“Si zafás de ésta, que no se la lleven de arriba”

Víctor Basterra fue secuestrado el 10 de agosto de 1979 y permaneció en calidad de detenido desaparecido en la ESMA hasta el 3 de diciembre de 1983, pero continuó vigilado por sus secuestradores hasta agosto de 1984.

Con él, fueron secuestradas su hija de dos meses y su mujer. Ambas fueron liberadas antes que él.

“El gordo (Néstor Enrique) Ardeti, un compañero del alma, me dijo: ‘Negro, si zafás de ésta, que no se la lleven de arriba’”, relató Basterra en la audiencia de hoy y agregó:”Cuando tuve la oportunidad, no se la llevaron de arriba”. Ardeti continúa desaparecido y su caso está investigado en este juicio.

Durante su declaración, Basterra exhibió fotografías de compañeros desaparecidos tomadas por efectivos de la Marina que constituyen pruebas del cautiverio y del maltrato que sufrían los secuestrados. Además, mostró fotos de los represores que le obligaban a tomar para la confección de documentos falsos que eran utilizados en los operativos.

El testigo tomó el riesgo de extraer muchas de estas fotografías y negativos fotográficos del centro clandestino y evitó que corrieran la misma suerte que el resto de la documentación destruída por la COPECE en 1983.

Las audiencias coontinuarán el jueves con la declaración indagatoria de Antonio Pernías y el testimonio de Alfredo Margari a las 9.30 en Comodoro Py 2002.

“Éramos piedras en el fondo del agua y parecía que arriba todo era normal”

Graciela Daleo fue secuestrada en la ESMA en agosto de 1977. Durante el tiempo que duró su cautiverio, fue obligada a trabajar para la Armada en el sótano del casino de oficiales de la ESMA y en la pecera. Daleo relató en la audiencia de hoy el infierno del cautiverio, la imposibilidad de fugarse, el miedo a los traslados y lo que significaba ser un desaparecido. La testigo y otros detenidos eran sacados a cernar, a bailar, a festejar la victoria la selección en el Mundial de Fútbol Argentina 1978. Durante estas salidas, permanecían presos, seguían desaparecidos. Luego los regresaban a la ESMA y eran nuevamente encapuchados y engrillados.

“Nosotros ‘conmoríamos’ todo el tiempo, igual que peces en una pecera”, afirmó Daleo y agregó: “Por la calle, parecíamos personas comunes y corrientes. Sin embargo, no lo éramos; no estabamos siendo de este mundo. Esto era estar desaparecido: como cuando uno tira una piedra al agua y la piedra cae hasta el fondo, pero en la superficie no se ve nada; éramos piedras en el fondo y parecía que arriba todo era normal”.

No todos los que fueron obligados a trabajar como mano de obra esclava para los marinos fueron liberados. La testigo pudo dar muchos ejemplos de personas que continúan desaparecidas.

También declararon los padres de Fernando Brodsky. La madre de Fernando mostró dos fotos: una de Fernando antes de ser secuestrado y otra de Fernando sacada por Víctor Basterra en la ESMA. Los padres de Fernando explicaron cómo se enteraron de la desaparición de su hijo, en agosto de 1979. Fernando era maestro y estudiante de psiquilogía. Mientras estaba detenido, le permitieron llamar varias veces por téléfono a casa de sus padres. A fines de enero de 1980, les dijo que no iba a poder llamar más por un tiempo. Desde entonces no tuvieron novedades de su hijo.

Mañana a las 9.30 declarará Víctor Basterra en Comodoro Py 2002.

Cuando se cruzan las ímagenes y los relatos de sobrevivientes de la ESMA

Ya son varios los relatos de sobrevivientes de la ESMA desde el principio del juicio. Sin embargo, la audiencia de hoy, con la reconstrucción en 3D del centro clandestino de detención y el relato de Carlos Muñoz no dejó a nadie indiferente.

Al principio, Ana María Careaga declaró sobre su cautiverio en el centro clandestino Club Atlético mientras su madre Ester Ballestrino de Careaga empezaba la búsqueda de su hija junto con las madres de Plaza de Mayo y familiares de desaparecidos. A los tres meses de la liberación de su hija, Ester -que sigue militando en la búsqueda de las personas desaparecidas- fue secuestrada en la Iglesia de la Santa Cruz y víctima de un vuelo de la muerte donde fueron llevados los otros secuestrados del grupo. Su cuerpo se identificaría en 2005, luego de haber sido enterado como N.N en el Cemeterio de General Lavalle. Para completar su declaración, Ana María presentó una simulación en 3D del centro clandestino de la ESMA en 1977.

A continuación, el testigo y sobreviviente Carlos Muñoz declaró sobre su cautiverio en la ESMA. Su testimonio fue muy contundente y permitió poner de relieve lo que significaba realmente ser detenido en cautiverio en la ESMA, y luego ser utilizado para un trabajo esclavo a pedido de los captores. Es así que Muñoz contó como luego de varios meses de detención ilegal y luego de haber sido torturado y amenazado constantemente, fue llevado al cumpleaños de su madre, a su casa, acompañado por Febres y dos integrantes más del grupo de tareas de la ESMA. Contó también que en la misma sala donde había sido torturado al llegar a la ESMA, Febres había organizado una cena para él y su mujeres, secuestrados juntos. “pensaba que era mi última cena”, declaró el testigo. No se imaginaba que los iban a dejar salir vivos. “Respondíamos a todos, todos podían golpearnos, matarnos” dijo varias veces a lo largo de su declaración.

Muñoz explicó que era encargado de falsicar documentos para todos los integrantes de la ESMA. Fue liberado en 1980 pero siguió vigilado mucho tiempo mas.

Mañana declaran los padres de Fernando Brodsky, Graciela Daleo y el imputado Pernías quién pidió ampliar su indagatoria. La audiencia empezará a las 9h30, en Comodoro Py 2002.

34º Audiencia – “No puedo creer que el ser humano sea capaz de tanta maldad, tanta crueldad y tanto odio”

Julio Fernando Rearte fue secuestrado de un bar el 1º de junio de 1978 y trasladado al CCDT Banco. Declaró hoy que cuando llegó al campo fue sometido a una sesión de tortura con descargas eléctricas suministradas por “Colores”, el “Turco Julián” y otros represores. También afirmó que compartió cautiverio con compañeros de militancia de la agrupación Resistencia Libertaria, entre ellos los hermanos Tello. Según Rearte, Pablo Tello fue particularmente torturado. Julio fue liberado luego de aproximadamente 25 días de su secuestro.

Luego, declaró Juan José Estévez, que relató que el 4 de junio por la mañana, al bajar de su departamento para ir a la escuela, una patota lo interceptó en la entrada del edificio e ingresó al domicilio, llevándose secuestrados a su hermana Claudia y a su marido, Rufino Almeida. Claudia y Rufino estuvieron desaparecidos en el CCDT Banco y fueron liberados hacia fines de julio. Rufino militaba en la organización Resistencia Libertaria.

A continuación, Elena Mirta Cario de Mazuelo relató que fue secuestrada junto a su marido Carlos Gustavo Mazuelo el 1º de julio de 1978 y ambos fueron trasladados al CCDT Banco.

Elena afirmó que a dos días de estar detenidos, fue torturada junto a su pareja, uno encima del otro, con picana eléctrica. Contó también que luego permanecieron cautivos en la misma celda. Ella fue liberada a los 15 días y no volvió a ver a su esposo. Pasados los años, encontró sobrevivientes que le contaron que Carlos fue trasladado al Olimpo y que el 6 de diciembre de 1978 sufrió lo que sería su traslado definitivo a bordo de uno de los vuelos de la muerte.

Hacia el final de la audiencia, declaró Graciela Fachal por el secuestro y desaparición de su esposo, Oscar Elicabe Urriol. Graciela contó que en la madrugada del 6 de junio de 1978, un grupo de hombres ingresó a su domicilio en busca de su esposo. Ella estaba embarazada de cinco meses y en ese momento estaba acompañada por sus hijos de cinco y dos años. Oscar se encontraba internado en el Policlínico de La Plata debido a una reciente intervención quirúrgica.

Cuando Graciela llegó al Policlínico, su esposo ya había sido secuestrado. Oscar fue liberado luego de permanecer durante más de cuarenta días cautivo en el CCDT Banco. “No puedo creer que el ser humano sea capaz de tanta maldad, tanta crueldad y tanto odio”, afirmó Fachal luego de relatar los tormentos que su esposo sufrió durante su desaparición.

Se dispuso cuarto intermedio hasta el lunes 3 a las 9, oportunidad en que se dará vista a las partes de la ampliación del requerimiento fiscal.

33º audiencia. “La idea de mi papá era que no existieran más villas. Eso, por ahora, no se cumplió”

El lunes 26 de abril declararon familiares de Roberto “Tito” Zaldarriaga, secuestrado el 20 de junio de 1978 y trasladado a los Centros Clandestinos de Detención (CCD) Banco y Olimpo y permanece desaparecido.

Tito tenía tres hijos, dos de los cuales, Verónica y Claudio vivían con su madre Olga Beatríz Ventorini hasta que el 15 de octubre de 1976 fue asesinada en su domicilio durante un operativo. Entonces los niños fueron a vivir con su abuela Olga de Zaldarriaga y posteriormente con su padre y la nueva pareja, Irma “Pequi” Niesich. Aproximadamente quince días antes del secuestro de Tito, Irma fue secuestrada de su casa cuando se encontraba con los niños. Tito estaba en Mendoza por motivos laborales y cuando regresó fue secuestrado del domicilio de su madre, Olga de Zaldarriaga, mientras dormía con sus hijos. Tito militaba en la Juventud Peronista (JP) y Pequi era miembro del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Verónica Zaldarriaga, la hija de Tito que al momento de su secuestro tenía 6 años, relató en su declaración el secuestro de su padre, las visitas posteriores, los recuerdos de la infancia acompañando a su abuela a realizar las denuncias y más adelante la participación en las rondas de las Madres de Plaza de Mayo. También relató el asesinato de su madre y el secuestro de Pequi.

Luego, declaró la madre de Tito, Olga Gasparini de Zaldarriaga. Olga relató el secuestro de su hijo, las visitas posteriores de Tito y Pequi a su casa mientras se encontraban detenidos, y la búsqueda incansable por encontrarlo.

Ana María Zaldarriaga, hermana de Tito, relató en su declaración lo que le había contado su madre sobre el secuestro de su hermano y de su compañera Pequi. También contó que, en una oportunidad en que estaba presente en la casa de su madre, Tito llegó “de visita” y pudo hablar con él sobre cuestiones relativas a su cautiverio.

Por último, declaró Horacio Julio Di Matteo, quien al momento de los hechos era esposo de Ana María, y en varias oportunidades estuvo presente en las visitas domiciliarias y en otra oportunidad concurrió a un encuentro en la cancha de Almirante Brown en el que solo pudieron verlo pero no acercarse a él.

“Querían hacernos cómplices”

En su declaración, la sobreviviente Alicia Tokar describió su secuestro y cautiverio en la ESMA y explicó la perversidad del funcionamiento en ese campo. “La pecera era una ficción terrible”, afirmó Tokar y agregó: “Cuando entraban los oficiales y nos preguntaban algo, intentaban hacernos cómplices y que nosotros nos enteráramos de determinadas cosas”.

Alicia describió también lo difícil que le resultó dejar de sentir la constante vigilancia una vez liberada.

Además de Tokar, en la audiencia de hoy declararon también Nora Elbert y Enrique Fukman.

Nora Elbert declaró sobre la desaparición de su hermano el 8 de diciembre de 1977 en los secuestros de la Iglesia de la Santa Cruz

Enrique Fukman, sobreviviente de ESMA, hizo un extenso relato sobre las condiciones de cautiverio, las violaciones sistematicas a las mujeres en “capucha”, las golpizas de las cuales eran víctimas los detenidos y el trabajo esclavo que hacían adentro del campo y en la isla del Tigre El Silencio, donde fueron trasladados en 1979.

El miércoles 28 de abril a partir de las 9, declarará el imputado Antonio Pernías.

Ser hijo de…

En la audiencia de hoy declaró una testigo sobre la infiltración de Astiz en el grupo de familiares y posterior secuestro del grupo de la Iglesia Santa Cruz.

También declarararon Laura Villaflor y su prima Celeste Hazan sobre el secuestro y desaparición de sus padres. En un relato acompañado de cartas y canciones escritas por los padres de las testigos en cautiverio, ambas describieron la época en que sus padres secuestrados las visitaban acompañados por el imputado Cavallo, antes de desaparecer.

Ese misimo día, Patricia Walsh dio un extenso relato sobre la desaparición de su padre y las investigaciones que hizo en busca de la verdad sobre los hechos.

A partir del viernes 23 y la semana próxima, declararán varios querellantes de la causa que en muchos casos también son sobrevivientes de la ESMA.

32º audiencia: “¿Desaparecidos? ¿Cómo explicarlo? Aunque Videla lo tiene muy claro, ni los psicólogos lo podían entender”

La audiencia de hoy comenzó con la declaración de Carmen Vieyra Abreu de Lareu por el secuestro y desaparición de su hija, Electra Lareu, su yerno, Rafael José Belaústegui, y posteriormente su esposo, Julio Eduardo Lareu.

Electra Lareu y Rafael José Belaústegui fueron secuestrados el 30 de mayo de 1977 del departamento de Carlos Francisco Brazzola, fue secuestrado junto con la pareja y luego liberado del CCDT Atlético. Carmen contó que el 5 de julio de 1977 recibió un llamado telefónico de la comisaría 21 en el que le informaron que tenían que retirar a su nieto, Antonio Belaústegui. Hacía dos meses que habían perdido contacto con su hija Electra y su compañero.

Carmen relató el encuentro con su nieto, que había pasado un mes sin sus padres, sin que se pudiera saber donde había permanecido ese tiempo. También relató las consecuencias que tuvo para Antonio la pérdida de sus padres con sólo un año y medio de edad. Al respecto, dijo: “Cuando llegamos a casa lloraba día y noche; tenía que tenerle la manito en la cuna, no le podía soltar la manito, sino mi esposo se lo ponía arriba del pecho. Nosotros le decíamos de los padres se habían ido de viaje, creíamos que íbamos a volver a ver a nuestros hijos. Recurrimos a médicos, psicólogos, nos decían “desaparecidos, cómo vamos a explicar eso”, aunque Videla lo tiene muy claro ni los psicólogos lo podían entende”.

Por último, Carmen relató el secuestro y desaparición de su marido, que estuvo desaparecido en los CCDT Banco y Olimpo, y posteriormente liberado. Luego declaró el propio Julio Eduardo Lareu, secuestrado de la carpintería donde trabajaba y conducido al CCDT Banco. Julio describió las condiciones de la vida cotidiana en el campo: las torturas, las condiciones de salubridad, el hacinamiento, la incomunicación. Por otro lado, pudo dar cuenta del traspaso de la población del lugar y de los mismos represores de Banco a Olimpo. Lareu fue liberado, pero su hija Electra y su yerno Rafael, secuestrados con anterioridad, permanecen desparecidos.

Más tarde, declaró Juan Carlos Zottarel, compañero de Pablo Daniel Tello en la Facultad de Ingeniería de La Plata y en la agrupación Resistencia Libertaria. Juan Carlos contó que el 5 de julio de 1978 fue secuestrado junto a Hebe Cáseres, Jorge Marín y “Pacha” Ferreira y fueron conducidos al CCDT Banco. Dentro del CCDT, pudo ver a los hermanos Tello y contó que Pablo Daniel era más torturado que el resto con golpes, cadenazos y picana.

Zottarel fue liberado el 1º de diciembre de 1978 y se fue a trabajar a Mar de Ajó y San Bernardo como guardavidas. La primera quincena de diciembre de ese año, mientras estaba recorriendo una playa, encontró restos de cuerpos humanos que eran traídos por la marea y que fueron enterrados como NN en el Cementerio de General Lavalle.

Luego, declaró Jorge Eduardo Homps, uno de los dueños del astillero en que fueron secuestrados los hermanos Tello.

Por otro lado, declaró Susana Chávez de Prigione, hermana de Armando Ángel Prigione y prima de Juan Héctor Prigione, ambos secuestrados en CCDT Banco y continúan desaparecidos. Susana relató que se hizo cargo de la búsqueda de su hermano, porque su mamá estaba enferma y que recurrió al CELS para efectuar las denuncias y presentaciones tendientes a obtener información sobre el paradero de su hermano y de su primo.

Posteriormente, declaró Jorge Roberto Gaidano, compañero de pensión de Guillermo Moller, secuestrado cuando fueron a buscar a este último y trasladado al CCDT Banco. Fue liberado aproximadamente a los quince días, presume él que para esa fecha ya habían caído el resto de los compañeros de militancia de Guillermo Moller, a quien pudo ver dentro del campo y nunca supo más de él pues permanece desaparecido.

Por último, declararon Carlos Oscar Calcagno, policía retirado, quien refirió haber prestado servicios en Córdoba con el imputado Kalinec desde fines de 1978; y luego, Osvaldo Rafael Onel, quien en 1976 habría trabajado como custodio de la familia presidencial y en 3 oportunidades habría visto al imputado Falcón como integrante de la custodia del Ministro Arguindegui.

Se dispuso un cuarto intermedio para el lunes 26 del corriente a las 9.

El imputado Miara continúa internado en el Hospital Churruca.

Un debate sólo para entendidos

En el tercer día de indagatorias, declaró el ex miembro del servicio penitenciario Diego Salvador Chemes, quien repitió la ya clásica fórmula: “Voy a declarar, pero en esta instancia me abstengo de contestar preguntas”.

Chemes, que al momento de su detención era empleado de una empresa de seguridad privada, negó “todos y cada uno de los hechos” que se le imputan y enumeró los nombres de las 156 víctimas. Terminada su negación, el presidente del tribunal le preguntó sobre sus antecedentes en el Servicio Penitenciario Federal, a lo que el imputado contestó con un relato pormenorizado de todos sus destinos mientras estuvo activo en dicha fuerza. Contó que se recibió en 1974 y enumeró sus posteriores destinos, pero una oportuna interrupción del defensor oficial impidió escuchar claramente su destino hacia el regimiento de infantería 3. Éste hecho derivó en una larga e interesante discusión, en función de lo planteado por el defensor y la inmediata réplica que se escuchó esbozar al fiscal actuante, Félix Crous, en conjunto con Rodrigo Borda, abogado por la querella del CELS.

Finalmente, el tribunal zanjó la discusión al establecer que, más allá de entender que lo dicho por el imputado es una declaración completa que reúne todos los elementos para considerarla de esa manera, en función de las contradicciones marcadas por la fiscalía y las querellas, se debían leer las declaraciones anteriores efectuadas por el imputado.

Finalizada la lectura, el tribunal cerró la jornada con el anuncio de la continuación del debate el martes 4 de mayo a las 13 en el Salón de Usos Múltiples del tribunal, momento en el cual se continuará con la declaración indagatoria de Roberto Zeoliti y se resolverá la situación de Hugo Idelbrando Pascarelli.

“Nada de obediencia debida, la gozaban torturando”

Por Armando Camino

“Demasiadas emociones por hoy”, dice Carmen Aguiar de Lapacó tras asistir durante toda la mañana, atentamente, a una sesión del juicio oral contra una quincena de ex miembros de las fuerzas de seguridad argentinas por su presunta responsabilidad en los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar argentina en los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio conocidos como Atlético, Banco y Olimpo.

Superviviente de la represión estatal y madre de una desaparecida, Aguiar de Lapacó, de 87 años, ya declaró a mitad de diciembre, pero ahora le toca a su sobrino. Alejandro Francisco Aguiar relata cómo, a mediados de marzo de 1977, un grupo de hombres armados, entre los que reconoció a uno de los acusados, irrumpió en la casa de su tía tras la cena y detuvo, entre insultos y golpes, a todos los miembros presentes de la familia, de tradición política justicialista. Tras varias horas de violento registro, los asaltantes trasladaron, atadas las manos y vendados los ojos, a Carmen Aguiar, a su hija Alejandra Lapacó, a la pareja de la joven, Marcelo Butti Arana, y a su sobrino hasta las dependencias del centro Atlético, un terreno de la Policía Federal en pleno paseo Colón.

“Estaba particularmente asustado, porque había estado detenido antes, sabía lo que se venía y estaba convencido de que nos iban a matar”, recuerda Alejandro Aguiar, ahora abogado en San Juan y entonces un militante de Juventud Universitaria Peronista (JUP) de 28 años que había viajado hasta la Capital Federal para, realizar un examen. “Tenía mucho miedo de que me torturaran y delatara a gente que apreciaba mucho. Me golpearon mucho, pero no me picanearon [torturar mediante descargas eléctricas]”, explica ante tres imputados, mientras el resto ha preferido ausentarse de la sala y esperar escoltados en la sala contigua.

“Nada de obediencia debida, la gozaban”

“Sentí los gritos y alaridos de Marcelo, después a mi prima. Mi tía lloraba y preguntaba por su hija. Nos pegaban permanentemente, sin ningún motivo. Eran unos pobres infelices que estaban chochos porque tenían poder y la gozaban, la gozaban, nada de obediencia debida”. El suplicio se extendió durante tres días, hasta que fue liberado en un descampado junto a su tía. De Alejandra Lapacó y Marcelo Butti, también miembros de JUP, nunca se supo, continúan desaparecidos. “Estaré siempre agradecido a los dos, porque no me identificaron como militante. Si no, no estaría acá, no me hubiera casado, ni tenido tres hijos ni cinco nietos”, concluye, sin preguntas de la defensa, Alejandro Lapacó entre aplausos del público, una veintena de personas sentadas en una zona de la sala separada de letrados y acusados por un grueso vidrio desde el suelo hasta el techo.

Allí, en una de las sillas centrales, tocada con el pañuelo blanco distintivo de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, está Carmen Aguiar de Lapaco. Permanece serena mientras declara su sobrino, porque ya se estremeció al narrar la misma historia al tribunal hace tres meses, hasta el punto que dos semanas después sufrió una parálisis parcial en el lado derecho de su cuerpo. “El médico me dijo que fue por estrés y que debo de cuidarme un poco. Esta vez me afectó tanto porque estaba Turco Julián [Julio Héctor Simón, ex policía federal], el que me pegó, me manoseó y torturó a mi hija. Por suerte, se ausentó de la sala, quizá me hubiera inhibido de lo contrario. Declaré durante una hora y media, pasé por delante de los acusados muy derechita, y toda la gente que aquel día llenaba el tribunal se puso de pie y me aplaudió. Fue todo muy emocionante, me dije ‘ya pasó todo, ya está’, pero me sentía como vacía, me pregunté ¿y ahora qué? Y me largué a llorar”.

Y, de nuevo, Aguiar de Lapacó se emociona ahora al escuchar la declaración de Marcelo Gustavo Daelli. También querellante y superviviente de Atlético, Daelli narra una historia similar
de torturas pero añade la identificación de la voz, entre otras compañeras de la Facultad de Filosofía y Letras, de Alejandra Lapacó entre medio centenar de detenidos reunidos por los guardias cerca de su celda. “Les dijeron que iban a darles una inyección para el mareo, porque iban a viajar en un avión hasta un penal. Escuché el traslado y después, el silencio”. Traslado fue el eufemismo empleado por las fuerzas armadas para ejecutar los conocidos vuelos de la muerte, durante los que se arrojaban al Río de la Plata o el oceáno Atlántico los cuerpos de los detenidos. Con o sin vida.

Antropólogas forenses testificaron esta semana que el análisis de cinco cuerpos hallados en la costa argentina a finales de 1978, identificados como detenidos en Atlético, demuestra “un tremendo golpe contra el agua”. Por ello, la acusación particular, que reúne a 181 víctimas como querellantes particulares y diversas asociaciones de derechos humanos, prevé reclamar en su alegato final la ampliación de la solicitud de condena inicial de 25 años de prisión, por los delitos de tormentos agravados y privación ilegítima de libertad, a la cadena perpetua de todos los acusados por su presunta responsabilidad también en los cinco homicidios. Además del Turco Julián, los cargos se dirigen contra los ex policías Samuel Miara, alias Cobani, Oscar Augusto Rolón o Soler, Raúl González (Mayor Raúl o El Negro), Eufemio Jorge Uballes (Anteojito Quiroga o Führer), Eduardo Emilio Kalinec (Doctor K), Roberto Antonio Rosa (Clavel), Juan Carlos Falcón (Kung Fu), Luis Juan Donocik (Polaco Chino) y Ricardo Taddei (Cura o Padre); los ex gendarmes Guillermo Víctor Cardozo (Cortés) y Eugenio Pereyra Apestegui (Quintana); el ex penitenciario Juan Carlos Avena (Centeno); el agente civil de inteligencia Raúl Antonio Guglielminetti (Gustavino) y el ex oficial del Ejército Enrique José del Pino (Miguel).

Todos ellos se negaron a prestar declaración durante el juicio oral por consejo letrado y se remitieron a sus palabras durante la fase de instrucción, cuando negaron su responsabilidad en los hechos imputados y afirmaron su desconocimiento sobre la existencia de los centros clandestinos de detención. Según la acusación particular y la fiscalía, todos ellos participaron, sin embargo, en un trágico circuito de represión de la ciudad de Buenos Aires bajo el control del Primer Cuerpo del Ejército. Derruido en 1977 para la construcción de la autopista 25 de Mayo a lo largo del sur porteño, el centro Atlético cedió su siniestro testigo, mediante la mudanza de guardias y detenidos, a las instalaciones de Olimpo y Banco hasta 1979 y, por ello, se juzgan en la misma causa.