20 meses de cautiverio: Gaspari cuenta y trae los tabiques de la ESMA

El ahora periodista Juan Gasparini presentó ante el tribunal un extenso testimonio sobre su cautiverio de 20 meses en la esma. Su testimonio fue completado por investigaciones periodísticas del testigo, en particular en cuanto a la detención de Jorge Caffatti y la venta de bienes de los detenidos desaparecidos.

Gasparini, que ahora se llama Gaspari – luego de unos trámites legales para conseguir la ciudadanía italiana de su abuelo – empezó su relató con su secuestro y el operativo en el que falleció su mujer Mónica Jáuregui. El testigo interpeló directamente al imputado Rolón, sentado en el banquillo detrás de su abogado Dr. Solari. Como siempre, el imputado Cavallo seguía escribiendo detrás de su computadora. Gasparini contó la tortura psicológica de los captores que lo amenazaban además con dar a sus hijos para adopción.

A continuación Gasparini explicó: “empecé a tener una vida dentro de este centro clandestino de detención. Dormíamos en un lugar llamado Capucha. Ahí estábamos con la vista tapada. Yo me traje de recuerdo de la ESMA, el tabique que usé durante 20 meses de cautiverio”.

Agregó el testigo “Capucha era el tercer piso donde la gente dormía. Si tenían que interrogarte te sacaban de la capucha. Estabas obviamente engrilletado. Tengo el recuerdo de los grillos en la ESMA desde enero 77 hasta diciembre del 77 que Pernías dio la orden de que me sacaran los grillos. Uno estaba todo el tiempo con estos grillos incluso durmiendo. Te lo sacaban para lavarse o ducharse. Subir la escalera del sótano a capucha con los grillos puestos. El ruido. Cada vez que siento ruido de cadena en cualquiera circunstancia de vida posterior se produce un flash de recuerdo.”

El testigo evocó a varios de sus compañeros de cautiverio. También evocó el secuestro de las monjas francesas y contó haberse encontrado en los baños de la ESMA con la hermana Alice Domon. Se refirió también a las detenidas embarazadas con quién compartió cautiverio en la ESMA.

Gasparini también evocó conversaciones con el represor Acosta revindicando la formación francesa en Argentina de las técnicas de lucha contra “la subversión” en Indochina y Argelia.

El testigo Gasparini tuvo que acompañar a sus captores a Uruguay, al momento del secuestro de rosario Quiroga, Pisarello, Jaime Dri. Para Gasparini, la fuga de Maggio fue realizada a partir de la lectura de un libro en cuanto a la fuga de detenido en la segunda guerra mundial, en un negocio que tenía dos entradas/salidas.

Cabe señalar que desde hace unas semanas, el tribunal siempre advierta al público la prohibición de expresar algún tipo de aplauso o sentimiento en la audiencia.

La audiencia sigue mañana viernes a las 10hs.

“Veía que era un viaje sin retorno, sin saber lo que nos iba a ocurrir”

Hoy declararon Beatriz Inés Castellonese Techera y Alberto José Mechoso Castellonese, esposa e hijo de Alberto Mechoso Méndez, que estuvo detenido en Automotores Orletti y, posteriormente, Julio César Barboza Plá, soldado de tropa que desarrolló tareas en el SID.

Beatriz relató que el 26 de septiembre de 1976, por la tarde, un grupo de personas que se dio a conocer como “policía uruguaya” rodeó su domicilio en Villa Lugano. Explicó que en total eran más de 20 personas, aunque ingresaron 4 ó 5 y le dijeron que se quedara tranquila, “que ya habían agarrado a mi marido que era lo que querían”. Su hijo Alberto, quien por entonces tenía 6 años, reconoció en su testimonio a algunas de las personas allí presentes como Gavazzo, Arab y Cordero. Refiriéndose al primero, quien “llevaba la voz cantante”, dijo que “tenía total impunidad” y que “cuando entró a casa ya tenía puesto el reloj de mi padre”. También contó que subieron a la terraza y mataron a su perro.

Beatriz y sus hijos fueron llevados detenidos a una casa y custodiados por dos argentinos. La testigo preguntó a los represores por su marido a quien más tarde llevaron allí: “ya estaba golpeado, demacrado, con ropas que no eran de él”. Él le explicó que el lugar donde estaban era donde antes vivía Sara Méndez. Luego los separaron y la llevaron, junto a sus hijos, a Aeroparque. Allí estaba Elena Laguna con sus 3 niños. Alberto recordó un momento antes de subir al avión: “nos dijeron que si decíamos algo nos bajaban” y agregó que él “veía que era un viaje sin retorno, sin saber lo que nos iba a ocurrir”. Todos fueron trasladados a Uruguay, donde fueron mantenidos en cautiverio hasta el 5 de octubre.

Barboza Plá explicó que en marzo de 1976 ingresó al SID como soldado y permaneció hasta agosto de 1977, con un puesto administrativo “que allí se llamaba escribiente”. Su tarea consistía en confeccionar las requisitorias que luego se leían en los medios, pero explicó que eventualmente también lo obligaban a hacer “algunas tareas que ellos llamaban operativas, que incluía estar de guardia en algunas de las cárceles clandestinas”. Refirió que estaban bajo el control del Departamento 3 del SID, a cargo de Octavio González y, luego, de Rodríguez Buratti.

El testigo contó que en el invierno de 1976 llegaron al local de Punta Gorda camionetas y camiones con un contingente de detenidos que, por comentarios de otros integrantes del SID, se enteró que eran traídos de Buenos Aires. Estuvieron un tiempo allí y después los trasladaron a Boulevard Artigas y Palmar. El testigo reconoció como parte de ese grupo, entre otros, a Sara Méndez y Sergio López Burgos. Relató que, en la planta superior del centro de Boulevard Artigas, vio a una joven embarazada y a dos niños. Al hablar con el niño, le dijo que el nombre era Anatole y el de su hermanita, Victoria. A la joven volvió a verla meses después, cuando ya había dado a luz. Recordó que “una noche estaba ella sola, no había ningún otro detenido (…) Rodríguez Buratti y Arab se la llevaron a ella y a su bebita que estaba en una canastita, y Arab comentó ´a veces hay que hacer cosas jodidas´ “, “con el correr del tiempo identifiqué que era María Claudia García Irureta Goyena, la nuera de Gelman.”

Recordó que “muchos de ellos llegaban con heridas, lastimaduras, ojos vendados, esposados”. Siguió relatando que “cuando los tenían a todos reunidos en una habitación grande (…) Gavazzo, que venía a ser el segundo al mando del Departamento 3, les habló de forma muy intimidante, diciéndoles que estaban en manos de fuerzas de seguridad, que debían comportarse, y los amenazó”, “les habló tratando de hacerles creer que habían cambiado de manos, que estaban en manos de otras fuerzas de seguridad, que no eran los mismos que los habían traído, como que los habían traído y los habían entregado a otros”.

El testigo luego relató que el grupo estuvo detenido hasta fin de año, cuando “se armó un operativo para blanquear la presencia de ellos en el Uruguay, mediante el cual se fingió detenerlos, utilizando para eso a muchos soldados y oficiales que se hacían pasar por los de la identidad de los detenidos, que alquilaban piezas de hotel, o alquilaban un chalet en el balneario (…) para justificar la presencia de ellos en Uruguay. Y luego se hizo un proceso en la justicia militar, por el cual ellos pasaron a ser presos oficiales (…) Se los presionó para que firmaran actas confesando delitos por los cuales se los podía procesar”.

Barboza Plá también relató que Arab viajaba permanentemente a Buenos Aires, “venía cada dos semanas o cada diez días, aparecía por allí, estaba un día y se volvía a ir”. En una ocasión también viajo el cabo Soca, “drácula”, de quien recordó el comentario “de cómo lo afectó eso que vio o hizo en Buenos Aires”

El testigo manifestó también que “con el correr del tiempo uno se arrepiente de cosas y piensa por qué no habré hecho esto, por qué no habré hecho lo otro, en ese momento yo era muy joven, tenía mucho miedo…”

Crónica de un día maldito

por Marcos Salomón, desde Resistencia

La 30va audiencia del juicio por la Masacre de Margarita Belén contó con tres testimonios: el desahogo del ingeniero Juan Carlos Carrera, que en diciembre de 1976, estaba haciendo el servicio militar obligatorio con 27 años (por las sucesivas prórrogas); el ex preso político Rodolfo Bustamante, con un relato lleno de entereza e inmensa dignidad; y el Policía Federal (R) Juan Carlos Camino, cuyo recuerdos causaron rechazo generalizado en el público.

Carrera contó su historia por primera vez ante cualquier instancia judicial. Fue como una liberación, un devolver con palabras el silencio de casi 34 años. Justificó su falta de precisión en el tiempo transcurrido, y sobre todo, en el proceso de negación que hizo durante todo este tiempo, al punto de sólo hablar del tema con algún amigo íntimo, pero nunca ante un juez, mucho menos ante un soldado, cuando él era colimba.
Si bien no precisa fecha, quedó tácitamente aceptado que el 13 de diciembre, por la tarde, cuando su jefe lo envió a llevar una nota a un jerarca militar, se topó con el peor día de su vida, uno de esos que no se pueden olvidar jamás.
Casi llegando a destino, dentro del predio que ocupaba el Regimiento de Infantería VII en la Liguaria), se topó con un Unimog: de la caja del vehículo militar tiraron al piso tres cuerpos semidesnudos, “en slip, en paños menores”-, sucios y con impactos en el pecho, recordó.
Uno de esos cuerpos era Julio “Bocha” Pereira, su amigo, compañero de pensión y de estudios. “Tuve que disimular mi cara, como si nada hubiese pasado”, señaló tras ver el cuerpo del formoseño que pocas horas antes había sido una de las víctimas de la Masacre de Margarita Belén.
El “Bocha” había viajado a Formosa para casarse. Ese mismo día, es detenido, torturado y, finalmente, fusilado el 13 de diciembre de 1976. Cuando Carrera lo vio en el piso muerto, maldijo el día (el 13, de la yeta), y de inmediato comenzó un proceso de negación, ocultamiento y miedo.

A pesar de haber sufrido un Accidente Cerebrovascular (ACV), Rodolfo Bustamente encaró con total valentía y entereza su testimonio. Entre el público, su familia seguía con absoluto nerviosismo todas las instancias, su esposa quebró en llantos en un momento.
El talón del pie derecho subía y bajaba al compás que marcaba el nerviosismo de Rodolfo, que, sin embargo, aportó dos datos fundamentales: lo ubicó a Eduardo “Lalo” Fernández en la Brigada de Investigaciones, entre noviembre y diciembre de 1976.
La reconstrucción de la Masacre, sitúa a “Lalo” como una de las víctimas de aquél 13 de diciembre de 1976. Entre el público, Juan Carlos Fernández, coordinador del Registro Único de la Verdad (RUV-Casa por la Memoria), escuchaba la breve historia de su padre.
Otro de los datos, también vio en las mazmorras de la Brigada de Investigaciones a Juan Carlos Noriega (desaparecido en Tucumán), hermano de Nora Noriega, otra posible víctima de la Masacre de Margarita Belén.
Y en su periplo por la alcaidía vio cómo sacaban de una celda a Carlos Zamudio para llevarlo a torturar al comedor, nuevamente arrastrado hacia la celda para volver a llevarlo al infierno del comedor. Después, lo trasladan a Formosa, para fusilarlo cerca de Margarita Belén, aunque su cuerpo apareciera días después en Posadas (Misiones) enfriado y con una historia distinta.

“Más terror era que te dejaran vivo y te hicieran una tortura permanente, un sufrimiento letal, que quebraba con todo lo que podía ser el ser humano”

Hoy declaró Rafael Michelini Delle Piane, actualmente Senador de la República Oriental del Uruguay, hijo del Senador Zelmar Michelini y hermano de Margarita Michelini Delle Piane. Su testimonio comenzó con una explicación del contexto político en Uruguay desde finales de los años 60 hasta el golpe de estado de 1973. El testigo refirió que existió una persecución intensa contra su familia y, al respecto, explicó que la primera en ser apresada, en 1972, fue su hermana mayor, Elisa. Posteriormente, en el año 73, se exilió su padre en Buenos Aires y 3 años más tarde, en mayo de 1976, apareció muerto, luego de lo cual sus hermanos Cecilia y Zelmar (h) se exiliaron en Europa. El testigo explicó que su hermana Margarita, junto a su esposo Raúl Altuna y su hijo Pedro, se quedaron en Buenos Aires. El 13 de julio de 1976 Margarita y Raúl fueron secuestrados por “un grupo paramilitar, uruguayos y argentinos”, comandado por Gordon y Gavazzo. Pedro, que tenía un año y medio, fue dejado en un departamento del edificio. Sólo los cuatro hermanos menores se quedaron en Montevideo, “tratando de sobrevivir”.

Michelini explicó que recibieron versiones contradictorias sobre el destino de Margarita. La primera información concreta que tuvieron fue a través de sus hermanos exiliados que fueron contactados por Enrique Rodríguez Larreta cuando fue liberado y viajó a Europa. Por otra parte, su madre había comenzado a realizar denuncias internacionales para encontrar a su hija y su yerno. Entonces, en diciembre de 1976, Gavazzo y otro militar uruguayo se presentaron en su domicilio para hablar con ella y decirle que no hiciera más denuncias. Además, llevaron a Margarita y a Raúl para que los vieran y corroboraran que estaban vivos. El testigo recordó: “Tal era la impunidad que para decirle a mi madre y a mi que mi hermana estaba viva, la trajeron a mi propia casa (…) no tenían ningún problema en reconocer que habían secuestrado, los habían tenido en Orletti, los habían traído en el hoy denominado primer vuelo”, “había una especie de chantaje, no explícito, que la vida de ellos dependía del comportamiento de mi madre”.

Michelini también se refirió al caso de Sara Méndez, que se había exiliado junto a Margarita y habían sido secuestradas el mismo día. El hijo de Sara Méndez, Simón Riquelo, tenía 22 días de edad en ese momento y, durante muchos años Sara no supo cuál había sido su destino. El testigo explicó que “la causa de encontrar al hijo de Sara se convirtió en una causa nacional en Uruguay, por lo menos de las organizaciones de derechos humanos”. Siguió contando que a finales del 2001, luego de varios intentos fallidos por encontrar a Simón, él recibió información de lo que había ocurrido y se contactó con Osvaldo Parodi, quien había sido subcomisario de la Comisaría 33. Después de una larga conversación, Parodi reconoció que su hijo adoptivo, a su entender, sin lugar a dudas, era el hijo de Sara Méndez. A partir de allí comenzó el proceso de análisis, que confirmó sus sospechas, y luego gradualmente Sara y Simón recuperaron el contacto.

El testigo describió aquella época: “el terror era caer detenido y que rápidamente te asesinaran, o más terror era que te dejaran vivo y te hicieran una tortura permanente, un sufrimiento letal, que quebraba con todo lo que podía ser el ser humano, incluso obligándote a delatar a seres queridos (…) o a inventar información o dar información con tal de aliviar circunstancialmente el sufrimiento”.

“Los conocí en la esma”

Elisabet Turrá fue secuestrada a los 17 años y llevada a la ESMA donde permaneció en cautiverio durante 3 días. En su testimonio, relató las condiciones de detención en la esma: “Estábamos en colchones de goma espuma viejo, sobre un piso de cemento, chapas arribas… Nos hacían orinar y hacer necesidades en un balde. Si uno quería orinar y hacer otra cosa tenía que ser en ese lugar. Yo recuerdo haber orinado y el balde estaba lleno. Era bien feo.”
“Había la radio a todo lo que da. Recuerdo que pasan muchacha ojo de papel. Eso fue terrible porque la gente se quebraba, empezó a llorar todo el mundo. Por lo general la radio andaba a todo lo que da. Voces de la gente alrededor pidiendo cosas, agua o ir al baño. Había gente que se desesperaba y gritaba, iban y le pegaban.”

Había “Gente lastimada. Cuando vi tanta gente, me dije a mi misma, yo de aquí con vida no salgo, segura que me iban a matar. al tomar consciencia que iba a morir, por eso no lloré. Lloré cuando me dijeron que me iban a liberar”agregó.

Elisabet también se refirió a su vida luego de su liberación, lo que significo volver a estudiar y construir un futuro.

A continuación declaró José Orlando Miño sobre su detención en la ESMA. En su declaración evocó varios de los compañeros de cautiverio en la ESMA, entre ellos la Negrita Villaflor, la Gallega, la tía Irene, Fernando Brodsky. Miño también se refirió a la tentativa de secuestro de su compañero PARED. Una vez detenido en la ESMA, Miño fue obligado a vivir en su casa e ir a trabajar en su estudio de arquitecto, acompañado por el Grupo de tarea de la ESMA, hasta ser contactado por PARED. Esta trampa no funcionó y PARED fue detenido en la calle, junto con su mujer, llevados a la esma. Hoy permanecen desaparecidos. El testigo, arquitecto, también explicó que fue obligado a trabajar sobre un proyecto de vivienda para el terreno comprado por uno de los represores en el Tigre.

Por último declaró Estela Fidalgo, cuya hermana Alcira fue detenida y desaparecida en la ESMA. En un relato muy conmovedor, Estela explicó ante la audiencia porque la desaparición de su hermana no podía ser. Porque Alcira siempre fue presente, tras una búsqueda activa y comprometida de sus padres y de ella, la tía Alcira no dejo nunca de existir y estuve en la audiencia más presente que nunca.

Las audiencias siguen mañana a las 11hs.

Cuerpos conservados en frío

por Marcos Salomón, desde Resistencia

Por problemas técnicos para establecer enlace con Córdoba, abrió la ronda de testigos Guillermo Mendoza, médico especialista en Medicina Legal –como él mismo se presentó-, que en diciembre de 1976 firmó el acta de defunción de Carlos Zamudio y de otros dos detenidos políticos: Pedro Orestes Peczak, uno de los fundadores del Movimiento Agrario Misionero, y de la docente Susana Ferreira.
La historia militar de la dictadura, dice que Zamudio –con una pierna rota- se fugó aquel fatídico 13 de diciembre de 1976, desde Margarita Belén hacia Misiones, donde termina muerto en un enfrentamiento en Cerro Moreno, junto con Peczak y Ferreira. La versión de Mendoza es diametralmente distinta.
Mendoza se adentró de lleno en su historia: los militares, con Castex Laprida a la cabeza, lo fueron a buscar a su casa en un unimog, con tres cadáveres “desnudos y colocados uno sobre otro”. Y recordar: “El de Zamudio, fue un caso particular, que me impactó
La pericia la practicó en el hospital Madariaga de Posadas, donde, de inmediato, se percató que “los cuerpos estaban conservados en frío”, en alguna cámara –inhallable en la Misiones modelo 70, salvo en Posadas, pero no estaba a disposición de los militares, aclaró el testigo-.
Para tirar otra pista, basada en sus 37 años como médico: “Es como si los militares los tenían (a los cuerpos) en un lado y los llevaron a otro”. También aseguró que los cuerpos “tenían heridas múltiples”, sin poder precisar la cantidad de balas, pero sí que eran de distintos tipos de armas. En el caso de la docente Ferreira “tenía la cabeza partida como una calabaza con pérdida de masa encefálica”.
No pudo determinar si Zamudio tenía una pierna rota, porque no le practicó una radiografía al cuerpo –prohibido en el Hospital-, pero Mendoza sí pudo señalar sin dudas: “Es evidente que fue un homicidio, un enfrentamiento y homicidio”.

Los miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense: Carlos Vullo y Anahí Ginarte, mostraron la solvencia técnica que de ellos se espera, aunque la defensa intentó orientar las preguntas por el lado de cuestiones de competencia judiciales más que del trabajo de campo que realizaron.
Vullo fue el encargado de restituir dos de las identidades de las víctimas de la Masacre de Margarita Belén. Y Ginarte participó de la exhumación de los cuerpos en el cementerio “San Francisco Solano”, en octubre de 2005, así como del examen que se le practicó en el hospital Perrando.
De probada experiencia en campo, además de participar en la exhumación de los restos del Che en Bolivia, fue parte del equipo del EAAF que tuvo la difícil tarea de identificar los restos de las víctimas en Kosovo.
Ginarte recordó que en uno de los cuerpos de las víctimas de la Masacre, encontró restos de bala, y que, según las pericias, fue muerto por una ráfaga que vino de arriba abajo y de atrás hacia delante.

Cerró la lista de testigos, Germán Bittel, que entre 1983 y 1985 fue diputado provincial y presidente de la comisión legislativa que investigó crímenes de lesa humanidad durante la dictadura militar.
Durante ese trabajo, Bittel –hijo del ex senador Deolindo Felipe- fue uno de los hombres que entrevistó en su lecho de muerte a Eduardo Villasuso, un civil que hacía Inteligencia para los militares que, por una interna entre servicios, terminó ventilando detalles de la Masacre, hasta entonces desconocidos.

“A éste no hay que tocarlo porque es sobrino de un obispo”

Osvaldo tenía 17 años cuando lo secuestraron de su casa en Paraguay y Laprida. Eran los primeros meses de 1978. Osvaldo regresaba del colegio el día en que le pusieron un arma en la cabeza, lo esposaron, le vendaron los ojos y lo subieron a un camión en que “había más gente”, según declaró en la audiencia de hoy, ya que según él, “iban levantando a la gente de la zona”.

En el CCDT, contó que estaban “como animales”, tirados en el piso sin bañarse y orinando en una lata con los gritos de las torturados de fondo.

También hizo referencia al ensañamiento que existía sobre las personas con apellidos judíos.

El recuerdo del Mundial de Fútbol Argentina ’78 estuvo presente a lo largo de todo su relato: “Los argentinos estaban de fiesta”, recordó Osvaldo y agregó que, para los detenidos, la época del mundial “fue terrible”.

También hizo referencia a la noche en la que se estaba festejando la victoria en el mundial y “se decidieron los traslados”. “La famosa noche que gana la Argentina, decidieron a quién legalizarían y a quién no” indicó.

También contó sobre su salida del CCDT y el proceso de legalización: regimiento militar, comisaría, cárceles y Consejo de Guerra.

Osvaldo detalló también sobre lo doloroso que le resultó su posterior exilio y atribuyó a su tío, obispo de la ciudad correntina de Goyael, el hechos de haber sobrevivido: “A éste no hay que tocarlo porque es sobrino de un obispo”, contó que escuchó decir a miembros de la patota. De acuerdo a sus apreciaciones, la intervención de monseñor Pío Laghi y la entrevista de su tío con Videla y otros militares fueron determinantes.

Las audiencias continuarán la semana que viene, los días lunes, martes y miércoles desde las 10 de la mañana.

“Los argentinos tomaban las decisiones”

Hoy declararon María del Pilar Nores Montedónico, quien estuvo detenida en Orletti antes de ser trasladada a Uruguay, y María Susana Conde Martí, esposa de Julio Rodríguez Rodríguez al momento de su secuestro.

Pilar comenzó su extenso testimonio relatando los hechos ocurridos el 9 de junio de 1976, cuando fue secuestrada en un departamento en Buenos Aires que pertenecía al Partido para la Victoria del Pueblo y en el que también habría sido secuestrado Gerardo Gatti, unas horas antes que ella. Contó que dos hombres vestidos de particular le apuntaron un arma y comenzaron a maltratarla y a preguntarle quién era el hombre que habían encontrado antes. Luego la sacaron vendada y la trasladaron acostada en la parte trasera de un automóvil hasta un edificio ubicado en el centro de la ciudad que, ella cree, pertenecía a la Policía Federal. Durante un día y medio fue torturada e interrogada y luego permaneció en una habitación vacía durante dos o tres días más. Pilar explicó que en varias ocasiones mintió a los represores acerca de supuestas reuniones que había concertado en diferentes lugares de la ciudad, entonces dejaban de torturarla y la llevaban allí, pero luego regresaban al edificio y continuaban con los tormentos.

La testigo continuó explicando que luego de dos o tres días la llevaron al centro de detención que luego conocería como Automotores Orletti, aunque mencionó que en aquel momento los represores le decían “El Jardín”. Refirió que hasta ese momento, salvo una visita del uruguayo Manuel Cordero, todos los represores eran argentinos. En Orletti, en cambio, empezó a reconocer voces de ambas nacionalidades. Siguió contando que en cuanto llegaron la llevaron a una habitación y la dejaron tirada en el piso con otras personas y rememoró: “se hablaba muy poco y la gran tensión y el gran momento era cuando se abría la puerta porque iban a sacar a alguien para llevarlo a la tortura, o iban a traer a alguien y a dejarlo ahí tirado”. Mencionó también que desde allí se escuchaban los gritos de las personas torturadas, que “por momentos el mecanismo era poner una radio muy fuerte, pero de todas maneras a veces se escucha por debajo de la radio” y que por el tono de quienes participaban puede afirmar que las torturas eran llevadas a cabo tanto por argentinos como por uruguayos. Pilar también explicó cómo se sentía en ese momento: “parece monstruoso, pero todo lo que pueda ser que una persona fuera torturada en ese momento no me llamaba la atención, era lo que esperaba que ocurriese”.

Con respecto al secuestro de Gerardo Gatti, Pilar contó que durante su detención Cordero le refirió que los represores argentinos estaban intentando canjearlo por dinero y que no tuvieron éxito. Recordó también: “Alguno de los argentinos me dijo en determinado momento que lo estaban deshaciendo, o que estaba deshecho, (…) de la propia barra de secuestradores y torturadores”. Explicó que unos meses después, en Uruguay, cuando Gerardo no llegó con el primer grupo trasladado, fue la primera falta que notó. Aún permanece desparecido.

Además de Cordero, la testigo vio en Orletti a Gavazzo, Vázquez, Maurente y Arab. A todos ellos también los vio durante su cautiverio en Uruguay. Entre los represores argentinos mencionó a “zapato”, una persona de 30 ó 35 años que estaba presente en las sesiones de tortura, a “paqui” y a “el jefe” o “el viejo”, a quien identificó como Aníbal Gordon. Explicó al respecto: “Parece muy claro que trabajaban en conjunto, como si fuera el mismo país, como si no hubiera frontera”, y al ser preguntada sobre quién dirigía el centro de detención, dijo que “los argentinos tomaban las decisiones”. Además, Pilar oyó conversaciones entre los represores en las que hacían referencia a Harguindeguy, por entonces Ministro del Interior, y otras en las que le quedó claro que había un vínculo entre el centro de detención y la SIDE.

Pilar también narró que varias veces la sacaron y regresaron a Orletti. A raíz de esto, recuerda con claridad el pasaje por la vía del tren, la cortina de enrollar que se levantaba y cómo al avanzar el coche pisaba una chapa de metal en el piso. A través de los tormentos aplicados desde el momento de su secuestro, los represores habían forzado a Pilar a darles información sobre el PVP y, por eso, la llevaron dos o tres veces a un departamento en el que había publicaciones políticas de la organización. Otra vez fue trasladada a una escribanía y la hicieron firmar la venta de un inmueble del PVP, que figuraba como propiedad inscripta con un nombre falso que ella utilizaba. Durante toda la operación estuvo el supuesto dinero de la venta sobre la mesa y ella nunca pudo saber en qué medida el escribano participante sabía o no lo que estaba haciendo.

Aproximadamente el 22 de julio Pilar fue llevada a Aeroparque por Vázquez y Maurente y, en un vuelo comercial, fue trasladada a Uruguay. Al llegar, la vendaron y comenzó la etapa en la que permaneció en cautiverio, hasta el 22 de diciembre de 1976, en diferentes centros de detención en Montevideo. Mientras estuvo en la sede del SID, en Boulevard Artigas, un pequeño grupo de represores argentinos efectuó una visita. En los primeros días de octubre se encontró allí con su hermano, Álvaro, quien también estuvo detenido en Orletti antes de ser enviado a Uruguay y que estaba seriamente herido a causa de las torturas. Asimismo, vio a los niños Julien Grisonas y a una mujer embarazada que luego tuvo su bebé, que años después identificó como María Claudia García.

A su turno, brindó testimonio María Susana Conde Martí. Relató que Julio Rodríguez Rodríguez fue secuestrado el 15 de juliio de 1976 en horas de la mañana. Explicó que una de las personas que trabajaba en la misma fábrica que Julio le contó que llegó mucha gente del ejército, que rodearon la fábrica y entraron a buscarlo a él.

La testigo también tuvo contacto con una de las compañeras de cautiverio de Julio, quien le explicó que cuando a ella la liberaron, iba en el mismo auto que Julio y pensó que lo iban a liberar a él también ya que le habían devuelto su documento. Sin embargo, él nunca apareció. Durante los años siguientes, la madre de Julio, Elsa Rodríguez, llevó adelante una gran cantidad de gestiones para denunciar el secuestro de su hijo a nivel internacional.