Madre e hija

Susana Laxague fue detenida junto a su hija, Marina Kriscautzky, y su pareja, Rubén Kriscautzky. Susana y Marina declararon en la audiencia. Rubén se encuentra desaparecido.

La noche del 14 de agosto de 1978 había pasado por su casa la mujer de Hugo Waisman a contarles y advertirles sobre el secuestro de su marido y sobre una “secuencia” de varias detenciones que estaban sucediendo. En la madrugada de esa misma noche una patota se hizo presente.

Susana contó que fue llevada junto a su hija en un auto hacia el Vesubio. En el camino, la caravana de vehículos se detuvo en varias oportunidades, posiblemente para realizar otras detenciones. La testigo relató, entre otras cosas, que en el baño del centro de detención había un libro de Leopoldo Marechal colgado de un alambre para ser utilizado como papel higiénico. También contó que le permitieron despedirse de Rubén.

Las partes le preguntaron a Susana sobre los gritos que se escuchaban en el Vesubio, a lo que respondió: “son recuerdos que he tratado de no tener presentes”. Luego contó que envió varias cartas a distintos obispos por la desaparición de Rubén. Solo uno de ellos le respondió “de manera racional, el resto nos recomendaron que rezáramos”, indicó.

Por último agradeció al tribunal y también el funcionamiento de la justicia, y remarcó la “liberación emocional que sería saber donde están los restos” de su marido.

Luego declaró Marina, la hija de Susana, quien fue llevada al Vesubio junto con su papá y mamá cuando tenía 13 años. Marina relató que también llevó a su perrita, descripción en la que muchos sobrevivientes coinciden.

A pesar de las tres décadas que han pasado, la memoria de Marina sobre aquel momento traumático se conserva intacta. Ella describió con asombroso detalle la ropa que estaba usando aquella madrugada del secuestro, pero aclaró: “todo el recuerdo lo tengo en silencio, como una película sin sonido”, junto a un “recuerdo vago de gritos espeluznantes”.

La audiencia finalizó con el pronunciamiento de la última querella sobre la ampliación de la acusación realizada por el Ministerio Público Fiscal.

Audiencias 75 y 76 – Alegatos de la Defensa Pública Oficial y del Defensor del imputado Del Pino.

El lunes 29 de noviembre continuó la exposición del alegato de la defensa pública oficial. La defensora Blanco descartó la acreditación de más de tres cuarta parte de los hechos y cuestionó la veracidad de testimonios de sobrevivientes. El martes 30 por la tarde culminó la exposición del alegato solicitando la absolución de todos sus defendidos.
Seguidamente, expuso su alegato sobre conclusiones finales el abogado Franco, defensor del imputado Del Pino. El mismo solicitó la absolución de su defendido sosteniendo que se encuentran vulneradas garantías constitucionales como la aplicación de la Ley Penal más Benigna.

Un 29 de noviembre, pero hace 33 años

Eva Reynolso, esposa de Roberto Luis Gualdi, contó como aquella madrugada del 18 de agosto de 1978 golpearon la puerta de su casa y al grito de “policía” un grupo de personas armadas entró, revisó toda la casa y sin ningún tipo de explicaciones se llevó a su marido. Roberto permaneció desaparecido 23 días, luego de los cuales apareció en una comisaría de Villa Insuperable, y de allí fue trasladado a la Unidad 9 de La Plata. Eva murmuró entre lágrimas “la nena lloraba, preguntaba por el papá”.

A continuación, Marta Potenza, hija de Antonio Ángel Potenza, indicó que precisamente un 29 de noviembre secuestraron a su papá, 33 años atrás. Relató en detalle el momento del secuestro y describió que le pusieron un trapo en la cabeza cuando se lo llevaron. Al día siguiente Marta intentó hacer la denuncia ante una comisaría de Merlo pero no se la tomaron y le dijeron “‘este tipo de cosas pasan, tiene que esperar unos días y va a aparecer’”, explicó la testigo y agregó: “nunca más volvimos a ver a mi papa”. Las próximas noticias que tuvo de su padre fueron en el proceso judicial de 1985, pero Marta evitó el contacto con sobrevivientes del Vesubio porque “lo que leí en el diario del Juicio a la Juntas era terrible”, afirmó.

Al finalizar la declaración de los testigos, las querellas pudieron expedirse sobre la ampliación de la acusación realizada por el Ministerio Público Fiscal en audiencias anteriores. Todas las querellas, entre ellas el CELS, adhirieron a lo expuesto por el fiscal y expresaron algunas consideraciones particulares.

Una metodologia del poder

Esteban Mango tenía 14 años cuando fue testigo del secuestro de dos personas en la Iglesia Santa Cruz, el 8 de diciembre de 1977. Ante esta audiencia, declaró por segunda vez sobre este secuestro y la reconstrucción histórica que pudo hacer con los años.

A continuación, Jorge Oscar Pomponi declaró sobre su secuestro en septiembre de 1977. Fue llevado junto con su padre y su cuñado a la ESMA luego de pasar por una comisaría y Campo de Mayo. El testigo explicó que en esa época trabajaban los tres en la Secretaría de Inteligencia Del Estado ( SIDE). Según él, ese secuestro fue una acción intimidatoria dirigida a su padre quién estaba en contra de algunas prácticas de la época. “Lo que siempre me chocó, es que mucha gente dice que no sabía lo que ocurría, cuando era una metodología que estaba en la boca de todos los que tenían poder en esa época”, comentó el testigo.

Las audiencias retoman el 9 de diciembre a las 10hs.

“Los familiares de los desaparecidos también son torturados”

El testigo Rogelio Tomasella evocó el compromiso de Alice Domon en Perugorria antes de que tomase la decisión de ir a Capital Federal. Se refirió a ella como una persona con un carácter coherente, que hablaba poco pero que era una de las que lideraba la iniciativa del trabajo en grupo. El testigo también comentó sobre la represión en la zona de Perugorria antes y durante la dictadura.

A continuación la hija de Azucena Villaflor, Cecilia, declaró sobre la desaparición de su hermano Néstor y de su madre. El 30 de noviembre de 1976 fue secuestrado el hijo de Azucena desde ese momento comenzó la búsqueda del joven que derivó en la creación de “Madres de Plaza de Mayo” en abril de 1977. En una de las rondas que daban las Madres en la plaza, conocieron a “Gustavo Niño” (Alfredo Astiz) quien decía estar buscando a su hermano desaparecido ya que sus padres estaban enfermos y no podían afrontar la búsqueda. La testigo no conoció nunca en persona a “Gustavo Niño”. Cecilia recordó que una noche Astiz iba a ir a dormir a su casa pero su padre se opuso. “Dormir junto a un torturador en la casa debe ser terrible”, comentó Cecilia.

El 8 de diciembre de 1977 fueron secuestradas en la Iglesia Santa Cruz un grupo de las Madres y las monjas francesas. Azucena Villaflor no se encontraba en ese momento en el lugar. Al día siguiente, Azucena hizo todo lo posible para publicar la solicitada que habían elaborado con sus compañeras secuestradas. Ella se enteró de los secuestros en la casa de “Chela” y Emilio Mignone. “se llevaron a un grupo de madres de la Iglesia Santa Cruz, y no se cómo decírselo a tu papá”, le contó , con ojos llorosos, Azucena a su hija Cecilia.
El 10 de diciembre salió publicada la solicitada y Azucena fue a comprar un ejemplar del diario y regresó a su casa. Como notó que estaba mal impreso decidió cambiarlo, le preguntó a su hija que quería almorzar, y salió de su hogar para hacer esas compras.
Azucena fue secuestrada en ese momento. Un vecino y un colectivero que pasaba por el lugar fueron testigos del hecho.. Durante muchos años, no supimos mas nada de mi mama. La testigo cuenta que su padre era quien estaba encargado de la búsqueda de su esposa y su hijo. Con el correr del tiempo el padre de Cecilia enfermó y el 5 de enero de 1981 falleció. Para ella la muerte de su padre estuvo relacionada con la angustia generada por las desapariciones. “Mi papa se muere de tristeza siempre mirando en la puerta de mi casa, mirando para mitre, esperando que vuelva.” Además agregó: “No solo los desaparecidos sufren, los familiares también somos torturados.”

El cuerpo de Azucena fue identificado en el 2005 y sus cenizas llevadas a la plaza de Mayo.

A continuación declaró Patricia Serrano sobre la investigación periodística que realizó sobre la casa que ocupaba Rodolfo Walsh en la localidad de San Vicente antes de desaparecer. Patricia se entrevistó con varios vecinos y trató de reconstruir la vida del periodista en esta casa. Allí Walsh paso los últimos meses antes de su desaparición.

Por último declaró Susana Jorgelina Ramus, sobreviviente de la ESMA. Susana fue secuestrada junto a su suegra, quién fue trasladada a otro centro clandestino de detención. La testigo fue secuestrada en enero de 1977 y compartió cautiverio con varias personas. Así se refirió a las detenidas-desaparecidas embarazadas. Contó haber tenido que acompañar al represor fallecido Daniel Febres para comprar ropa para los recién nacidos.

Susana compartió cautiverio con Norma Arrostito. Así fue testigo de la muerte de “la Gaby”, llevada al hospital naval, donde no la pudieron reanimar.

Luego de varios meses de detención, fue autorizada a ver a su hija y su madre. Mientras estaba detenida en la ESMA, se enteró que había fallecido su padre. Sin embargo, el “Tigre” Acosta le avisó que no expresará ningún sentimiento al respecto. La testigo también evocó las salidas obligatorias con los represores y los “paseos”.

Susana fue liberada pero permaneció vigilada durante varios meses luego de su liberación. En una oportunidad, la citaron en la ESMA con otros secuestrados para amenazarlos de no presentar ninguna denuncia como se había hecho recientemente en Francia por partes de 3 sobrevivientes.

Las audiencias siguen el viernes 26 de noviembre a las 10.

“Vamos que esta vez salimos”

por Marcos Salomón, desde Resistencia

En la trigésimo novena jornada del juicio por la Masacre, se llevó a cabo una inspección ocular en las instalaciones de la U7. Lo que más impresionó en la inspección a la cárcel federal de máxima seguridad, ubicada en Resistencia, fue comprobar que en el Pabellón 1, de donde en 1976 sacaron a Néstor Sala y Manuel Parodi Ocampo para fusilarlos, aplicando la ley de fugas; ahora, en 2010, están detenidos los militares acusados de cometer “homicidio agravado por alevosía y por el número de partícipes y de privación ilegítima de la libertad agravada por el tiempo”.
Conmovió aún más, el certero dato de que uno de los imputados duerme en la misma celda que alojó a Parodi Ocampo, “la segunda o la tercera de la planta baja, mano izquierda” (mirando de afuera hacia adentro, ya que el relato corresponde a uno de los presos políticos que fue testigo durante la inspección).

Los testigos citados para la inspección fueron Eduardo Saliva y el formoseño Julio Coscio, estuvieron en el Pabellón 1, de donde sacaron a Sala y Parado Ocampo; Juan Fernández, Pabellón 2, de donde sacaron a Luis Barco y Patricio Blas Tierno; Jorge Campos, Pabellón 3, donde estaba Mario Cuevas. Mientras que del Pabellón 4 sacaron a Carlos Duarte y Luis Arturo Franzen.
Prolijas y eficientes medidas de seguridad, facilitaron el trámite judicial en la U7. Tras pasar la primera puerta de hierro (superado el acceso), se percibía el olor que aún desprendía la panadería. Tras la segunda puerta, el olor a prisión ya se podía percibir.
En los pabellones 1 y 2 –enfrentados- se notaron los primeros cambios: se realizó un doble enrejado y, sobre la primera reja, se añadió un chapón que cruza los barrotes.
También se dividieron las plantas baja y alta de cada pabellón con un piso que eliminó la comunicación que tenía en la década del 70, y se limitó la extensión de cada pabellón con una pared.
Los presos del Pabellón 2 miraban desinteresados la escena. A los costados de los corredores, en patios internos, otros detenidos aprovechaban el cielo sin rejas. Miraban curiosos a toda esa marea humana que alteró la rutina carcelaria, mientras jugaban al fútbol, caminaban o conversaban.

Mientras en la vereda de la U7 quedó parte del público, del equipo de psicólogas que acompañan a los presos políticos y de los dibujantes de la Casa por la Memoria, puertas adentro, la comitiva se disponía a subir al primer piso del Pabellón 1, que previamente había sido desocupado por el Servicio Penitenciario Federal.
“Vamos que esta vez salimos”, dijo irónicamente “Mencho” Campos antes de subir a la planta alta del Pabellón 1, donde estuvo alojado Coscio. Desde dos ventanas, al final del pasillo, es posible ver el recorrido de los guardias, que en 1976 fue territorio de los militares que retiraron a los presos políticos víctimas de la Masacre.
Después, se inspeccionó otro patio interno, pasando por el sector donde están los presos “en período de prueba y en condiciones de recibir la libertad”.

Terminada la inspección, y ya en el trayecto de salida, la presidenta del Tribunal Oral Federal, Gladis Yunes, anticipó que se dejó sin efecto la declaración del militar Hornos.

“destrozaron a una familia entera”

Mabel Mirna Fernández fue la niñera de José Hazan. Declaró ante el tribunal sobre el secuestro de José y su esposa, Josefina Villaflor, así como los otros integrantes de la familia Villaflor. José y Joséfina habían tenido a Celeste Hazan quién fue llevada con ellos a la ESMA y liberada a los dos días. La testigo evocó las llamadas telefónicas de José y sus visitas: “José vino acompañado de “Serpico” (Ricardo Miguel Cavallo), una persona joven, que no hablaba mucho y que era muy fría”. La testigo reconoció a “Serpico” en las fotos de extradición desde Méjico del ex marino.
Mabel narró una de las visitas de José , especialmente cunado pudieron hablar a solas unos minutos. Él le pidió que cuidara de Celeste. “Le pregunte como estaba, me dijo que estaba bien pero no me voy a olvidar nunca la tristeza de sus ojos”, comentó la testigo y agregó:” Me dijo que no lo esperásemos, podían pasar meses o años”.
El cierre de la declaración de la testigo fue contundente: “ A raíz de toda esta historia el papá de José falleció y el hermano se enfermó de un brote psicótico y la mamá de José tuvo que luchar con un hijo enfermo y un marido que se murió” , y continuó : ”Destrozaron una familia entera y a mi también porque yo tengo problemas de salud a raiz de esto”.

A continuación declaró Alberto “Tito” La Penna, reportero gráfico quién presenció la entrevista de Thelma Jara de Cabezas para la Revista “Para Ti” en 1979. Reconoció las fotos que sacó y que fueron publicados en la revista. El testigo se había quedado impresionante porque era la primera vez que conocía a una mujer que buscaba a su hijo. El artículo sobre Thelma se tituló “habla la madre de un montonero muerto”.

Por último, declaró Alfredo Ayala sobre su secuestro y cautiverio en la ESMA. El testigo relató a su secuestro como un operativo de gran magnitud, con helicópteros y una gran cantidad de personas. En ese hecho también fue secuestrada su compañera, quién no tenía nada que ver con la militancia de Alfredo. Ella permaneció más de un mes en cautiverio. Alfredo fue obligado a realizar trabajos de construcción y de carpintería dentro de la ESMA y al exterior. Así fue llevado a la Isla del Silencio en el Tigre para la reparación de las dos casas donde fueron llevados los detenidos al momento de la visita de la Comisión Interamericana a la Argentina. El testigo también contó como montaron una empresa de construcción destinada a reparar las casas robadas por el grupo de tarea de la ESMA. El testigo también fue obligado a trabajar sobre la reparación y la construcción del sótano de la ESMA y de la parte llamada “El dorado” y “los Jorges”.

En su declaración Alfredo se refirió a varios compañeros de cautiverio. También evocó las salidas obligatorias a las que eran llevados algunos detenidos, las visitas a la familia.

Las audiencias siguen mañana a las 10.

Audiencia 73 y 74 Comenzó el alegato de la Defensa Pública Oficial

El martes 23 comenzó el alegato de la Defensa Pública Oficial. Durante el mismo la defensora Blanco solicitó la absolución de los imputados por entender que existía cosa juzgada material, o en su caso que algunos imputados estaban amparados por la garantía del ne bis in idem (prohibición de doble juzgamiento), o estaba extinta la acción penal ya fuera por la amnistía o la prescripción de la acción; entre otros. Así también, solicitó diversas nulidades ya sea por supuestas violaciones de garantías o por la supuesta indeterminación de los hechos en los alegatos de las acusaciones o contradicciones en los mismos. Al día siguiente, continuó el alegato de la defensora Blanco y también se expresó el defensor Finn por la masacre de la calle Belén. La defensora Blanco terminó solicitando la absolución de los imputados descartando la acreditación de cada hecho, analizó más de 60 entendiendo que sólo 2 pueden ser considerados probados. Si bien se vuelve sobre argumentos poco novedosos y ya resueltos por la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (que la defensora pretendió desestimar), lo destacable es lo pormenorizado del análisis de la prueba y lo llamativo son ciertos ataques a las otras partes y ciertas expresiones o gestos por demás criticables, como por ejemplo hacer el gesto de comillas para referirse a los desaparecidos ( sin que quede claro si niega su existencia o si sabe dónde se encuentran los 30 mil compañeros que el propio Videla denominó desparecidos). El lunes 29 la defensa continuará con el análisis de los hechos, entre otras cosas como la eximente de contexto histórico que promete….

Una audiencia: un testigo experto militar, un militar, y dos sobrevivientes

Con un testimonio de más de cinco horas, José Luís García declaró como testigo experto militar. Además de una larga carrera en el ejército y como profesor de la Escuela de Defensa Nacional durante 14 años, el testigo también tiene una larga carrera como experto militar desde el juicio a las juntas en 1985. En la actualidad, García declaró como experto en el juicio de Fujimori en Perú, declaró en el Salvador en el juicio contra un ex presidente, en Estados Unidos y en Haití.

En la audiencia García explicó el concepto de doctrina nacional basado sobre el miedo a la invasión marxista. “Todo eso creó un gran pandemonio en toda la región que afectó a la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños.” Y agregó: “Yo termine mi carrera militar violentamente por sublevarme contra dictadura de Lanusse.” También se refirió a la Masacre de Trelew como una gran vergüenza.

García se refirió a la división del país en zonas de represión y explicó el concepto de “cadena de mando”. El testigo desarrolló las diferencias entre una organización militar y una civil. Dentro del concepto de cadena de mando explicó que él como comandante tenía una responsabilidad, dentro de las fuerzas armadas se puede delegar todo, menos la responsabilidad.
El coronel retirado explicó la influencia de la Escuela de las Américas donde se enseñaba la tortura, la desaparición de personas. También hizo referencia al rol de Francia en la enseñanza de tecnicas de lucha contra guerrillas urbanas, tal como lo habían hecho en Argelia e Indochina. “No es que fue un coronel a tomar clases allá: vino la misión francesa”, explicó García por haber vivido esa época y haberlo visto por sus propios ojos. A la pregunta del defensor privado Dr Solari “¿Sabe si los militares franceses fueron juzgados por francia?”, el testigo contestó: “Algunos fueron juzgados, otros perdonados, otros mandados a la argentina”.

A continuación declaró Norma Suzal, sobreviviente de la ESMA, sobre su secuestro a los 17 años, junto con otros amigos del secundario. Algunos de ellos continúan desaparecidos. La testigo fue secuestrada tres días, de los cuales dio un relato muy preciso y conmovedor. Ella explicó que durante su cautiverio se encontró con Ricardo Domici quien era el novio de su hermana. Dominici le contó hace unos años que la persona que la ingresó a la ESMA fue “el tigre” Acosta. Su ex cuñado también le contó como ella forcejó con sus los guardias. “Yo no recuerdo, que me quisieron manosear, toquetear y que me defendí con patadas y creo que a partir de ahí me llamaron por nombre de hombre. “, explicó Norma que creía haber estado paralizada totalmente durante su detención..
Norma Suzal comentó que no pudo terminar el colegio secundario aunque soklo le faltaban 4 materias para terminar.” no pude atravesar la angustia que me producía volver a ese colegio, terminar el secundario me llevó 25 años
Norma simpre quiso ser actriz pero los institutos estaban intervenidos además el secuestro le dejó secuelas y temores que le dificultaron alcanzar esa profesión. “Yo soy actriz, yo logré igual cumplir algo de los sueños que tenía antes de que los hechos ocurrieran solo que todo fue con muchísimo trabajo mucho esfuerzo, mucha terapia, muchísima.”
Norberto Ramón Varela, capitán de navío retirado fue a declarar citado por el Dr. Solari para la defensa del imputado García Velazco. Varela era destinado al Servicio de Inteligencia Naval entre el año 76 y 79, como jefe de la división de acción psicológica. Sostuvo que esta división no tenía nada que ver con la lucha contra la subversión y que las cámaras de fotos servían para la diversión del personal del SIN. También dijo conocer a todos los imputados pero negó tener una amistad con ellos. Una casualidad que ese testigo tenga que declarar luego del testigo García quién insistió mucho sobre “ la imposibilidad de delegar la responsabilidad” a dentro de la cadena de comando militar.

Por último declaró el periodista Oscar Jorge Serrat por haber sido secuestrado y llevado a la ESMA en noviembre de 1977. El testigo fue interrogado por haber sido garante de una amigo para el alquiler de una casa en el Tigre. Esta casa era la de Rodolfo Walsh. El testigo se negó a convencer a su amigo Pablo Giussani para quién había sido garante, de volver a Argentina, a pedido de sus secuestradores. El testigo fue liberado. Al ser liberado se encontró con la compañera de Rodolfo Walsh, Lilia Ferreyra y le dijo que estaba buscada por los mismos que lo habían secuestrado.

Las audiencias siguen el próximo miércoles 24 de noviembre a las 10.

“Fue una masacre”

por Gonzalo Torres y Marcos Salomón, desde Resistencia

En la audiencia del 18 de noviembre declaró José María Romero, venido de Buenos Aires para relatar los pormenores del “Nunca más” chaqueño, el Informe de la Comisión de Derechos Humanos de 1985 sobre las torturas, los asesinatos y las desapariciones en la provincia, “realizado en condiciones de extrema humildad, con muy poco presupuesto y con la reticencia a colaborar por parte de la policía de ese entonces” según relató el testigo en la mañana de ayer, después de aclarar que participó en la citada comisión movido por “profundas convicciones personales”, las cuales se vieron amargamente confirmadas cuando después de recolectar un sin número de testimonios y documentales llegó a la conclusión de que “lo ocurrido el 13 de diciembre de 1976 en Margarita Belén fue una masacre” .

El otro testigo de la fecha, Justo Perini, (convocado por la defensa), no fue encontrado.

El tribunal decidirá si le toma o no declaración al coronel (re) Manuel Hornos el jueves 25, en su domicilio de Paso de la Patria después de leer el informe elaborado por el equipo médico de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la salud mental del militar, ex jefe del Destacamento de Inteligencia 124 durante la dictadura. El estado mental no es el único obstáculo para la declaración de Hornos; podría ser citado como imputado por la comisión de crímenes de lesa humanidad en la causa residual del actual proceso y figura en el requerimiento de la Fiscalía.
Se lo señala como uno de los ideólogos y planificadores de la Masacre, en tanto era una las máximos autoridades militares en el área militar 233, (Resistencia y su zona de influencia). Por si esto fuera poco, en la etapa residual de la causa Caballero se lo acusa de la desaparición del matrimonio Pedro Morel – Sara Fulvia Ayala en 1977.