Los grilletes para contarles…

Lisandro Raúl Cubas y Rosario Quiroga declararon hoy sobre su cautiverio en la ESMA.
Lisandro Cubas fue detenido el 20 de octubre de 1976 y detenido en la ESMA hasta el 19 de enero de 1979.

El testigo contó haberse tomado una pastilla de cianuro al momento de su secuestro y pensó que se había muerto hasta que “Cuando me doy cuenta que estaba vivo, intento no respirar, queriendo que no se den cuenta. Pedro La bruja que era el jefe de las guardias de sub-oficiales dijo “acá hay un hijo de puta que esta vivo”. Me pego varias patadas en el cuerpo. Me llevaron a la enfermería. Me hicieron un lavado de estomago para sacar los restos de cianuro. Me pusieron suero. No recuerdo cuanto tiempo estuve en esta situación. Me llevan a la sala 13, al final de la avenida de la felicidad, pasillo central del sótano. Allí me desnudan, me atan a un camastro metálico. Me encapuchan. Comienza un interrogatorio. Primero golpes y aplicación de picana en distintas partes del cuerpos en la sien, testillas y testículos. Tuve 3 sesiones de tortura. Recuerdo haber perdido el conocimiento cada vez. Una de esta sesión fue el 24 octubre, me desearon un feliz cumple. En esas sesiones de tortura, pude conocer al teniente Acosta, el tigre, quien me hizo la pregunta “donde no quería estar”: le dije la Esma. Me dijo “aquí precisamente estas””.

“Para mi, siempre digo que la experiencia de la tortura no es solo los interrogatorios con picana sino todo lo que hemos vivido después. La vivencia mas terrible es estar encapucha permanentemente sin saber donde uno está, perder la imagen del tiempo y vivir pensando solamente lo que está pasando, sin poder ubicarse. Eso me llevo a situaciones de perdida de ubicación y de querer vivir o desesperación.”, agregó el testigo.

El testigo declaró incluso haber pedido gritando que se lo lleven a él a un traslado. “Fue la muestra de la desesperación que tenía. La sensación que uno tenia de estar engrilletado con cadena era como estar de nuevo en época de la esclavitud, inquisición. Ponían grilletes con cadena. Uno se tenía que acostumbrar al ruido de las cadenas. Inclusive en algunos casos, lográbamos identificar que compañeros eran” por el ruido de los grilletes.

“Yo tuve grillete durante un año y dos meses. Me los quitaron en diciembre de 1977. Estos grilletes los saco de la ESMA la compañera Alicia Milia de Pirles y me los entregó en el momento que fuimos liberado en Ezeiza. Con Quiroga salíamos a Venezuela y ella para Francia. Me dijo si me lo podía llevar porque tenía miedo que los controles en Europa fueran mas complicados. Hace 34 años que los tengo conmigo…. Además, tenían 2 candados que tenían impreso el escudo de la armada. Estos grilletes para contarles…. Inclusive ya están modificados. Alicia los uso casi mas de un año. En la pecera los forro con una gasa y cinta scotch para que tengan menos efectos sobre la piel”. El testigo temblaba al volver a tener estos grilletes en la mano. “Quiero dárselos al museo de la memoria.”agregó.

El testigo contó ante el tribunal las humillaciones de las cuales había sido victima en la ESMA, el maltrato constante de los represores. Mientras estaba detenido en la ESMA, fue llevado a otro centro clandestino de detención en Bahía Blanca y luego devuelto a la Esma. También recordó a varios de sus compañeros de cautiverio, la solidaridad entre los prisioneros. En la ESMA, conoció a Rosario Quiroga, otra detenida, con quién sale a Venezuela en enero de 1979.

Rosario Quiroga declaró el viernes sobre su cautiverio en la ESMA. Ella había sido secuestrada en Uruguay antes de ser llevada a la ESMA. El marido de Rosario había sido secuestrado antes en Argentina, y murió en la ESMA. Rosario relató su secuestro, su cautiverio en la ESMA, recordó a las personas con quiénes compartió el cautiverio. Explicó su perplejidad ante el proceso de recuperación establecido por los marinos. Quiroga pudo obtener una visa para salir del país con el apoyo de Monseñor Graselli quién se convierte en “la persona” que va ayudar a los miembros del grupo de tarea de la ESMA a obtener papeles para salir del país.

Las audiencias siguen el miércoles 4 de agosto a las 10hs, en Comodoro Py 2002.

“Le dicen que ya la van a llevar al médico y así, a la madrugada, la apartan de ese galpón y la acribillan”

Elvira Berta Sánchez de Pérez y Estela Susana Noli prestaron hoy declaración, refiriéndose al secuestro, detención y asesinato de Ana María del Carmen Pérez. Sus testimonios fueron oídos a través de una videoconferencia desde la Cámara Federal de Tucumán.

Sánchez de Pérez, madre de Ana María, vivía en Tucumán. Contó que su hija residía en Buenos Aires, que estaba embarazada y que el 30 de julio de 1976 fue secuestrado su compañero y padre de su bebé, Ricardo Gayá. Relató luego las circunstancias en las que se enteró de la desaparición de Ana María: “El 16 de septiembre, cumpleaños de mi hija, la llamo por teléfono y no consigo respuesta. Tenía fecha para el 30 de septiembre, entonces viajo llevando ropa de bebé. No la encuentro y, entonces, me dice una amiga que había sido detenida”. Durante diez días la testigo concurrió a la maternidad donde su hija se atendía, intentando encontrarla, pero no figuraba en los libros de ingreso ni en la historia clínica. Sin más noticias volvió a Tucumán.
En 1985 Mercedes Vega (ver testimonios del 15 de julio de 2010) le dijo lo que había pasado, que Ana María estaba esposada y el grupo que la había detenido se refería a ella como “esta guerrillera” y que finalmente, ese 15 de septiembre de 1976, “la subieron a un auto verde y se la llevaron”. Relató también que comenzó a buscar a su nieta y luego de contactarse con las Abuelas de Plaza de Mayo sacaron una solicitada en el diario y, en septiembre de 1989, a través de un testigo anónimo que declaró ante la CONADEP, se enteró de todo lo que había sucedido con su hija: contó que la habían secuestrado junto con Gustavo Gayá y que la habían llevado primero a Campo de Mayo y luego a Orletti, que en octubre de 1976 Ana María comenzó con el trabajo de parto y entonces “le dicen que ya la van a llevar al médico y así, a la madrugada, la apartan de ese galpón y es cuando la acribillan”. Finalmente, la testigo relató que cuando la contactó el Equipo de Antropología Forense le comunicaron que también habían encontrado los restos de su nieta.

Noli presenció las primeras horas del secuestro de Ana María. Contó que la madrugada del 15 de septiembre de 1976 ella dormía en el departamento de Marta Vega, a quien había ido a visitar para festejar el cumpleaños de Ana María al día siguiente, cuando comenzaron a golpear la puerta, a patearla y a gritar “¡Abran, abran, policía!”. Relató que ella se levantó, abrió la puerta y vio que “delante de una gran cantidad de hombres vestidos de civil venía Ana María, que estaba esposada y que ellos la empujan para que entrara al departamento”. Explicó que preguntaron por Mercedes Vega y que Ana María dijo que Marta no era su amiga, sino la hermana. Siguió contando que luego comenzaron a revolver el dormitorio, a romper los libros y, mientras tanto, “narraban que venían de un enfrentamiento en Avenida Forest, que acababa de ocurrir, y nos mostraban que tenían manchas de sangre, que era la sangre de sus compañeros que habían muerto.” Allí habían detenido a Ana María, que había intentado escapar por el balcón.

La testigo relató que Mercedes no llegó hasta dos horas después que el grupo se fue, llevándose a Ana María, poco antes del amanecer. “Una vez que se fueron queríamos saber cómo estábamos, es decir, si había gente armada en las escaleras, por lo tanto bajamos, vimos que en la vereda de enfrente había un auto militar con militares, con la ropa de fajina, eran del ejército”.

Finalmente, Estela describió físicamente a algunos de los secuestradores y dijo que por su actitud, una persona parecía ser el jefe: las interrogó, les pidió documentos, se refirió a los otros integrantes del grupo como “estos oficiales” y autorizó a Ana María a ir al baño.
Las audiencias testimoniales continuarán a partir del 4 de agosto, cuando declararán José María Biedma, Berta Schubaroff de Gelman y Macarena Gelman. El tribunal reprogramará las declaraciones originalmente previstas para el 22 de julio.

“Los 15 encapuchados”

Tres sobrevivientes de la ESMA declararon este viernes 16 de julio.

Héctor Piccini, secuestrado a fines de agosto de 1979, junto a su mujer Norma Cozzi, mantenidos en cautiverio en la ESMA varios meses. Ambos ya habían declarado en la causa 13.
Héctor Piccini empezó su relato describiendo el secuestro del que participó el imputado Donda bajo el pseudónimo de Jéronimo y otras diez personas más, armadas y vestidas de civil. Héctor y su mujer fueron llevados a la ESMA donde los interrogaron bajo tortura y luego fueron llevados a Capucha. Ahí conocieron a otros detenidos encapuchados, esposados y engrillados como ellos. El testigo dio una descripción del lugar explicando también que la “alimentación de los primeros meses antes de pasar (al sector) “Cuatro”, era a la mañana un mate cocido con un pan, una naranja y un sándwich de churrasco frio o crudo, como no había calcio en la dieta se les caían los dientes. A mí y a Fernando Brodsky se nos cayó un diente. Cuando pasamos a “Cuatro”, la comida era distinta. Ramón Arditi tenía un sobrepeso considerable cuando lo vi al principio y cuando terminó el proceso había perdido 30 kilos. Creo que también ponían algún tipo de sedante en el mate cocido porque las siestas y las dormidas eran espantosas. Uno dormía 12 o 14 horas.”

Según Piccini, los habían secuestrados para ejercer presión sobre Thelma Jara de Cabeza, tía de su esposa Norma Cozzi, para obligarla a hacer una entrevista para la revista “Para ti” en la que declaraba que no está secuestrada.

Piccini y Cozzi y los otros secuestrados fueron trasladados a la isla “del silencio” en el Tigre hasta que se terminó la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En la isla del Tigre, los detenidos eran sometidos a condiciones terribles de hacinamiento y a la locura de los guardias y los oficiales.

Luego de varios meses, en el marco del supuesto programa de recuperación, empiezan a dejarlos comunicarse con su familia. Piccini explica: “Mis padres vivían en Mar del Plata. Para que no se enterasen que yo había sido secuestrado, me hacían hablar por teléfono una vez por semana y hablar con mi madre para tranquilizarla. Después teníamos salidas alternadas entre Cozzi y yo a la casa de mi suegra donde estaba mi hija. Siempre tenía que quedarse una persona en detención. Uno sabía que si se escapaba el resto en prisión iban a sufrir penas. Huno casos en que nos enteramos que se fugaron. Recuerdo que un preso en la frontera con Paraguay se escapó. No en la época de nosotros, sino anterior. Al grupo en capucha de ese momento se lo mato.”

A continuación declaró Norma Cozzi quien corroboró los dichos de su marido y aportó al debate dos elementos que conservó desde la época de su cautiverio en “Capucha”. La testigo mostró al tribunal una muñeca de trapo que hizo Elsa Martinez “la Gallega” cuando estaba detenida en la ESMA, a cargo del “pañol” (lugar donde ponían las cosas que robaban de las casas de los secuestrados). Esa muñeca de trapo, la testigo se la llevo a su hija de un año cuando los permitían salir a visitar a su familia. Elsa Martinez había hecho dos muñecas más que fueron las que presentaron Laura Villaflor y María Celeste Hazan en su testimonio de abril de 2010. Cozzi también presentó una carta manuscrita donde figura un “versito” escrito por los secuestrados de Capucha para el aniversario de casamiento de Héctor Piccini y Cozzi, el 17 de octubre. Está firmada por los “15 encapuchados”. Hubo un momento de silencio muy grande en la audiencia cuando exhibieron la carta de los “15 encapuchados”. La testigo permitió que otros laleyeran cuando advirtió que ella no podía hacerlo.

Los testigos Piccini y Cozzi declararon sobre los documentos que Victor Basterra sacaba a escondidas de la ESMA, y que permitieron reconstruir el funcionamiento del centro de detención. Piccini declaró que él guardaba estos documentos en su locket del trabajo, cuando Basterra lograba dárselos. En democracia, Victor Basterra llevó estos documentos a la CONADEP.

Tanto Piccini como Cozzi reconocieron fotos de sus compañeros de cautiverio, sacadas del legajo de Victor Basterra.

La testigo Adriana Bello fue secuestrada en la ESMA cuando tenía 20 años. Fue secuestrada junto con Lázaro Gladstein de 22 años. La testigo relató su secuestro, las torturas que padeció y las que escuchó. Fue encargada del “pañol” antes de pasar a “la Pecera” y ser llevada a trabajar al Ministerio de Bienestar. Adriana Bello también evocó a varios de sus compañeros de cautiverio.

“El túnel del tiempo en que uno se tiene que meter. Durante algunos años en dictadura llevaba el tabique en el fondo de mi cartera. Trataba de olvidar, de repararme para poder reconstruirme. Era muy difícil porque todavía hoy uno tiene en la cabeza sonido a grilletes, voces de Capucha. Lo que me pasaba es que no podía contar lo que me había pasado. No tanto por mi propio temor pero porque atemorizaba al que escuchaba. Me tomó un buen tiempo entender que era una sobreviviente. Que todos éramos sobrevivientes de una dictadura genocida que había sembrado el terror. Después, todos entendimos los objetivos de este genocidio. Como se cerraban las fábricas, salud, educación, el hambre de nuestro pueblo y el futuro hipotecado. Fue muy brutal porque nos llevo tiempo recomponernos y encontrarnos con lo que habíamos sido con la culpa además de estar vivos y sin saber a quién preguntar por qué estábamos vivos. En estos 30 años de impunidad fuimos recomponiendo lazos y pudimos ir armando, transformando nuestro relato en acusación, en búsqueda de justicia. La única forma de cambiar el pasado ahora es haciendo justicia. Así que mi pedido es que se haga justicia señores jueces, nada más.” Concluyó la testigo.

Las audiencias siguen el 30 de julio a las 10hs, con el testimonio de Lisandro Cubas y Rosario Quiroga.

“Cuatro Falcon habían pasado y se habían llevado a mi hermano”

Hoy declaró Carlos Francisco Gayá, hermano de Ricardo y Gustavo, quienes estuvieron detenidos en Orletti y fueron posteriormente asesinados.
El testigo comenzó explicando que el 30 de julio iba a ver a Ricardo, pero su madre lo llamó: “cuatro Falcon habían pasado y se habían llevado a mi hermano”. Ella se había cruzado con Ricardo y sus secuestradores en el ascensor y ellos habían dicho “ya le va a explicar, señora”. Como en aquel entonces Ricardo trabajaba en la policía federal, su madre no había notado nada extraño.
Por otra parte, contó que Gustavo fue secuestrado en su departamento el 14 de septiembre alrededor de las 20 hs., junto a Ana María Pérez que estaba embarazada, por un grupo de personas armadas con fusiles, algunos civiles y otros de fajina. Explicó que, a través de un comisario amigo de su padre (quien también era comisario), se enteró que habían declarado la zona liberada. Carlos recordó: “subí a ver cómo estaba el departamento el día posterior, estaba agujereado a balazos (…) y la portera me hizo subir temblando de verme”, “…a mi hermano lo hirieron, se quiso tirar del sexto piso al cuarto para huir…”.
Relató también que, a través de los testimonios de otras personas detenidas, entre ellas los amigos de sus hermanos, Oscar Nannini y Oscar Gómez, pudo enterarse de los tormentos que sufrieron en Orletti. Refirió especialmente que ellos recordaban que Gustavo tenía un balazo en la pierna y un insoportable olor a podrido porque tenía gangrena.
Explicó que estuvo 15 años sin saber nada, hasta que lo citó el Equipo de Antropología Forense en la década de 1990 y se enteró de las circunstancias de la muerte de Ricardo, Gustavo y Ana María. Contó también que en los últimos 34 años juntó testimonios y se presentó a hacer diversas denuncias.
Las audiencias continúan el 21 de julio a las 10 hs. con las declaraciones por videoconferencia de Elvira Berta Sánchez de Pérez y Estela Susana Noli.

La “paloma” de la Unidad 7

por Marcos Salomón, desde Resistencia.

En la audiencia del día 15 de julio declararon Jorge Giles, Eusebio Esquivel, Juan Carlos Goya y Jorge Migueles.

Comenzó Jorge Giles, periodista y escritor. Relató las últimas horas de las víctimas de la Masacre, que fueron sacadas de la Unidad Penal 7, para llevarlos a ser torturados en la alcaidía policial, subidos a un convoy militar para ser trasladados a Formosa, y fusilados en el camino, cerca de Margarita Belén, fraguando un intento de fuga, un 13 de diciembre de 1976.
El testigo relató que, mucho antes de diciembre, los presos políticos alojados en el penal federal ya sabían analizaban el peor de los escenarios, por tres razones: en primer lugar, por una radio escondida clandestinamente, se habían enterado de fusilamientos de presos políticos aplicando la Ley de Fugas; luego, por el traslado que había sufrido Néstor Sala a Formosa, torturado en el camino hacia allí para luego ser devuelto a la U 7; finalmente, por el traslado del misionero Miguel Sánchez en el baúl de un automóvil, cuyo cadáver entregaron a su familia tiempo después.
Pero, en realidad, el dato preciso lo dio un suboficial del Servicio Penitenciario Federal, quien le entregó a Giles un papel con la lista de presos políticos que iban a ser ejecutados, en una fecha aún no precisa, esquela que en la jerga carcelaria se denomina “paloma”.
El listado, de más de 20 personas, era encabezado por Sala y el propio Giles, así como también Aníbal Ponti, figuraba en la nómina. Sin embargo, ambos se salvan del traslado. Ese domingo 12 de diciembre, el Ejército rodeó la U7 e, inesperadamente, llegó el oficial Casco, de la guardia dura, que no debía estar de turno. Fue el propio SPF el que dio la noticia. Y fue Giles quien debió despertar a Sala, que estaba durmiendo la siesta en su celda, para comunicarle el traslado.
Antes de que los trasladados abandonen el pabellón, el testigo junto con Miguel Bampini trataron de pedir explicaciones. Pero no hubo respuesta, la orden estaba dada y el macabro plan de traslado ya estaba pergeñado. Y fue en ese momento, en que se produce la histórica despedida de Sala, que ya ha sido mencionada en varios testimonios anteriores: “Compañeros, sé que este no es un traslado más, es un traslado hacia la muerte. Les pido que le cuenten a mis hijos, a mi esposa, a mi pueblo que muero con dignidad.” “Libres o muertos, jamás esclavos”.
Entonces, los presos políticos llenaron la U7 con la Marcha Peronista, mientras veían como Sala se iba saludando con la V de la victoria. “No había sensación de miedo, sino de perdida”, recordó Giles, visiblemente emocionado.
La noticia del supuesto enfrentamiento del 13 de diciembre, se enteran por la radio clandestina, sintonizando una emisora brasileña: “Cada uno había perdido 10, 20 kilos, no estábamos en condiciones ni de jugar un partido de fútbol, mucho menos de intentar una fuga”, relató.
Más adelante, Giles tuvo la oportunidad de denunciar la Masacre ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). También lo intentó hacer ante el ex juez federal de Resistencia Luis Ángel Córdoba, pero éste se limitó a decir: “No es mi competencia”. Ya en democracia, con las leyes de impunidad y los indultos mediante, llevó la denuncia ante el juez español Baltasar Garzón.

El médico cirujano Jorge Migueles, relató una “confidencia”, como él mismo la calificó que le había contado el ex obispo de Goya, monseñor Devoto, que visitaba a presos políticos en las cárceles. “Voy a contar algo que me relató en una reunión con sus allegados más íntimos: durante una visita a presos políticos lo obligaron a desnudarse durante la requisa”, contó Migueles, un secreto develado para demostrar las duras condiciones carcelarias de la dictadura cívico-militar. Migueles vio cómo torturaban a dos víctimas de la Masacre de Margarita Belén: Arturo Franzen y Patricio Blas Tierno. “No entiendo por qué tanta saña contra ellos. A Franzen lo torturaron cinco veces más que a mí. Y a Tierno, diez veces más”, afirmó.
Ya en la U7, Migueles fue alojado en el Pabellón 3, donde compartió celda con otra víctima de la Masacre: Mario Cuevas, que “tenía muchas dificultades para caminar por los golpes y las picaneadas en las piernas”.

Otro de los testigos fue Eusebio Esquivel, quien fue detenido el 28 de julio de 1976, cuando hacía poco tiempo había sido dado de baja en el servicio militar, al que fue voluntariamente (en ese momento era obligatorio). Lo llevan a la Brigada de Investigaciones, le sacan la venda y en los calabozos pudo ver a Tierno, Manuel Parodi Ocampo, Franzen, Luis Barco y Cuevas, “que tenía una herida de bala en la pierna derecha, donde lo picaneaban”. Y los ubica en la sala de tortura a dos de los imputados: Luis Alberto Petetta y Aldo Martínez Segón.
Ya en la alcaidía policial de Resistencia, Esquivel vio muy golpeados a Lucho Díaz, Fernando Piérola, Roberto Yedro y se entera que Néstor Sala está en un calabozo, herido de un bayonetazo.
Tras conocer la noticia de la Masacre, los presos políticos “realizamos una jarreada” (golpear los jarros de metal contra los barrotes). “Motín”, murmuró uno de los imputados. Los mandaron a callar y así Esquivel pudo finalizar su relato.

Finalmente, declaró el testigo Juan Carlos Goya, quien vio a varias víctimas de la Masacre durante su detención en la Brigada de Investigaciones: “Observé violar, barbaridades, sólo por la ineptitud de estos personajes para establecer una investigación, como no pudieron, recurrieron a la tortura”.
Ya en la U7, comparte celda con Arturo Franzen, uno de los fusilados en la Masacre. Goya, lo tuvo que ayudar a preparar sus cosas para el traslado. Pos 13 de diciembre, cuando se enteran de la matanza, a la hora del almuerzo: “Nos paramos sobre nuestras sillas de cemento y cantamos el Himno”, recordó, porque “eso fue un genocidio”, señaló.

“Sabemos que sos un perejil, pero bueno, te llamás Santucho”

El TOF 1 escuchó hoy los testimonios de Mercedes del Carmen Vega, Blanca Rina Santucho y Julio Santucho.

Vega era amiga de Ana María del Carmen Pérez, detenida en Orletti aproximadamente 20 días y luego asesinada. Mercedes contó que se conocieron cuando eran chicas en Tucumán y que, luego de mucho tiempo, se reencontraron en Buenos Aires en agosto de 1976. Recordó que Ana María estaba muy triste en aquel momento porque su novio había desaparecido y que trató de acompañarla y asistirla en todo lo que fuera necesario. Por eso, cuando Ana María fue detenida el 14 de septiembre siguiente, llevaba en su cartera el número de teléfono de la hermana de Mercedes, Marta Josefina del Valle Vega. El grupo que la detuvo la llevó, entonces, al domicilio de Marta, donde pasaron toda la noche esperando la llegada de Mercedes.

Mercedes relató que llegó al departamento de su hermana entrada la mañana del 15 de septiembre y notó la presencia de un Falcon en la puerta, con dos personas adentro y otra que conversaba con ellos desde afuera. Sin embargo, el grupo que secuestró a Ana María ya se había ido y Mercedes encontró a su hermana y su amiga Noli, quienes le relataron lo ocurrido. Recordó que su hermana estaba muy enojada, lo que le permitió contarle lo sucedido en el momento, mientras que Noli estaba aterrada y no le salían más palabras que “no sabés lo que fue”, “no sabés qué miedo”. Contó que la banda estaba armada y que Ana María estaba esposada hacia atrás, que corrían, gritaban, que rompieron la casa y robaron cosas. Refirió que a Marta la acusaban de comunista y que, al encontrar libros en alemán, le decían “aquí está lo que está escrito en clave” y también le preguntaban por las armas. “Todo era como absurdo, eran observaciones que no tenían asidero.” Recordó: “Mi hermana lloraba mucho, se había sentido muy violentada. Y sobre todo estaba el tema de Ana María que se la habían llevado, que estaba por parir.” Luego contó que cuando salió del departamento estaba aún el Falcon, que permaneció ahí por un tiempo, sin que ningún vecino se atreviera a preguntar quiénes eran. Recién a comienzos de la década de 1990 tomó conocimiento de las circunstancias del asesinato de Ana María. Mercedes también expresó que “estas cosas producen laceraciones muy fuertes internamente y uno trata de vivir sin que estas cosas impidan la vida, entonces el dolor acompaña y nada más…”.

Cada uno a su turno, Blanca Rina Santucho y Julio Santucho relataron las circunstancias del secuestro de sus hermanos Carlos y Manuela y de la esposa de Julio, Cristina. Contaron que a través del testimonio de los compañeros de trabajo de Carlos, se enteraron que la tarde del 13 de julio de 1976 un grupo de personas fue a buscarlo, en su horario de trabajo, a la sede de Aceros Atlas en Recoleta, pusieron a varias personas contra la pared y se llevaron a Carlos.
Luego contaron que esa noche también fueron secuestradas Manuela y Cristina que estaban en su departamento junto a su amiga Alicia D´ambra y con tres niños pequeños, dos hijos de Cristina y uno de Manuela, que se quedaron con un vecino hasta que los pasó a buscar Nélida Gómez de Navajas, la madre de Manuela. Julio refirió que los vecinos vieron a dos personas vestidas de uniforme participar del operativo.
Manuela, Cristina y Carlos fueron llevados a Automotores Orletti. Blanca recordó: “Con Carlos se ensañaron en el primer momento, lo hicieron objeto de burlas, de amenazas, (…) lo torturaron desde el primer momento, se rieron de él, el trato más despectivo que se pueda imaginar”. El 19 de julio de 1976 trascendió la noticia de la muerte de Mario Roberto Santucho ocurrida durante un enfrentamiento armado y, esa misma noche, fue asesinado Carlos. Al respecto Julio dijo que por medio de Horacio Rodríguez Larreta, quien estaba en Orletti en ese momento, se enteró que a Carlos “…le decían ´sabemos que sos un perejil, pero bueno te llamás Santucho”, recordó también “esa maldad de obligar a mi hermana a leer la noticia en el diario donde se anunciaba la muerte de mi hermano Roberto”. Blanca explicó que ellos se enteraron de la muerte de Carlos mientras estaban exiliados en París, a través del periódico Le Monde.
Siguieron explicando que unos días después Cristina, Manuela y Alicia fueron trasladadas al Vesubio y luego al Pozo de Banfield y que, según el testimonio de Adriana Calvo de Laborde, el 21 de abril de 1977 se llevaron a Manuela y Cristina junto a otras personas. Recordaron ambas siguen desaparecidas y Julio dijo que, hasta el día de hoy, siguen sin saber con certeza si su compañera Cristina estaba embarazada al momento de su secuestro y si alguna vez dio a luz.
Blanca y Julio también recordaron todas las gestiones realizadas a través de las organizaciones de derechos humanos para encontrar a sus familiares, tanto mientras estuvieron exiliados como a su regreso al país. Julio contó que salieron a denunciar el secuestro con todos los medios a su alcance a todos los que estuvieron dispuestos a recibir las denuncias.

“Era un verdadero infierno”

Beatriz Aisemberg inauguró la audiencia del 15 de julio de 2010. La testigo se refirió a la desaparición de sus dos hermanos Luis Daniel y Ariel Aisemberg, ambos vistos en la ESMA. Hoy permanecen desaparecidos.

Luego declaró la periodista Miriam Lewin que fue detenida por un grupo de la fuerza aérea y mantenida totalmente aislada en una celda durante diez meses antes de ser llevada a la ESMA, donde fue obligada a trabajar en “la Pecera” haciendo traducciones de artículos periodísticos sobre Argentina en el exterior. Lewin no solo fue testigo de las condiciones de detención en la ESMA, y pudo recordar a muchos de sus compañeros de cautiverio, sino que también destacó el rol político de Massera y la campaña de desinformación desarrollada por la junta para mejorar la imagen de la Argentina en el exterior.

La testigo declaró sobre el mundial de 1978: “El día que Argentina salió campeón eran exultante. Lo consideraron como una victoria política, porque había habido una gran campaña. Nos sacaron a festejar, por avenida Maípu. Había gente gritando “los Argentinos somos derechos y humanos”. Nosotros al estar secuestrados y sabíamos (…)que aquí en Argentina si nadie se daba cuenta de los que pasaba, íbamos a tener dictadura durante 40 años mas.”. Miriam Lewin fue obligada a seguir trabajando en libertad vigilada hasta el año 1981.

Miriam contó que Scheller decía ser su responsable y que “era un centro de recuperación y que era una guerra donde había muerto lo mejor de la juventud argentina”. “Entendí que no era un centro de recuperaciones pero si un centro de trabajo esclavo, que lo que hacían era recuperar las habilidades de los secuestrados para el plan político de Massera. Massera tenía la intención de convertirse en presidente de Argentina. Habiendo muerto Perón en el 74, la intención era convertirse en el presidente argentino, y usar la materia gris de los secuestrados para promover esta candidatura” explicó la testigo. Además, gregó que, “mientras estábamos allí trabajando y se pretendía que era un centro de recuperación y rehabilitación se sucedían los secuestros que se producían a cualquier hora del día. Al sótano nos bajaban encapuchados por la escalera donde nos cruzábamos con otras personas. Una vez pude ver una sotana mientras bajaba. Abajo nos hacían cerrar las puertas y se escuchaban sesión interrogación bajo tortura. Era un verdadero infierno. Después de la tortura, los secuestrados eran llevados a Capucha. Gracias a tolerancia algunos de los guardias, a veces nosotros nos acercábamos y tomábamos contactos con los recién secuestrados que terminaban en general en los traslados.”

“A pesar de gritos de dolor teníamos que fingir que no pasaba nada. Porque cualquier simpatía con el que era torturado era interpretado en un gesto que no estábamos en proceso de recuperación”.

Miriam Lewin también se refirrió a la presencia de mujeres embarazadas en la ESMA y recuerda haber visto a Juan Cabandié en los brazos de su madre, recién nacido, en la ESMA.

Miriam evocó también la persecución judicial de la que fue victima cuando regresó a Argentina en 1985 y empezó a declarar en las causas abiertas por las violaciones de derechos humanos cometidas durante la dictadura. Al final, fue sobreseída.

Las audiencias siguen el viernes 16 de julio a las 10h.

“Libres o muertos, jamás esclavos”

por Marcos Salomón desde Resistencia

El miércoles 14 de julio declararon Carlos Aguirre, vicepresidente del Instituto de Cultura de Chaco, José Niveyro y el concejal por La Matanza Miguel Bampini.

Carlos Aguirre fue detenido de noviembre de 1976 y conducido a la Brigada de Investigaciones. Allí tuvo contacto con Delicia González –una de las víctimas de la Masacre-. Los dejan solos en una pieza y se sacan la venda. La mujer le advierte a Carlos: “Esto viene feo”, por lo que intercambian datos y permite reconstruir la historia de la presa política.
En planta alta, tras varios días sin comer ni beber –bajo amenaza de que iba a ser torturado-, Aguirre pide agua. La única mano solidaria es la de Carlos Zamudio que le regala un yogurt.
En tanto, por relato de su padre, Iramo Regis Aguirre, que fue detenido junto con Manuel Parodi Ocampo (otro fusilado), los torturadores ya conocían perfectamente los nombres de los integrantes de la organización Montoneros.

Carlos Aguirre logró identificar a María Julia Morressi, quien desde una de las celdas cantaba: “Escríbeme con tintas de violetas en un papel de amor color ausencia…”. Desde una celda individual, Fernando Piérola (fusilado el 13 de diciembre de 1976 y continúa desaparecido) dice: “escuchen es para mí”. Por otra canción, en este caso “Adiós ciudad de Mercedes”, identifica a Luis Alberto “Lucho” Díaz (víctima de la Masacre), entre otras cosas, porque era el tema que siempre interpretaba en las peñas universitarios. Además, es el único que logra identificar a Ema Cabral (otra de las mujeres asesinadas cerca de Margarita Belén) en la Brigada de Investigaciones. Además, se cruza con Roberto Yedro, a quien lo habían vestido como un capitán de marina.
El 4 de diciembre, es trasladado en la alcaidía policial, donde comparte celda, entre otros con Leguizamón, pareja de Delicia González. Este correntino, sale libre el 14 de diciembre de 1976, es decir un día después de la Masacre y nunca vuelve a encontrarse con su compañera. En ese lugar, también ve cuando bajan desde los calabozos de planta alta a Reinaldo Zapata Soñez (también víctima de la Masacre). A esa altura del cautiverio, “Piérola no podía caminar por las heridas en los tobillos. Así que para fugarse no podía correr ni un metro”, sentenció.
Tras describir la situación de la tortura en la alcaidía, previo al traslado, vuelve a verlo a Yedro. Ésta vez era llevado por un militar hacia su celda. Ya el día lunes, en el cambio de guardia –que son muy chusmas y hablan de trabajo y otras cosas- escuchamos que de la golpiza participaron los militares: (Luis Alberto) Patetta, Rennes Athos y (Aldo) Martínez Segón” todos imputados en la causa.

Miguel Bampini, por su parte, mientras se encontraba alojado en la Unidad Penal 7, compartió celda con dos de las víctimas de la Masacre: Néstor Sala y Manuel Parodi Ocampo. Por aquel entonces, los detenidos conversaban sobre los tiempos difíciles que se venían. De hecho, un oficial del Servicio Penitenciario Federal de apellido Casco anticipó la tragedia: “Si a Sala lo trasladan nuevamente, no vuelve”, recordó Bampini. Por relato de otros presos políticos, también supo que “un penitenciario entregó un papelito con un listado de presos políticos que iban a ser fusilados, encabezada por Néstor”. Todos los vaticinios se cumplieron el día 12 de diciembre, cuando trasladan a presos políticos de la unidad. Ese día, Casco le dio la opción de que los nombrados salgan por su propia voluntad o el Ejército, que rodeaba el penal, iba a ingresar. Bampini contó que Sala salió por sus propios medios, pero antes se despidió de los compañeros diciendo que “éste es un traslado hacia la muerte” y que “como militante peronista iba a morir dignamente”. Tras pedir que cuenten su historia a sus hijos, largó la frase que lo inmortalizó: “Libres o muertos, jamás esclavos”.

Las audiencias continuarán el jueves 15 a las 8.30, se espera que declaren Juan Carlos Goya, Jorge Giles, Eusebio Esquivel y Jorge Migueles.

Audiencia 55º – Declaró el Gendarme Torres.-

El miércoles 14 de julio declaró Omar Torres quien se desempeñó como gendarme en la guardia externa del Olimpo desde julio hasta diciembre de 1978. El Sr. Torres refirió que dentro del centro vio como traían personas con vendas en los ojos y escuchó cómo eran torturadas. Contó que en el Olimpo se desempeñaban los imputados Cardozo, Pereyra Apestegui, Rosas, Guglielmineti, Simón, Avena y Del Pino; entre otros represores que no están imputados en la presente causa o no están identificados.
Por otro lado, hizo referencia a los traslados de detenidos, al respecto contó que las personas seleccionadas eran inyectadas dentro del centro, subidas a camiones semidesnudos y descalzas; y que se rumoreaba que eran arrojadas al mar. Así también, hizo referencia a la denominada masacre de la calle Belén, contó que pudo ver a los cuerpos de Lucila Révora y Carlos Fassano y que habrían sido incinerados.
Por último, se le exhibieron fotografías de los imputados en los que reconoció a varios de ellos.
Hacia el final de la audiencia el colectivo “Justicia Ya”, integrante de la querella, solicitó la ampliación de la acusación conforme el art 381 del Código Procesal Penal (CPPN) por los casos de violación y por los casos de las víctimas que declararon durante las audiencias que no son casos en el presente juicio.

Audiencia 54º – Declaró Hebe Margarita Cáceres detenida desaparecida del “Banco”.

El día 13 de julio declaró Hebe Margarita Cáceres por videoconferencia desde Madrid, España. Hebe militaba en Resistencia Libertaria (RL) en La Plata y estaba afiliada a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). El 6 de junio fue secuestrada con dos compañeros de militancia, Juan Zottarel y Jorge Marín. Todos fueron trasladados al CCDT Banco donde fueron sometidos a torturas.
Hebe relató en la audiencia los tormentos a los que fueron sometidos, específicamente hizo referencia a las agresiones sexuales y violaciones de las que fueron objeto principalmente las mujeres, a su entender: “…yo sé que en el Banco la agresión sexual, especialmente a la mujer, fue sistemática; yo no entiendo de leyes pero sí entiendo que tiene que ser un delito aparte…”.
Por otro lado, contó que dentro del campo estaban detenidos desaparecidos varios de sus compañeros de militancia como Pablo Daniel y Rafael Tello, sus esposas, Mariana Arcondo y María Del Carmen Rezzano; Rufino Almeida y Claudia Estévez; Edison Cantero Freire; Oscar Elicabe Urriol, entre otros.
Por último, expresó: “…les pido justicia, por favor nos la merecemos; llevamos muchos años exigiéndola… no hay manera de cerrar estos períodos sin justicia…”.
Se dispuso un cuarto intermedio para mañana a las 9 hs.