Visita al lugar donde todo comenzó

Por Gonzalo Torres

La audiencia n ° 47 de la Causa Masacre de Margarita Belén se realizó durante la mañana de ayer en la Alcaidía, donde el tribunal que integran Gladys Yunnes, Ramón Luis Gonzáles y Eduardo Belforte (sustituido para la ocasión por el cuarto juez Aldo Alurralde) realizó una inspección ocular en el pabellón que habitaron los presos políticos, el comedor y las oficinas de ingreso al penal.

Durante poco más de una hora jueces, fiscales, querellantes, defensores y militares imputados recorrieron los oscuros pasillos de la Alcaidía siguiendo el relato de cuatro testigos presentes en el presidio la noche del 12 de diciembre; los ex detenidos políticos Carlos “Ratón” Aranda, Víctor Fermín Giménez, Roberto “Patón” Greca, y el guardia cárcel Juan Ramón Rodríguez Valiente.

Al finalizar el recorrido por la Alcaidía la jueza Yunnes solicitó a los abogados de la Subsecretaría de Derechos Humanos – querellante en la causa en representación del Estado provincial- y a los fiscales que tomen medidas para solucionar el mal estado de las instalaciones.

La recorrida comenzó a las 9.30, con el testimonio de Juan Ramón Rodríguez Valiente, quien formó parte de la guardia cuya jefatura recaía en el oficial Chejolán. Según los testimonios de ex detenidos, esa era la guardia “blanda” o legalista, en comparación con la patota de torturadores que lideraba el sádico Octavio Ayala.

Rodríguez Valiente describió la ubicación de la “oficina de mayoría”, donde se tramitaba el traslado de detenidos, a la izquierda del hall de ingreso y el lugar donde funcionaba el “economato” una sala que era destinada a la requisa de mujeres.

En esa oficina el 13 de diciembre de 1976 Rodríguez Valiente realizó junto con Luis Alberto Patetta las formalidades para el traslado de los presos políticos y su entrega al convoy militar.

La comitiva continuó la recorrida sobre los pisos embarrados del penal. A partir de aquí tomaron la posta Carlos Aranda, Víctor Giménez y Roberto Greca, quienes describieron las instalaciones del pabellón de los presos políticos, y del comedor de la Alcaidía, donde tuvo lugar durante la noche del 12 de diciembre la paliza con la que comenzó la Masacre de Margarita Belén. “Nos ingresaban de manera muy violenta”, contó Aranda.

El “pabellón” es un pasillo angosto que separaba en esos años celdas con puertas de reja, enfrentadas y numeradas del 1 al 16, y los baños al fondo a la derecha. A unos escasos metros de la reja de ingreso estaba el comedor, un galpón amplio con techos altos y mobiliario de cemento. La cercanía es tan estrecha que es imposible no haber escuchado desde los calabozos la paliza de la guardia de Ayala a los detenidos que luego fueron fusilados esa misma madrugada en la ruta 11.

El 2 de marzo se realizará la inspección ocular en el regimiento Grupo de Artillería 7, en la Liguria: se sospecha que podría haber funcionado un centro clandestino de detención en sus instalaciones. Según testimonios de ex conscriptos los oficiales habrían reunido los cadáveres de los asesinados el 13 de diciembre durante una arenga en un playón. La fecha será el término de la recepción de testimonios y el comienzo de la lectura de la parte documental de la causa, cada vez más cerca de una sentencia.

Testimonio del ex jefe de la armada

Rodolfo Palacios inauguró la audiencia de hoy con su testimonio sobre el secuestro de su prima y sus tíos, todos integrantes de la familia Lennie. Muy conmocionado, Palacios contó que tenía 14 años al momento de las detenciones. “Todo ocurrió en enero del 77. Entró mucha gente armada. A la abuela y a mí nos llevaron a la cocina y nos tiraron al piso. No podíamos levantar la cabeza. Estuvimos un buen rato ahí. Después nos encerraron en un baño. Cuando salimos nos dimos cuenta que se habían llevado a Sandra, Nilva y Santiago”, dijo el testigo.

Tiempo después sus tíos Nilva y Santiago fueron liberados. Sandra, su prima, permaneció detenida unas semanas más. A la pregunta sobre las secuelas que dejó ese evento en su vida y la de su familia, contestó Rodolfo: “Mis tíos están insanos en este momento. Con demencia senil. Están muy mal los dos. Sé que mi prima tiene graves problemas físicos. Para mi fue muy traumático. Después de ese hecho hice casi 17 años de terapia. Fue muy chocante. Mi familia quedo en parte destruida”.

El fiscal le preguntó al testigo por Maria Cristina Lennie. “Era mi madrina. Tengo muchos recuerdos de ella. Hay varios regalos que me dio cuando chico y que todavía guardo: cuadros, dibujos…”, señaló Palacios.

A continuación declaró Carlos Guillermo Ceffaratti, encargado del arsenal naval Azopardo durante los años 1979 a 1980, quien habló sobre el pedido de pase a Capital del imputado Capdevilla.

Por último, declaró el ex jefe de la armada Ramón Antonio Arosa. El testigo afirmó haber sido el que envió a Rolón a la ESMA, aunque negó haber tenido conocimiento de los objetivos de ese traslado.

También se refirió a la infiltración en el grupo de familiares de la Iglesia Santa Cruz. Según el ex militar, se trató de una operación de inteligencia “exitosa”. El único error que se cometió, para el testigo, fue haber enviado de nuevo a Astiz para que infiltrara otro grupo de familiares en París, lo que hizo que fuera reconocido por sus actuaciones en Buenos Aires.

Arosa conoció a Astiz desde muy joven, cuando jugaba al voley en Puerto Belgrano. Lo volvió a ver de más grande, ya cuando estaba en la armada, y posteriormente defendió su asenso ante el presidente Alfonsín.

Durante el interrogatorio, el fiscal le preguntó al testigo si era posible que un superior desconociera durante años los “excesos” que cometían sus subordinados. Arosa respondió que habría que mirar cada caso concreto. Agregó que las fuerzas armadas estaban en la obligación de respetar la constitución y las leyes y que fue un gobierno democrático el que ordenó la aniquilación de los “subversivos”.

El fiscal volvió a insistir y le preguntó si conocía qué tipo de tratamiento establecían los planes de la llamada “lucha contra la subversión”. Arosa insistió en que habría que mirar cada caso concreto. “¿Sabe si contemplaban la tortura?, ¿el alojamiento en condiciones infrahumanas?, ¿la violación?, ¿el asesinato y desaparición?”, repreguntó el fiscal. Ante cada cuestionamiento el testigo respondió “no”.

Las audiencias siguen el jueves 3 de marzo a las 9h30.

Dos testigos sobre el secuestro de Jalics y Yorio

María Estévez inauguró la audiencia de hoy con su relato sobre la destrucción de la casa de Rodolfo Walsh en San Vicente. Varios vecinos del periodista ya declararon sobre ese hecho, incluyendo el marido de la testigo, Horacio Herrera.

A continuación Rodolfo Yorio, hermano del sacerdote secuestrado Orlando Yorio, declaró por primera vez ante la justicia. Orlando explicó como se enteró de la desaparición de su hermano, ocurrida el domingo 23 de mayo de 1976. Para esa época, Orlando venía teniendo problemas con las autoridades eclesiásticas, quienes criticaban su compromiso social en la villa del bajo flores.

Orlando Yorio y Francisco Jalics fueron secuestrados y mantenidos en cautiverio hasta el 23 octubre de 1976. La familia de Yorio se enteró de su secuestro a través de una llamada telefónica. A partir de ahí empezó la búsqueda sin éxito del paradero los sacerdotes. Por alguna extraña razón que no pudo recordar el testigo, al día siguiente ya sabía que su hermano estaba en la ESMA.

Al ser liberados 5 meses después, las víctimas confirmaron haber sido detenidos en ese centro clandestino y en una casa en Don Torcuato.

Por último declaró Silvia Guiard, quien fue secuestrada junto con un grupo de catequistas en la villa del bajo flores, el 23 de mayo de 1976. Silvia conocía a Orlando Yorio y Francisco Jalics, ya que pertenecía a una agrupación de jóvenes que realizaban tareas sociales en esa villa. La testigo relató con muchos detalles su cautiverio de 24 horas en la ESMA y su reencuentro con Orlando Yorio luego de su liberación.

Tanto Rodolfo Yorio como Silvia Guiard mencionaron el clima amenazante que vivían los sacerdotes antes de ser secuestrados y su posterior expulsión de la Compañía de Jesús.

Las audiencias siguen el próximo miércoles 23 de febrero a las 10hs.

Un fotógrafo y un testigo de la defensa que no vino

Hoy declaró Oscar Palma, fotógrafo de Santa Teresita. El 21 de diciembre de 1977 aparecieron varios cadáveres sobre una de las playas de ese lugar. El testigo, quién colaboraba con el recién creado destacamento de policía de la localidad, presenció el hallazgo de los cuerpos y saco fotografías que luego entregó a la policía.

Las víctimas fueron enteradas como N.N en el cementerio del general Lavalle. Luego, en 2005, fueron identificadas como Ángela Auad, Azucena Villaflor de De Vincenti, Esther Ballestrino de Careaga, María Eugenia Ponce de Bianco y Léonie Duquet.

El testigo Gastón Manuel Sunblad, citado por la defensa del imputado Capdevilla, no se presentó al tribunal para declarar. El fiscal Pablo Ubiña solicitó que no declare bajo juramento para evitar su auto incriminación, ya que considera que hay elementos de prueba de su colaboración con el grupo de tarea de la ESMA. Como sucedió anteriormente, el tribunal rechazó su pedido.

Las audiencias siguen mañana a las 9h30.

Alegatos

Mañana, viernes 18 de febrero, a partir de las 10 hs. el CELS comenzará su alegato en esta causa.

Luego de seis meses de audiencias testimoniales, la semana pasada comenzaron los alegatos. Hasta el momento, tuvieron lugar los alegatos de las querellas representadas por Gonzalo Romero y por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Margarita Belén rompió con la “paz idílica” que se vivía en Chaco

por Chaco día por día, desde Resistencia

El ex interventor militar de la provincia durante la última dictadura, Oscar Zucconi, aportó su testimonio. Desde su casa en el barrio porteño de Caballito, el coronel retirado dijo que siempre creyó la versión del enfrentamiento hasta que se enteró de la verdad por boca del ex jefe del Jefe del Estado Mayor General del Ejército, Ricardo Brinzoni. “Me dijo que sólo un pelotudo podía pensar que lo de Margarita Belén fue un enfrentamiento y no una masacre”, relató Zucconi.

El testigo, que también fue ministro de Gobierno del Chaco durante la dictadura, declaró ante una comitiva de la que formaron parte el juez del Tribunal Oral Federal, Eduardo Belforte, su secretario, Francisco Roldán, el fiscal ad hoc, Carlos Amad, representantes de la querella y de la defensa.

En otro pasaje de su declaración, el testigo indicó que se enteró por primera vez de la masacre por radio, pocas horas después de ocurrido el hecho. En ese momento se sintió muy acongojado, no por que hayan muerto brutalmente tantas personas de manera totalmente clandestina, sino porque ese hecho podría generar una desestabilización en una sociedad chaqueña que, según sus palabras, disfrutaba de una paz idílica durante los años de plomo. “Cuando me enteré de lo de Margarita Belén me dio mucha bronca y tristeza”, declaró Zucconi.

Por otra parte, el testigo negó haber realizado un viaje en helicóptero sobre la zona en donde posteriormente se produjo la matanza de los presos políticos. Dijo que se realizó un rastrillaje por el lugar pero que él no participó. Para Zucconi, quien era responsable de los “presos políticos” era el jefe de área, el ya fallecido Jorge Larrateguy.

Esas declaraciones contradicen lo que consta en el Informe Final de la Legislatura Chaqueña, realizado en la década del ‘80, y en la investigación realizada por la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep). Según esos documentos, días antes de la masacre, Zucconi, el gobernador Facundo Serrano y al jefe de Policía provincial Wenceslao Ceniquel sobrevolaron en helicóptero “el teatro de operaciones” donde finalmente fueron fusilados al menos 22 presos políticos en un supuesto intento de fuga.

En 1989, durante el gobierno de Carlos Menem, Zucconi fue indultado a través del decreto 1002 en la causa 23.175 de la Cámara Federal de Apelaciones de Resistencia donde estaba acusado (junto al fallecido genocida, Jorge Larrateguy) por los delitos de apremios ilegales, violación calificada y privación ilegítima de la libertad de la ex presa política Nora del Valle Giménez de Valladares. A pesar de que los indultos fueron declarados inconstitucionales por la Corte Suprema de Justicia en agosto de 2010 Zucconi todavía sigue libre.

El desafío de querer contar: ser periodista durante la dictadura

El periodista y escritor Uki Goñi declaró ante el tribunal sobre la infiltración de Alfredo Astiz en el grupo de familiares de la Iglesia Santa Cruz. Para esa época, el testigo trabajaba como periodista en el diario Buenos Aires Herald, junto con Robert Cox.

Goñi ingresó en la redacción a fines de abril 1977 y fue asignado a la sección de noticias argentinas. “Eran dos mis labores: traducir al inglés las noticias sobre Argentina y escribir notas sobre Estados Unidos. Al poco tiempo de empezar a trabajar, comenzaron a acercarse las madres al diario. Yo era de familia argentina y hablaba mejor español que otros periodistas, así que era el encargado de hablar con ellas. Era una tarea cotidiana”, contó el periodista.

Rápidamente el Herald se convirtió en la principal fuente de noticias de lo que estaba ocurriendo en el país. En un relato muy conmovedor, Goñi explicó como conoció también a los jóvenes que acompañaban las madres: Horacio Elbert, Angela Aguad y Raquel Bulit. También estaba Julio Fondevila, cuyo hijo estaba desaparecido. Goñi se encontraba con estos jóvenes en el Bar Comet, cerca del diario.

El testigo se refirió también a las amenazas que recibían en el diario de manera cotidiana. “Vivíamos bajo un terror y pánico absoluto”, contó Goñi. Robert Cox, editor del diario, fue secuestrado y llevado a la Superintendencia de seguridad federal hasta que fue liberado por la presión internacional.

El Buenos Aires Herald fue uno de los pocos diarios que publicó las solicitadas de las madres y que realizó artículos sobre la desaparición de sus hijos. “Para una navidad en paz” fue el título de una de las últimas solicitadas publicada en el diario la Nación a pedido del grupo de Santa Cruz antes de que fueran secuestrados.

Las audiencias siguen el jueves 17 de febrero de 2011, a las 10hs.

Declarar luego de 30 años de silencio

Luego de 30 años de silencio, José Quintero declaró por primera vez en un juicio oral. En un testimonio conmovedor y preciso evocó su secuestro y cautiverio en la ESMA desde el 15 de noviembre de 1979 hasta marzo de 1980. “Es una cosa que he tratado sistemáticamente olvidar y me cuesta mucho volver a esa época”, advirtió. El testigo se refirió a la situación dominante de los represores. “Era algo irreal que se escapa de todas mis posibilidades de comprensión. Se creían eternos, permanentes. La condición de dueño y adueñado estaba muy clara”, agregó Quintero.

El testigo contó el episodio doloroso del secuestro de Graciela Alberti, en una ciudad de la costa de la provincia de Buenos Aires. “Se sabía cuándo se torturaba. No se podía salir en esos momentos y el nivel de la música se elevaba. Entonces ahí se escuchaba el ruido terrorífico de la corriente eléctrica interfiriendo las ondas de radio. Se podía sentir la picana como si la tuviéramos nosotros mismos. Eso sucedió con Graciela”, recordó Quintero.

En una oportunidad, el testigo pudo conversar con Graciela, quien permanece desaparecida. “Un día me llevaron a la sala de torturas para verla. Me sonrió, me reconoció y hablamos un poco”, señaló Quintero. Para explicar que hoy el testigo pudiera hablar por primera vez de su cautiverio, dijo que el miedo sigue estando pero con la edad se diluye. “Además, mis hijos que ya están grandes me dijeron ‘hacelo viejo’”, agregó.

A continuación declaró Manuel Tomé sobre la presencia de Carlos Capdevilla en el arsenal naval de Azopardo en 1978.

Por último declaró el vicealmirante de la armada argentina Argimiro Fernández. Pese a las objeciones del ministerio público fiscal y las otras querellas que consideraban que no podía declarar como testigo por su pasado comprometido en la armada, el ex militar decidió hablar. El testigo había sido citado por la defensa del imputado Pernías, quien asistió a su declaración junto con el imputado Scheller.

Fernández explicó en varias ocasiones que existían órdenes verbales en la época de la dictadura y que nunca vió nadie desobedecerlas. Sin embargo, el testigo fue confuso y evasivo cuando se le preguntaba sobre los límites de las ordenes en el marco de la dictadura y cuándo se podía considerar una orden como ilegal.

El querellante Luis Zamora pidió la detención inmediata de Fernández por falso testimonio. Sin embargo, el tribunal no permitió que se exhibieran los documentos que permitían mostrar la contradicción del testigo y postergó el pedido de Zamora para el momento de la sentencia.

Las audiencias siguen el viernes 11 de febrero a las 10hs.

Declaración de Marie Monique Robin

por Gonzalo Torres, desde Resistencia.

La periodista francesa Marie Monique Robin, autora del documental “Escuadrones de la muerte, la escuela francesa”, declaró en la causa por la Masacre de Margarita Belén en la primera audiencia de juicio después del receso de verano.

Robin dio un relato pormenorizado de la capacitación en contrainsurgencia –que incluía secuestros, torturas y desapariciones- brindada por militares franceses a sus pares argentinos para la diagramación del plan de exterminio iniciado a partir del 24 de marzo de 1976. En esa estrategia se insertan el fusilamiento del 13 de diciembre y los vejámenes a detenidos políticos perpetrados en la Brigada de Investigaciones y la Alcaidía.

Marie Monique Robin entrevistó en 2003 a encumbrados jerarcas de la dictadura militar como Gennaro Diaz Bessone y Albano Harguindeguy. Logró que ellos le revelaran el asesoramiento recibido por parte de militares franceses veteranos de la guerra de Indochina y la ocupación en Argelia. “Todos son muy conscientes de lo que hicieron y están convencidos”, señaló.

Parte de estas entrevistas se proyectaron durante la audiencia, momento en el cual los imputados Simoni, Riquelme y Carnero Sabol pidieron permanecer en una sala contigua, por lo que en el banquillo de imputados quedaron Guillermo Reyes, Luis Alberto Patetta y Alfredo Luis Chas.

“Las entrevistas se pasaron por Telefé en 2003 y tuvieron gran repercusión. Era la primera vez que militares argentinos reconocían que el Terrorismo de Estado fue un sistema planificado, que no hubo excesos”, manifestó la testigo.

Durante su investigación, Robin comprobó que los franceses enseñaron lo que en esos años de guerra fría y movimientos de liberación nacional era un nuevo concepto: la guerra antisubversiva, una confrontación sin frente de operaciones definido, con mayor protagonismo de la retaguardia, es decir de la población en desmedro de las tropas regulares.

Este nuevo tipo de guerra se sostuvo en tres ejes:
1- La zonificación del territorio y el absoluto control por parte de las fuerzas militares.
2- Las detenciones masivas y la concentración de los detenidos de manera clandestina.
3- La tortura como la piedra angular de las operaciones militares, encubierta con el eufemismo de “tareas de inteligencia” y la posterior desaparición del secuestrado a manos de “escuadrones de la muerte” que arrojaban al mediterráneo a los argelinos sospechosos de pertenecer al Frente Nacional de Liberación.

El imputado Horacio Losito siguió los debates por videoconferencia desde el Consejo de la Magistratura en Buenos Aires, donde se recupera de una intervención quirúrgica.

Las audiencias continúan el 16 de febrero, cuando se realizará la declaración testimonial del coronel retirado Oscar Zucconi quien rendirá testimonio desde Buenos Aires.

Testigos de la defensa

El miércoles 9 de febrero declararon dos testigos citados por la defensa del imputado Juan Carlos Rolón. Jorge Alberto Marín, capitán de Navío retirado declaró sobre el destino del imputado Rolón en 1976. Explicó que Rolón había sido destinado en comisión a la ESMA en el mes de noviembre de 1976.

A continuación Raúl Daniel Lózano, capitán de Navío especialista en armas submarinas declaró sobre la presencia del Rolón en la Base del Comandante Espora entre febrero de 1977 y 1978.

Las audiencias siguen el 10 de febrero de 2011.