detención en Orletti, junto a su compañero José Hugo Méndez Donadio. Hoy declaraba por la desaparición de Francisco Edgardo Candía Correa, uruguayo detenido en Orletti. Los cadáveres de Francisco y Hugo fueron encontrado en una calle cerca del lugar donde los mantenían en cautiverio. Según el relato de la testigo, ahí “los torturaban por torturar, ni siquiera había más interrogatorio”.
“A la mañana siguiente del traslado de Francisco y Hugo, cuando viene uno de los veteranos, le pedí que me cambie la venda de los ojos; Estaba muy mojada porque lloré toda la noche; El veterano me habló en el oído y me dijo: olvídate”, relató María. Ella fue liberada y pidió asilo a Suecia con la ayuda de ACNUR.
Otro sobreviviente de Orletti, Jorge Raúl Cardozo, confirmó la presencia de Francisco Edgardo Candía Correa en el centro de detención. También relató su traslado a Uruguay, después de Orletti, la colaboración entre las fuerzas armadas uruguayas e argentinas, los interrogatorios y torturas en Orletti.
A continuación declaró Sergio Candía, hijo de Francisco Edgardo sobre la desaparición de su padre en Argentina. Tenía 12 años al momento de los hechos y supo recién mucho más tarde la verdad sobre lo que había sucedido con su padre.
Por último, declaró Eduardo Alberto Traid sobre la existencia de “conscriptos desertores” en 1976. Sin embargo, el militar retirado no podía recordar la eventualidad de tales hechos en la división de armamento del edificio Libertad.

Las audiencias siguen mañana a las 10hs en Comodoro Py 2002.

La desesperación de no saber nada

La audiencia de hoy demostró lo difícil que es reconstruir la historia, la de uno mismo y la de los padres, más aún cuando están desaparecidos.

Hoy declararon los hijos de Julio Washington Cabrera y de su hermana Gladys Cabrera. Relataron el secuestro y desaparición de sus padres, y de Alicia Chaer, pareja de Julio. Alicia Beatriz Franco, hija de Gladys, tuvo un rol escencial en la reconstrucción de esta historia, transmitiendo la información a sus primos, cuando se enteraron de la desaparición de sus padres muchos años después.

También declaró Eduardo Bustos sobre el secuestro de su hermano Miguel Ángel Bustos Jockey, en mayo 1976.

Las audiencias siguen mañana a las 10hs.

“No tiene ningún grado de explicación”

“No tiene ningún grado de explicación” fueron las últimas palabras de la declaración del periodista Roberto García, en relación al asesinato de Zelmar Michelini. En mayo de 1976, Roberto García trabajaba en el diario “La Opinión” y era amigo del senador uruguayo exiliado en Argentina. Contó que “Zelmar era un senor grande, un abuelo, un hombre que tenia convicción”. En cuanto el senador se sintió en peligro, le dió una carta a García para que la difundidera si le pasaba algo. Cuando se enteró del asesinato de Zelmar, Roberto publicó la carta en el diario. Luego, contó las persecuciones de las cuales fue víctima.

Declaró además una sobreviviente de “la sucursal del Atlético”, también llamado Garaje Azopardo. Elba Juana Martens de Granovsky fue detenida durante un mes en ese centro clandestino de detención, junto con su marido. Dio el nombre de los detenidos que compartieron su cautiverio. Elba había saltado de su balcón cuando entró a su casa un grupo de fuerzas conjuntas. Llegó al centro de detención muy herida.

El tribunal entró en un cuarto intermedio hasta la próxima audiencia el martes 28 de Abril de 2009 a las 10hs.

Era el plan Cóndor

La audiencia de hoy fue, hasta ahora, una de las mas fuertes de este juicio. La frase “plan Cóndor” – es decir la cooperación entre los servicios de represión de varios países de América del Sur durante las dictaduras- no fue pronunciada nunca pero de su implementación fueron víctimas Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo Schroeder, William Withelaw y sus familiares. Hoy declararon la hija de Rosario Barredo Schroeder y su tío Gustavo, una hija de Zelmar Michelini, el hijo de Juan Raúl Ferreira otro político uruguayo perseguido durante la dictadura, el policía que descubrió los cadáveres de las víctimas uruguayas, y un concerje del hotel de donde fue secuestrado Zelmar Michelini. El público estaba compuesto casi exclusivamente por uruguayos.

La audiencia comenzó con el testimonio de Gabriela María Lucía Schroeder Barredo, quien tenía cuatro años al momento del secuestro de su madre Rosario y su compañero William. Ambos fueron secuestrados el 13 de mayo junto con sus hijos Gabriela de 4 años, su hermano de unos meses y su otra hermana de un poco más de un año. Se llevaron hasta el perro de la familia. Gabriela recordó que antes del secuestro “teníamos una vida de barrio maravillosa, compartíamos mucho con todos los vecinos; volví a ir allá a los 15 años y pude corroborar mis recuerdos; nosotros éramos una familia feliz con una hermosa vida de barrio”.

Luego del secuestro, los recuerdos de Gabriela fueron otros. Se acuerda haberse despedido del compañero de su madre, William Withelaw, en lo baños de un centro clandestino de detención donde fueron llevados. Luego del asesinato de la pareja Withelaw-Barredo Schroeder, los tres niños fueron llevados a lugares desconocidos hasta que aparecieron en un hospital de Buenos Aires y fueron entregados a su abuelo y tío quiénes vivían en Buenos Aires y los estaban buscando. Los chicos aparecieron después del homicidio de sus padres y el descubrimiento de los cadáveres en un auto, junto con los de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. Según el testimonio del tío de Gabriela, Gustavo, la reaparición de los tres hijos de la pareja fue gracias a la campaña masiva de prensa que se hizo al respecto. Siendo periodista, Gustavo tenía acceso a los medios de comunicación y logró difundir a toda la población los avisos de búsqueda de los chicos, con sus fotos. Los chicos fueron entonces confiados a varios familiares. Gabriela concluyó su testimonio diciendo “para mi es muy duro estar acá, contar a personas que no conozco esto, espero que sirva para hacer justicia por mamá y Willi, por Juan Pablo Schroeder”.
A continuación declaró Cecilia Michelini sobre el secuestro de su padre, las amenazas que recibía cuando estaba exiliado en Argentina, y también sobre sus vínculos con los padres de Gabriela, quienes eran disidentes Tupamaros que luchaban por el retorno de la democracia en Uruguay.

También declaró Juan Raúl Ferreira sobre su rol en la búsqueda de los políticos uruguayos, y su difícil salida de Argentina, siendo él y su padre, Wilson Ferreira, perseguidos por la dictadura argentina. El testigo insistió mucho sobre la dificultad de denunciar los actos criminales de los cuales fueron víctimas el senador Michelini y su compatriota Gutiérrez Ruiz. Según sus dichos, “la lucha para rescatarlos con vida duró más tiempo que la vida de nuestros amigos”.

Los últimos testigos sobre este caso fueron un policía retirado y el concierje del hotel liberty donde secuestraron a Zelmar Michelini.

Por último, declaró Raúl Nicotera sobre la desaparición de su hermano Ricardo Alfredo Nicotera y su cuñada Alicia Isabel Marchini.

Las audiencias siguen mañana a las 10hs.

Coordinación represiva

Esta semana se retomó el caso Michelini, sacando a la luz la colaboración entre las dictaduras de Uruguay y Argentina. El senador Michelini, fue secuestrado el 18 de mayo de 1976 y encontrado muerto 48 horas después. Su yerno Raúl Antuna declaró sobre su secuestro y detención, junto a Elisa Michelini, hija de la víctima, en el centro clandestino de detención “Orletti”. Recordó la presencia de agentes uruguayos en “Orletti”, como en el momento de su secuestro y en el de Zelmar Michelini según el empleado del hotel “Liberty”. Luego de su detención en Orletti, Raúl y Elisa fueron trasladados a Uruguay donde fueron expuestos a un tribunal militar. A lo largo de su declaración, el testigo evocó los malos tratos que padecieron, la colaboración entre los agentes uruguayos en Argentina y los agentes argentinos en Uruguay, el traslado de armas de Uruguay a argentina. La relación con el senador Zelmar Michelini fue evocada varias veces durante su cautiverio. Por último, Raúl evocó el vinculo entre la muerte de Zelmar Michelini en mayo de 1976 y la anulación de las elecciones nacionales en Uruguay, el 12 de junio de 1976: “tanto Zelmar como Gutiérrez Ruiz, estaban muy impresionados ante una posible salida democrática para Uruguay”, dijo el testigo.

Además, el tribunal citadó a declarar a un inspector retirado de la policía federal para que declare sobre la investigación del secuestro de Michelini y Gutiérrez Ruiz. El oficial no recordaba precisamente los hechos, “después de 33 años”, pero reconoció su firma en el acta de la época.

Por ultimo, declaró la directora del ILVEM en la época de la desaparición de Eduardo Serrano y Víctor Jacobo Noé. La testigo llegó acompañada por la fuerza pública, por no haber contestado a las notificaciones anteriores del tribunal. Diana Rita de Moron, declaró que su rol se había limitado a buscar otros profesores para reemplazar a los tres docentes desaparecidos.

Las audiencias siguen mañana a las 10hs.

Para poder denunciar el terrorismo de estado

Los testigos de la audiencia de hoy tienen en común haberse enfrentado a la complicidad que había entre el poder legislativo y policial con la dictadura cuando denunciaron los crímenes cometidos contra sus familiares y amigos.

La primer testigo, Diana Marta Andrada, fue secuestrada en agosto de 1976 y detenida ilegalmente en el tercer piso de la Superintendencia de Seguridad Federal. Allí pudo ver y escuchar a otros detenidos cuyos nombres dio a la CONADEP y recordó en la audiencia de hoy. La testigo, que fue liberada unos días después, también declaró por el caso de Roberto Arnaldo, con quien estuvo detenida. A la pregunta del juez de si sabía si Roberto también había sido torturado, la testigo contestó “si fui torturada yo, supongo que fue torturado él también, supongo que es un método que se usaba para todos”.

Los siguientes testigos, Mónica y Daniel Eduardo Fernández, declararon sobre su propia detención en abril 1976 y 1977 respectivamente. Ambos tenían 18 años en ese momento. Mónica dijo sobre su detención: “era una situación bastante asqueroza, no solamente por lo que hacían con cada uno de nosotros sino también por como eran”.

El escribano Cesar Cerriani Cernadas declaró de manera muy contundente sobre su rol en aquel contexto donde ninguna autoridad policial se hacía cargo ni aceptaba las denuncias por los secuestros de los uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz. Cernadas asumió el riesgo de denunciar los crímenes y la impunidad que los rodeaban usando su poder como escribano. De este modo escribió negro sobre blanco y determinó quienes eran las víctimas, los testigos del secuestro y los responsables. La policía se había excusado de tomarle la denuncia a la esposa del diputado uruguayo porque ella no tenía los papeles de identidad de su marido, robados durante el operativo de secuestro. En el caso Michelini, la Comisaria 1º se negó a tomar la denuncia del concerje del hotel Liberty, Mario Orlando Procacci, quien había presenciiado el secuestro del senador. Procacci tuvo la oprtunidad de declarar en la audiencia de hoy.

El tribunal entró en un cuarto intermedio hasta el martes 21 de abril de 2009 a las 10hs.

Las dictaduras cómplices

La audiencia de hoy comenzó con el testimonio de Zelmar Eduardo Michelini Delle Piane, quien declaró sobre la muerte de su padre, el senador uruguayo del mismo nombre y refugiado en Argentina al comienzo de la dictadura en su país. Según recordó su hijo, Zelmar tenía un compromiso político con la democracia, el respeto de las libertades individuales y la prohibición de la tortura. En Uruguay fue uno de los fundadores del partido “Frente Amplio” y denunciaba las torturas sistemáticas del gobierno de Bordaberry. Michelini tuvo diez hijos que se convirtieron en blanco de las autoridades uruguayas para detener su compromiso político. Por ejemplo, su hija Elisa fue detenida durante 14 años por las autoridades judiciales quienes advirtieron a su padre que la iban a torturar si seguía denunciando la represión uruguaya en el exterior. Sin embargo, el senador no dejó de denunciar las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura y tuvo que enfrentarse a la complicidad de las autoridades argentinas con la represión uruguaya, antes y después del golpe de 1976. Su hijo contó que un día lo encontró llorando en el hotel donde vivía en Buenos Aires, y le dijo “empezaron a torturar a Elisa”. Según Zelmar, “él siempre les aconsejaba -a los uruguayos refugiados en Argentina-  salir del país, pero él se quedaba aca; yo creo que era consciente de la situación y quizas supuso que no lo iban a asesinar; él se quedó acá por un deber moral:cuando lo amenazaron con torturar a su hija, ya no podía volver o irse porque no podía salvarse así”.

El senador uruguayo fue secuestrado el día 18 de mayo de 1976 por personal dependiente del Ejército Argentino en el “Hotel Liberty” de Capital Federal, le vendaron los ojos y lo retiraron del hotel. Su cadáver fue encontrado el 21 de mayo 1976, junto con el del diputado uruguayo Héctor Gutiérrez Ruiz y dos miembros de la guerrilla armada “Tupamaros”: William Whitelaw y Rosario del Carmen Barredo de Schoeder. Las autoridades quisieron disfrazar los homicidios como un enfrentamiento entre guerrilleros. El día de su muerte, Zelmar iba a ser notificado del rechazo de su solicitud de residencia en Argentina. El caso Michelini demuestra el alto nivel de complicidad entre las autoridades represivas de ambos paises. En los próximos días seguirán declarando los demás familiares de las víctimas uruguayas.

Además del testimonio contundente de Zelmar, declaró de manera muy precisa Eduardo Elipidio Lardies, sobreviviente del centro de detención clandestino llamado “Garaje Azopardo” y de la Superintendencia de Seguridad Federal donde fue mantenido incomunicado hasta que pasó a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y enviado al penal de Devoto y luego a la Unidad 9 de La Plata. El testigo declaró sobre las torturas que padeció estando secuestrado, la gente detenida con él, la que sobrevivió y la que desapareció.

Por ultimo declararon los dos hermanos de Eduardo Guerci, quienes presenciaron su secuestro el 20 de julio de 1976. Eduardo estaba haciendo el servicio militar y días después fue declarado desertor. Su novia, Patricia Faraoni, fue secuestrada el mismo día. Ambos permanecen desaparecidos.

Las audiencias siguen mañana a las 10hs.

Nunca más nada

Lamentablemente, la otra cara del “Nunca Más”, es el “nunca mas nada”, repetido a lo largo de estas audiencias por los familiares de las víctimas de la última dictadura militar, cuando se les pregunta qué supieron del destino de sus seres queridos después del secuestro. La audiencia de hoy confirmó la regla. También se constató el impacto que tuvo el terrorismo de estado sobre la vida de las familias argentinas. Los seis testigos de hoy declararon sobre las desapariciones de Esteban Ojea Quintana y de Pedro Hugo Labbate.

El hermano de Rodolfo Quintana, Esteban, fue secuestrado el 3 de abril de 1976 junto con Alicia Mallea y su novio Roberto Vera Barros. En el momento del secuestro estaban presentes Dolores, Eduardo y Marcela Mallea de 14, 13 y 15 años respectivamente. Según contaron Dolores y Eduardo, ellos se encontraban a cargo de su hermana mayor Alicia, desde la muerte de su padre en 1971. Su madre había fallecido en 1964. Los hermanos habían encontrado un equilibrio familiar, junto con la presencia de Esteban, que contaba como “un hermano postizo”. Cuando desaparecieron Esteban, Alicia y Roberto los hermanos debieron recurrir a un juez de menores y se encontraron a cargo de gente “no siempre bien intencionada”. Vale resaltar que la familia Mallea vivía en el mismo edificio que el entonces jefe de la armada, el almirante Lambruschini. Según el relato de los testigos, los que secuestraron a Alicia, Roberto y Esteban bajaron a otro departamento del edificio varias veces, tal vez para consultar con el almirante Lambruschini si se estaban llevando a la gente indicada o no. Además, unos años después, cuando explotó una bomba en el edificio del almirante, los hermanos Mallea perdieron su departamento. Es decir que la dictadura terminó de destruir a la familia y los recuerdos que tenían de sus seres queridos. No se supo nunca mas nada del destino de los secuestrados, salvo que Esteban pasó por Coordinación Federal.

Por último, declararon los hermanos de Pedro Labbate sobre su secuestro y desaparición. Declaró también su esposa Alba Cristina Masseroni quien fue secuestrada junto con Pedro el 13 de julio de 1976. Alba relató su secuestro, las torturas que padeció en los distintos centros de detención donde fue alojada con su marido, su liberación y la desaparición de Pedro. Hace hace seis años el EAAF encontró un cadáver N.N. que correspondía a Pedro, contó Juan Carlos Labbate.

Las audiencias siguen mañana a las 10h30.