“Todos admitieron haber disparado”

El día de hoy dio una breve declaración Alberto Silvetti, quien para la época de los hechos se desempeñaba como radio operador en la Base Almirante Zar. El testigo conocía los calabozos donde fueron alojados los 19 detenidos. Según él, el pasillo que separaba ambas filas de celdas medía un metro y medio o dos de ancho.

El 22 de agosto de 1972, Silvetti no se encontraba en la base. Cuando regresó –el 10 de septiembre, aproximadamente- fue a ver el lugar en donde todo había ocurrido. “¿Vio al fondo del pasillo marcas de disparos?”, le preguntó el fiscal. Silvetti respondió: “Sí, y en las paredes… más bien arriba”.

Posteriormente declaró Agustín Magallanes, quien prestaba servicios en el Batallón de Infantería Marina n° 4. El día de la fuga el testigo estaba en su casa, en Trelew.

Recuerda, sin embargo, que en esa fecha Fernández –jefe del batallón- no se encontraba y estaba al mando el capitán Luis Emilio Sosa, quien además dirigió la guardia que se montó para vigilar a los detenidos cuando llegaron a la base. Según el testigo, Sosa “eligió quienes iban a estar con él” durante las guardias, pero Magallanes no conoce en base a qué criterio realizó esa selección.

El testigo participó en los patrullajes que se realizaron en Trelew durante esos días y estaba encargado de hacer el mantenimiento de los vehículos del batallón. El objetivo de los rastrillajes era para detectar a las personas que supuestamente colaboraron con la fuga.

El 21 de agosto Magallanes se encontraba en la base. “Me despertaron los tiros. Pasaron minutos, segundos… Salí al pasillo diciendo que había tiros, había otros que habían salido conmigo –recordó el testigo-. En los pasillos en esos lugares se ponen una lámpara de colores azules, estaba bastante oscuro. Yo me terminé de calzar, estaba medio vestido. Nos habían dicho que teníamos que dormir alistados, así que quedamos con pantalones y camisa, para salir más rápido”.

El testigo fue corriendo hacia los calabozos y dice que se encontró con un suboficial de la base que no era infante de marina. Le pregunte de dónde venían los tiros y me respondió: “Son del calabozo”. Fue el primero que lo dijo. En ese momento entraba más gente, llegaban por la puerta de atrás. Le pregunto si le avisaron al Jefe de la Base, dijo que no. No recuerdo si yo lo llamé o le dije que lo hiciera”, relató Magallanes.

Al llegar a los calabozos, los disparos habían terminado. Bravo estaba afuera, encendiendo un cigarrillo. El testigo le preguntó algo pero fue maltratado por su superior. Al llegar el jefe de la base escuchó gente entrando, saliendo, gritos, gente que intervenía. Vio los cuerpos de los detenidos. Muy juntos al principio, más atrás dispersos. Cree haber escuchado quejidos.

El testigo narró el procedimiento que llevó a cabo el juez militar Bautista para recrear el hecho. Dice que en una mesa estaban todas las armas que se habían utilizado y que cada uno de los participantes –Bravo, Marchan, Del Real, Sosa y Marandino- narraban lo que había ocurrido.

“Después de eso alguien, supongo que el Juez militar, los estuvo ubicando, les dijo que tomaran las armas que habían tenido esa noche o se las hizo tomar después –contó Magallanes-. A mí me ubicaron en una de las dos filas, sobre la derecha. Ni muy adelante ni muy atrás. Estábamos en dos columnas, todos mirando hacia el hall… Más o menos como lo describe el libro los sobrevivientes La patria fusilada”. Según Magallanes, todos admitieron haber disparado.

Cronograma para agosto y septiembre

Mes de Agosto.
1º de Agosto Carlos Celi y Heraldo Torne
2 de agosto Miguel Marileo y Luis Ortolani
3 de agosto Sergio Maida.
10 de agosto proyección de la película “Trelew” de Mariana Arruti que forma parte
de la prueba y “Ni olvido ni perdón” de Gleyzer.
27 de agosto 16 hs, Mariana Arruti.
28 de agosto Julio Ulla, Toschi y Bigy
29 de agosto Ballester y Vera Carnovale (videoconferencia)
30 de agosto Ricardo Luis Hirsch y Anibal Amilcar Acosta.
31 de agosto Mario Luis Actis y Julio Cesar Urien.

Mes de septiembre.
11 de setiembre Rodolfo Pregliasco. Perito, con visita a la base.
12 de setiembre Adolfo Samin (Videoconferencia)
12 de setiembre 11 hs. Armando Vidal en Rawson

Testigos del acuartelamiento

En agosto de 1972 Jorge Barreto era guardiamarina en la base Almirante Zar. “Había mas de 1600 personas en el lugar –recuerda-. El jefe de base y batallón vivían en la base”. El 15 de agosto, todo el personal, incluso el de más alto rango, fue acuartelado.

“En términos generales, los comentarios que habían era que no hubo graves problemas, no había hechos de violencia ni nada por el estilo”, señaló Barreto refiriéndose al comportamiento que tuvieron los detenidos.

El 22 de agosto, el testigo no estaba en la base. Se enteró en Puerto Madryn sobre el fusilamiento. Cuando regresó, vio que su jefe –el capitán Herrera-, Del Real, Sosa y Bravo estaban incomunicados. “Vi posteriormente los calabozos. Vi impactos de proyectiles. Estaban en el fondo y algunos en los costados. -dijo Barreto-. A medida que iban pasando los días obteníamos diferentes versiones, nunca nos cerraba la versión oficial de la armada, ni siquiera para los oficiales”.

Sin embargo, para el testigo lo ocurrido no obedeció a una orden superior. “A mi me da la sensación de que fue una gran equivocación del capitán Sosa, que no era nada planificado. Únicamente puede haber ocurrido una gran falta de profesionalismo”.

Oscar Alfredo Díaz, cabo furriel de marinería, fue el segundo testigo de la jornada. Hizo guardias en Trelew a partir del 15 y eso lo obligaba a dormir en el ala derecha del edificio donde estaban alojados los detenidos.

“Los baños que estaban en calabozos estaban clausurados así que traían a los prisioneros a los baños de nuestro lado. Esa noche –la del 21- tuvimos ronda también. Salimos a las 11 de la noche y regresamos a la una de la mañana del día 22. Estábamos durmiendo cuando se escucharon las detonaciones. La mayoría estábamos en ropa y así salimos hacia el casino de suboficiales”, dijo Díaz.

Según él, el sonido de los disparos fue discontinuo. Horas después, el teniente Troitiño reunió a un grupo de 20 suboficiales y les explicó la versión oficial.

Los conscriptos II

Dos conscriptos más dieron su testimonio en la jornada de hoy. El primero en declarar fue Hugo González. “Escuché por las emisoras locales que nos citaban a todos los conscriptos. Cuando llegamos a la base, vi que no estaba el FAL mío, así que tomé un fusil y me dirigí al aeropuerto viejo. Nos hicieron poner en posición de tiro. Era tarde noche. Yo observé que estaba toda la prensa de la zona, los militares y todo lo demás. Al frente del batallón esta Luis Emilio Sosa”, contó González.

El testigo tuvo dos tareas que hacer en el aeropuerto: anotar en un cuaderno las armas que entregaron los evadidos al momento de rendirse y borrar una leyenda que una de las mujeres había escrito en un espejo de la confitería.

Los detenidos fueron llevados a la base en el colectivo en el que se trasladaban a los conscriptos cuando estaban de franco. González asegura que en varias oportunidades le tocó hacer guardia en el pasillo de acceso a los calabozos durante el tiempo en que estuvieron los detenidos. “Los presos iban esposados y con la mano en la nuca. Yo tenía que estar en el pasillo con el fusil –cuenta el testigo-. Nosotros íbamos detrás de ello con el fusil. Los presos iban al baño y nosotros nos quedábamos en la puerta. Íbamos con un fusil, apuntando, con bala en boca, y a su vez otro cargador más con cinta adhesiva por si había que cargarlo otra vez”.

El 21 de agosto González estaba apostado en el polvorín hasta las 2 o 3 de la mañana. A esa hora escuchó la llegada de un avión, lo que le pareció extraño. Se fue a dormir y pocas horas después se despertó con la noticia de la muerte de los detenidos. “Fernández –jefe del batallón nº4- nos explicó que en un intento de fuga se habían querido escapar, al lado mío estaban otros conscriptos, yo les digo ‘mira lo que esta diciendo’, ¿cómo se van a escapar si nosotros les estábamos haciendo guardia?”, dijo el testigo.

El segundo en declarar fue Carlos Juarez, quien aseguró haber hecho guardia al frente de uno de los calabozos. Describió como era el procedimiento para llevar a los detenidos al baño, cómo eran alimentados, qué trato se les daba y que comportamiento tuvieron durante su detención.

“A mi me tocó estar hasta el 21 a las 9 de la noche. Nos dijeron que nos fuéramos a dormir a la cuadra. No recuerdo quien me lo dijo –dijo el testigo-. Al otro día me desperté solo, me extraño de que no había sonado la diana. Habré dormido hasta las 8 y pico, nadie me había llamado para nada. Había un revuelo, ahí me empiezo a enterar por distintos soldados en la base que algo había pasado”.

Los conscriptos I

Carlos Stenier fue conscripto en la época en que ocurrieron los hechos investigados en la causa. La noche del 21 de agosto habló con un guardiamarina que estaba en el edificio de guardia y luego se fue a dormir. Se despertó al día siguiente y se enteró por comentarios de otros conscriptos de lo que había ocurrido.

“No se si fue ese día o el otro que pusieron los cadáveres en frente de la plaza de armas. Nos hicieron formar y varios oficiales hablaron, no me acuerdo qué dijeron ni quiénes eran. No me acuerdo si eran los cajones o los cuerpos”, relató Steiner.

El otro testigo, Carlos Neira, contó que el día de la fuga no estaba en la base, pero se enteró de la orden de acuartelamiento. Estuvo en el aeropuerto y vio cómo Sosa entró al aeropuerto para parlamentar con los evadidos. También pudo observar cuando estos se entregaron. Estuvo haciendo guardia en Rawson durante una semana.

El 22 de agosto, a la tarde, regresó a la base. “Yo no conozco el olor a muerte, pero había olor a muerte –dijo el testigo. Vi un camión bajando ataúdes, fue muy duro. Después del 22 hubo algunos incidentes de cosas que no eran normales; por ejemplo, que un oficial retara a un suboficial delante de la tropa. Había estado de ánimo alterado”.