51º audiencia – continúan las declaraciones testimoniales

El día miércoles 30 de junio declaró María Cristina Torti sobreviviente del CCDT Banco, quien estuvo secuestrada del 26 de mayo al 7 de julio de 1978. María Cristina relató su secuestro, la tortura física, la vida cotidiana en el campo y los compañeros que pudo ver, como Gustavo Fraire, Mario De Pino, Mariano Montequín, Laura Crespo, Ricardo Moya, entre otros. De los represores que actuaban en el campo recordó a Colores, Calculín, Turco Julián, Cobani y Polaco. Su impresión, por el contenido de los interrogatorios, es que buscaban a su hermana Ana María, la cual posteriormente fue secuestrada y se encuentra desaparecida.
Luego, declararon Antonio y Gloria Pagés Larraya por el secuestro y desaparición de su hermano Guillermo Pagés Larraya. Guillermo militaba en prensa de Montoneros y era conocido como Mariano. En diciembre de 1977 regresó al país, luego de estar exiliado por un tiempo, ocasión en que fue secuestrado y trasladado al Atlético, luego al Banco y al Olimpo desde donde fue trasladado al exterminio el 6 de diciembre de 1978. Sus hermanos relataron el paso a la clandestinidad de Guillermo y su hermana Rosita, que también está desaparecida, y la búsqueda de su familia por encontrarlos.
Ariel Serra Silvera declaró por su hermano Helios Serra Silvera, detenido desaparecido en el Banco y Olimpo. Helios fue trasladado al exterminio el 6 de diciembre de 1978 y sus restos aparecieron el 16 de diciembre en Pinamar, fue inhumado como NN, y el equipo de antropología lo identificó posteriormente. Ariel contó que pudo obtener información del cautiverio de su hermano por el relato de los sobrevivientes como Roberto Ramírez, compañero del mismo.
Por otro lado, declaró Camilo Ríos por el secuestro y desaparición de su madre Juana Armelín y su padre Carlos Ríos. Camilo contó que en febrero de 1978 su madre fue secuestrada en el marco de un operativo y su padre escapó siendo posteriormente secuestrado. Él con tan solo 5 años y su hermana Pía de 3 años fueron llevados a una comisaría y luego dejados en un orfanato hasta que la familia de su madre los rescató. Camilo relató la angustia por haber vivido situaciones tan violentas, por haber sido separado desde tan chico de su mamá y su papá y el proceso de recuperación a los largo de toda su vida. En relación al mismo hecho declaró Mirta Ugartamendia, vecina de la familia, que vio el operativo de secuestro y en cuya casa se refugió Juana Armelín con los dos niños.
Por último, declararon Dora Salas Romero, Marta Vasallo y Lucas Guagnini, por el secuestro y desaparición de Luis Rodolfo Guagnini. Dora Salas era la compañera de Luis y contó que fue secuestrado en una cita con Guillermo Pagés Larraya el 21 de diciembre de 1977. En el mismo día la secuestraron a ella, a sus hijos pequeños y a Marta Vasallo, que se encontraban a unas cuadras esperando que Luis volviera; todos fueron trasladados al CCDT Atlético. Meses antes habían sido secuestrados Diego Guagnini, hermano de Luis; su compañera, María Isabel Valoy y el hijo de la pareja, Emilio. Dora, sus hijos, Marta y Emilio fueron liberados, Diego, María Isabel y Luis continúan desaparecidos.
Hacia el final de la audiencia declaró Lucas Guagnini, hijo de Luis, quien relató lo que pudo reconstruir del secuestro y desaparición de su padre.
Se dispuso un cuarto intermedio para el lunes 5 de julio a las 9 hs.

Mujeres salvadas por la niebla

Por Marcos Salomón, desde Resistencia

La audiencia de hoy contó con las declaraciones de Mirta Clara y el abogado militante de derechos humanos Edwin Peco Tissenbaum. La ex presa política Mirta Clara declaró ayer durante dos horas, por la Masacre de Margarita Belén, fraguado intento de fuga en la que fue fusilado su esposo Néstor Carlos Sala.

La historia de Mirta –que llevaba un prendedor con la foto de Néstor en su saco- y Peco están íntimamente ligadas, ya que fue su abogado durante la última etapa de la mujer como presa política hasta lograr la libertad, ya casi con Raúl Alfonsín como presidente constitucional de los argentinos.

El 19 de noviembre de 1976 fue un calvario para Mirta Clara: le avisan de un traslado a Villa Devoto. Le ponen las esposas, la vendan, encapuchan y engrillan. En esas condiciones, llevaba en brazos -como podía- a su hijo nacido en cautiverio: Juan Andrés, de sólo seis meses.
Pero no llegó hasta el avión porque se lo arrancaron de los brazos. INTERPOL mediante, lo pudo recuperar de una guardería del Ministerio de Bienestar Social de Resistencia. En ese traslado, Mirta Clara fue con sus compañeras de cárcel: Nora Giménez de Valladares, que tenía sólo 18 años, y Elsa Quiroz, que hoy es diputada nacional.

No pasó ni un mes, que el 11 de diciembre “una inspectora de la cárcel llamó a Elsa y Nora para un traslado” nuevamente a Resistencia. De inmediato comenzó la protesta de las presas, llegó a haber unas 1.200 en Devoto.
“Exigíamos saber quién daba la orden y por qué, pero nunca se nos contestó”, recuerda Mirta. Resultaba sospechoso el poco tiempo que pasó desde el traslado de Resistencia a Buenos Aires para volver a reubicarlas. Y, como los traslados eran malas noticias, las presas comenzaron una suerte de protesta sin comer y tomando sólo el agua necesaria.
A la noche, la misma celadora que trajo malas noticias, anunció las novedades: Nora y Elsa se quedarían en Devoto porque una niebla dejó fuera de operaciones a la pista ubicada en Morón (Buenos Aires). “Así se salvaron, seguramente, de ser víctimas de la Masacre”, reflexionó Mirta.

Para algunos, “El flaco”, para otros “Tiburón”, Néstor Sala tuvo que dejar La Plata e instalarse en Resistencia con Mirta –embarazada ya- y su hija Mariana Eva. No pasó mucho tiempo que fue detenido en su casa, un 9 de octubre de 1975.
En su último día, Néstor fue sacado a las 14 –plena siesta chaqueña sin actividad alguna- de la U7. De allí lo llevan al cuartel militar de La Liguria, lo torturan, lo hieren de un bayonetazo y lo traslada hacia la alcaidía de Resistencia, donde nuevamente es vejado. En este lugar, alcanza a advertir a Mario Mendoza, otro preso político, que se trataba de un “traslado pesado”, que se tradujo en la Masacre de Margarita Belén, cumpliéndose la venganza preanunciada en Formosa. Mirta recordó que el arrepentido Eduardo Ruiz Villasuso declaró en su lecho de muerte que Alberto Luis Patetta –uno de los imputados- le disparó a la cabeza a Néstor.

Con la Masacre consumada, el padre de Néstor, tras ser ninguneado en los cuarteles de Resistencia y Corrientes, termina enterándose de la muerte de su hijo en una entrevista informal con Petetta (apuntado por Villasuso como el ejecutor) y Miguel Bagaer. Después, el certificado de defunción y una comunicación oficial no coincidían con el día ni las causas de la muerte.

La audiencia sigue el 1ero de julio de 2010.

50º audiencia – “Nunca se hizo justicia…voy a seguir esperando, ni olvido ni perdón”.

El martes 29 continuaron las declaraciones testimoniales. Claudio Zaldarriaga relató el asesinato de su madre Olga Ventorino, y el secuestro y desaparición de su padre Roberto Zaldarriaga, y previamente el de su compañera Irma Niesich. Claudio tenía 10 años al momento de los secuestros y presenció junto con su hermana Verónica de 5 años (que declaró el 26 de abril en el presente debate), los 3 operativos. Así también, hizo referencia a las visitas de su papá y Pequi (Irma) que efectuaban con represores que actuaban en el centro clandestino en que se encontraban secuestrados.

Luego, declaró Santa Gertrudis Velázquez de Vinesia por el secuestro y desaparición de su hijo Adolfo Fontanella, quien era militante de Cristianos Para la Liberación y conocido como “Puchi”. Adolfo fue secuestrado el 23 de noviembre de 1978 junto con su esposa María de las Mercedes Troncoso y trasladados al Olimpo. María de las Mercedes fue liberada, Adolfo continúa desaparecido. Al finalizar Santa Gertrudis manifestó que está esperando justicia: “Nunca se hizo justicia, voy a seguir esperando… ni olvido ni perdón”.

Audiencia 49º – declararon las sobrevivientes Mónica Brull y Norma Leto

El lunes 28 declararon dos sobrevivientes del centro clandestino: Mónica Evelina Brull, quien estuvo detenida desaparecida en el Olimpo; y Norma Teresa Leto, detenida desaparecida en el Banco.

Brull fue secuestrada el 7 de diciembre de 1978, en el mismo día trasladaron al campo a quien era su esposo, Juan Agustín Guillén, y a su hijo de 9 meses, quien a los días fue llevado a casa de sus abuelos por el represor Soler (que sería el imputado Rolón). Mónica contó que al ingresar al campo no la tabicaron por ser ciega pero que a pesar de estar embarazada el Turco Julián ordenó que la torturen con picana lo que ocasionó posteriormente la pérdida de su embarazo. Por otro lado, refirió que dentro del centro clandestino reconoció a varios compañeros de militancia de Cristianos Para la Liberación (CPL); y que luego de su liberación y la de su esposo sufrieron una especie de libertad vigilada.

Norma Teresa Leto fue secuestrada el 25 de julio de 1978 junto con su compañero Santiago Villanueva y fueron trasladados al CCDT Banco. Norma relató que dentro del centro clandestino escuchó como Santiago era torturado y que pudo comunicarse con él en varias oportunidades, por ejemplo en las salidas al baño. Ella fue liberada el 14 de agosto del mismo año y obtuvo posteriormente información del destino de Santiago por medio de los testimonios de sobrevivientes del Olimpo que vieron que fue “trasladado” a principios de diciembre y sus restos hallados a los diez días en la costa atlántica e inhumados como NN. El EAAF pudo identificar sus restos en 2006.

El hijo de Santiago, Guillermo Villanueva, prestó declaración previamente y contó lo supo del secuestro de su padre, su desaparición y sobre el hallazgo e identificación de sus restos.

Nicolás Guagnini declaró por el secuestro y desaparición de su papá, Luis Rodolfo Guagnini, periodista militante de Montoneros. Nicolás relató los recuerdos de su infancia en el marco de la persecución sufrida por Luis y el pase a la clandestinidad del mismo. Contó que recibieron 3 llamados telefónicos de su papá luego de su secuestro y que posteriormente obtuvieron información por el relato de sobrevivientes de los centros clandestinos. Asimismo, hizo referencia a la desaparición de su tío Diego Guagnini y su esposa María Isabel Valoy de Guagnini. Su abuela Catalina es una de las fundadoras de Familiares de desaparecidos y detenidos por razones políticas y su abuelo Omar realizó infinidad de denuncias y presentaciones para dar con el paradero de sus hijos y sus compañeras sin obtener resultado positivo.

Por el secuestro de Isidoro Peña declararon su hija y su esposa, María Marta Peña y María Hongay quienes relataron lo que supieron del secuestro y cautiverio de Isidoro y su hermano Jesús. Los hermanos Peña fueron trasladados desde el Olimpo al exterminio en diciembre de 1978, sus restos fueron hallados en la costa atlántica bonaerense a los diez días aproximadamente y el EAAF los identificó en 2007.

Por último, declaró Carmen Inés Segarra por el secuestro y desaparición de su esposo Ricardo César Poce. Carmen contó que ambos militaban en la Juventud Universitaria Peronista y que debido a la persecución y desapariciones de compañeros de militancia decidieron pasar a la clandestinidad. En octubre de 1976 secuestraron a Julio, hermano de Ricardo, y a su esposa Graciela. En este contexto, Carmen y Ricardo, junto a su pequeño hijo Ramiro, decidieron mudarse al conurbano bonaerense y el 9 de diciembre de 1978 Ricardo cayó en una cita con una compañera de la zona sur y fue trasladado al Olimpo. A la fecha continúa desaparecido.

“En este lugar no hay límites”

Dos testimonios muy contundentes terminaron con esta semana de audiencia. Las dos testigos María Alicia Milia de Pirles y Ana María Martí fueron junto a Sara Solarz de Osatinsky, las primeras sobrevivientes de la ESMA en denunciar la situación en el exterior aún durante la dictadura.

María Alicia Milia inauguró la audiencia con un relató cronológico de su cautiverio basado sobre su experiencia personal en la ESMA desde su secuestro el 28/05/77 hasta su liberación el 19/01/79.

Luego de contar las torturas que padeció al llegar a la ESMA en los interrogatorios, la testigo contó la tortura de los traslados: la nerviosidad de los guardias, los que eran llamados por “su número”, y que no volvían a ver después. La testigo contó una charla con “Rubio” Astiz, quién contestó a la pregunta de María Pirles sobre la existencia de campos de recuperación en el Sur: “NO…mira Susana, el mar nos ayuda, siempre fue una respuesta el mar. El rio nos devolvía los cuerpos, por eso pensamos en los vuelos. El mar es una plancha de acero y se desnucan o sino las orcas del mar argentino cumplen su trabajo, pero te voy a decir algo, los tiramos dormidos…Las orcas? El me da una lección de zoología sobre las orcas.”

María Alicia Milia también fue testigo de la presencia de detenidas embarazadas en la ESMA y tuvo que ayudar a varias detenidas que dieron luz en este lugar en el medio de la sala de tortura. Aún en esos momentos les mantenían los grilletes. Algunos de los niños nacidos en la ESMA que relata ahora la testigo todavía no han recuperado su verdadera identidad. La testigo también menciona el nacimiento de Victoria Donda, quién recuperó su identidad hace unos años. Hablando de los partos y desaparición de los niños, Alicia Pirles explica “Se los estamos dando a Marinos que ideológicamente están enfrentado, le estamos cambiando la vida a las personas. Siempre seguí yendo, pero empiezo a ir menos porque me era difícil mantener la cara la falsedad de no decir nada…tenemos otras compañeras más joven, que se empiezan a ocupar de las embarazadas.”

María Alicia también menciona el trabajo que les hacían hacer en la ESMA y explica: “Siempre que hable de trabajo que nos hicieron hacer estoy hablando de un trabajo que no solo no es voluntario sino que nos obligan…es absolutamente esclavo… nosotros teníamos grilletes… teníamos dos aros que nos rompían los tobillos, dos candados y 30 cm de cadena”, continua la testigo.

La testigo también relato el secuestro de la Iglesia Santa Cruz cuando le contestó a Alice Domon —a quien cruzó en el baño estando las dos secuestradas— que el muchachito rubio por el cual preguntaba era en realidad él que los había traído a todas ellas acá. A lo largo de su testimonio, María Alicia vuelve sobre la desaparición y la muerte de los compañeros detenidos. Así como cuenta la inyección mortal a Norma Arrostito, la electrocución de Ana María Ponce y Edgardo Moyano, los traslados de muchos otros. Menciona también esta frase de Acosta: “en este lugar no hay límites”. Al mismo tiempo, se crea una verdadera solidaridad en los detenidos, frente a esa locura sin límites que representaba la ESMA. “Cada uno de nosotros teníamos un torturador personal” explica la testigo.
María explica que la dejaron ver a sus hijos, sus padres y su hermana, un día en una quinta que pertenecía a la armada argentina, en el Tigre. “Quedamos de rehenes mis hijos, yo y mi hermana con los señores que nos cuidaban.” Explica la testigo, ya que eran vigilados por gente armada que decía que María trabajaba para ellos. Otra vez, la llevan a Santa Fe a casa de sus padres, cuando viene el Segundo Cuerpo del Ejército a secuestrarla y la testigo debe explicarles que ya es una secuestrada de otra Fuerza.

Ana María Martí fue secuestrada el 18 de marzo de 1977 por un grupo de 10/15 personas y llevada a la ESMA. Luego de una sesión de tortura muy violenta, la testigo fue llevada a Capucha y cuenta: “si la tortura es algo insoportable, la capucha era terrorífica. He visto cientos y cientos de personas -solo recordé una cantidad mínima. Las ordenes eran no hablar, no gritar, no llorar… las primeras veces ir al baño era humillante, había que gritar guardia quiero el tacho, donde había que hacer las necesidades. Mas tarde comenzaron a llevarnos al baño, en trencito, 5/6 juntos cuando ellos querían, una vez al día o cada dos días… a olor de la capucha: a excremento, a sangre, a vómito, a orina… era difícil explicar que uno era un cuerpo y un cerebro sin la más mínima autonomía pero no éramos una persona. En la capucha no éramos ni vivos ni muertos pero estábamos en la ESMA, estábamos”.
“Lo peor de la capucha eran los traslados. No se si todos o casi todos queríamos ser trasladados. Nos decían que nos llevarían a centros de recuperación y nos aplicarían una inyección” continuó la testigo. “Lo que no tenía límite era el terror” añadió.

Ana María Martí mencionó a los otros compañeros detenidos, a los otros operativos de secuestro, las salidas forzadas al restaurante o a la Costanera con los represores y luego el regreso a dormir a la ESMA, los traslados, y los “asaditos” o como quemaban a los muertos de la ESMA en el patio atrás.

La testigo declaró sobre el secuestro de sus hijos y su posterior liberación. Sus hijos fueron detenidos en campo de mayo y en otro lugar en la zona de Melchor Romero. Cuando la testigo se exilia en España con sus hijos, recibe la visita del ahora fallecido Daniel “Gordo” Febres.

Contestó Ana María Martí a la pregunta sobre las consecuencias de su cautiverio en su vida: “Una ruptura total en la vida de cualquiera, de las familias, es difícil sobrevivir a esto, tuve que explicar por qué yo estaba viva y no otros… pasé muchos años de mi vida explicando eso pero sigue siendo muy difícil… es muy incómodo estar vivo, es incómodo contar tanta muerte y estar viva… trato de compensarlo pensando que esto servirá para algo, y mi único objetivo es que esto no ocurra nunca más”.

Las audiencias siguen el jueves 1ero de julio a las 9h30.

La hora de las indagatorias

El viernes 18 de junio comenzaron las declaraciones indagatorias de los imputados. De ellos sólo Guglielminetti y Cabanillas optaron por hablar, negando todas las imputaciones en su contra. Del resto se leyeron las declaraciones previas al debate.

Las audiencias continuarán el 2 de julio, cuando iniciarán los testimonios. Los primeros en declarán serán los sobrevivientes Marta Bianchi y Luis Brandoni.

Oficios civiles en la ESMA

Alfredo Buzzalino declaró sobre su cautiverio en la ESMA y evocó el trato de los detenidos en la ESMA, los traslados, la apropiación de los bienes de los desaparecidos. A la pregunta de la fiscalía sobre “qué era capucha”, el testigo contestó:

“Un lugar en el que nos tiraban a todos en lonetas, en el suelo, encapuchados, engrillados, con un techo de chapa, pasaban con un balde, buscaban a la gente por un número… lo que más se rescata de capucha es cuando llamaban muchos números. Al principio no entendíamos y luego veíamos que faltaba gente… en ese momento no entendía lo que era un traslado. Mi compañera de cautiverio y camarote estaba de 6 meses de embarazo… Bajé 20 kilos y me parece que ví a alguien lcon mi ropa. En un lugar, que luego supe que era el pañol, ví cientos de zapatos y ahí algo me empezó a cerrar. Pregunté qué eran los traslados y decían que los mandaban al PEN o al sur…”

Buzzalino también evocó la presencia de civiles en los lugares donde estaban detenidos ilegalmente, entre ellos el abogado Torres de Tolosa y también “un sacerdote que nos daba misa, a veces engrillado, otro que le decían el Gato Electrónico que venía a arreglar la picana. Torres de Tolosa estaba en toda la parte de documentación de automotores, pasaba por todos lados, por el sótano también lo he visto. Nos vio a todos.”

En cuanto a los bienes de los desaparecidos, declaró Buzzalino: “Se han apropiado de ellos, se hacían documentos falsos con sosías y con ellos se hacían transacciones de compra y venta de propiedades de compañeros. Se montó corriente de dinero importante, manejada por Acosta y Radice.”

La testigo Patricia de Chonchol relató su militancia en familiares de desaparecido luego de la detención de su compañero. En estas circunstancias, ella conoció a Alice Domon, Horacio Elbert, Azucena Villaflor, y Gustavo Niño alias Alfredo Astiz infiltrado en este grupo. Cuando se exilió a Paris, reconoció al mismo Gustavo Niño tratando de infiltrarse en la comunidad de exiliado en Francia bajo el nombre de Escudero.

El viernes declaran Ana María Marti y Alicia Milia de Pirles, sobrevivientes de la ESMA.

“Me contaron que fue una matanza”

por Marcos Salomón, desde Resistencia.

En la audiencia del miércoles 23, declararon Julio Aranda y Mario Mendoza.

“Hablé con alguien que me contó que fue una matanza”, declaró el testigo Julio Aranda, que estuvo preso 20 días, entre el 3 y el 23 de noviembre de 1976, para luego salir a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional) con libertad vigilada hasta 1982.
Fue alojado en la Jefatura de Policía de Chaco donde lo tuvieron 17 horas parado en una escalera. En ese lapso, lo llevaron cinco veces para sesiones de torturas.
Luego, lo llevan a la Brigada de Investigaciones y lo instalan directamente en uno de los dos sótanos donde se torturaba: “Había mucho gritos continuos, carcajadas y un acordeón sonaba para tratar de disimular los ruidos. Los torturadores le dieron a Julio la misión de limpiar las celdas colectivas y las individuales, pero con una mano esposada. Así, pudo ver detenidas a varias de las víctimas de la Masacre: Carlos Tereszecuk, Roberto Yedro y Luis Díaz, a quien conocía del colegio secundario. También vio al formoseño Raúl “El ternero” Gómez, Roldán, Patón Gresca, Caranchillo Zárate y Carlos Aguirre.
Aranda contó que alguien un soldado que era chofer y mecánico de Cristino Nicolaides, ex jefe del Ejército le dijo que el episodio de Margarita Belén había sido una matanza. Ante la insistencia por conocer el nombre de este potencial testigo, Julio aclaró: “Está vivo, no sé dónde vive, pero tiene mucho miedo”, manifestó. El nombre en cuestión es Carlos Sotile, quien –de ser encontrado- será citado por el Tribunal a pedido de la defensa.

Para la próxima jornada, citaron a Mirta Clara y Edwin “Peco” Tissenbaum. Las audiencias continuarán el jueves 24.

3 años y 8 meses de detención ilegal: Mario Villani explica:“La vida diaria en los campos es la peor tortura”

“La vida diaria en los campos es la peor tortura, yo viví durante los 3 años y 8 meses que estuve secuestrado rodeado de los gritos de los torturados, pensando que al día siguiente posiblemente me mataban, pensando que no me podía permitir hacer proyectos de futuro…sólo podía proponerme llegar vivo al día siguiente, si lo lograba, me decía, cumplí. Esto durante todos los dias, durante 3 años y 8 meses, es muy agotador. Por otro lado, los gritos de los torturados, ser tratados como animales, ver gente que muere, que entra en coma, tener que simular continuamente delante de estos personajes, que todo está bien, que a uno no le pasa nada…esa vida para mi fue peor que la picana, sobretodo cuando desaparecían para siempre a gente que yo quería…” contó el testigo Mario Villani detenido en varios centro clandestinos de detención antes de llegar a la ESMA.

Para explicar su permanencia tantos años en los centros clandestinos de detención Villani explica: “Yo soy físico, cuando supieron esto, me citaron para reparar equipos que se robaban… me necesitaban. Cada vez que había un traslado, yo estaba reparando cosas, y entonces no me incluían.”

Villani contó que una vez detenido en el CCD Banco, acepto reparar la picana con la cual torturaban a los detenidos aprovechando la posibilidad para cambiar “el capacitor por uno más pequeño para que la picana fuera con menos energía”.

Delante del imputado Cavallo, el único imputado que asistió a la audiencia, Villani declaró que él (Cavallo) había torturado a una detenida.

Villani también contó la “fiesta de Navidad” de 1979 en presencia de los represores y sus buenos deseos (sic).

Mientras estaba detenido Villani era obligado a trabajar en la falsificación de documentos para los represores de la ESMA.

Villani recuperó su libertad y declaró en varias oportunidades a pesar de las amenazas que contó haber recibido.

Las audiencias siguen el jueves 24 de junio a las 9h30.

“Lo que se escuchaba desde el comedor era aterrador”

por Marcos Salomón, desde Resistencia. Gentileza de chacodiapordia.com

La audiencia del martes contó con tres testimonios: Teresa Cecilia Franzen, hermana de Arturo Franzen, Carlos “Ratón” Aranda –ex preso político- y Federico Ovieta –abogado correntino que ya había declarado en el juicio por el ex Regimiento de Infantería 9 de Corrientes-.

Aranda pasó por ocho lugares de detención distintos (contando las dos direcciones de la Brigada de Investigaciones: Marcelo T. de Alvear, hoy Casa por la Memoria, y Juan B. Justo) y estuvo preso durante prácticamente toda la dictadura militar: desde noviembre de 1976 hasta después de la asunción de Raúl Alfonsín, en 1983.
Luego de su detención fue llevado, junto con su hermano Julio Aranda, desde Corrientes a la Jefatura de Policía de Chaco (uno de los que fue a buscarlo fue el imputado Luis Alberto Petetta).
Ya en la Brigada, Carlos logró ver a Luis “Lucho” Díaz y a Roberto Yedro, víctimas de la Masacre. En este centro clandestino de detención estuvo poco tiempo hasta que lo llevan a la alcaidía policial.
Describió con detalles el momento previo al traslado, un día domingo 12 de diciembre de 1976. “Interrumpieron la visita de los presos sociales o comunes, no nos sirvieron el cuili, o sea el cocido, y apagaron las luces de la celda temprano”, recordó.
Entonces, sucedió el horror del comedor de la alcaidía, donde todos los presos que iban a ser trasladados a Formosa, fueron ferozmente torturados. Escuchó cómo llevaban a Lucho Díaz y también cómo traían a las rastras a un casi desvanecido Carlos Zamudio. “Lo que se escuchaba desde el comedor era aterrador. Yo creo que mataron a alguno”, narró.
Ratificó también la imposibilidad de escapar durante un traslado: “Íbamos esposados, engrillados, vendados y con capuchas, a los golpes…”, rememoró.

Teresa Cecilia Franzen contó que en agosto de 1976, ella y su madre visitaron a su hermano en la Brigada: “Nos contó que lo torturaban todos los días y que estaba muy dolorido, cuando lo quise abrazar me pidió que no lo apriete”, relató, entre lágrimas.
En medio de su relato se quebró hasta recordar que el 10 de enero de 1970 (el día del cumpleaños de Arturo, hubiese cumplido 25) llegaron con su padre para visitarlo, previo burocrático papeleo, en la Brigada, pero no estaba; en la alcaidía, tampoco estaba. Hasta que un oficial se dignó a contarles que Franzen había muerto cerca de Margarita Belén.
En el cementerio, para trasladar el cadáver, logró ver la cara de Arturo porque se desfondó el precario cajón en el que lo habían puesto. En ese mismo trámite, pudo ver el cuerpo de Manuel Parodi Ocampo que tenía “un boquete, un agujero, en el pecho”.

Por último, declaró el correntino Federico Ovieta. Su testimonio de limitó a contar que, tras el servicio militar, cuando fue a hacer un trámite al Regimiento de Infantería 9, vio en la pieza donde lo atendieron una foto de Lucho Díaz con una X marcada.

El Tribunal pasó a un cuarto intermedio hasta el jueves 24, a las 8.30, cuando se reinicie el juicio con las declaraciones de los ex presos Julio Aranda (hermano de Carlos) y Mario Norberto Mendoza.