La maternidad clandestina en la ESMA (parte I)

En la causa “ESMA Unificada” se está juzgando a los responsables del secuestro y desaparición de numerosas embarazadas que dieron a luz en la maternidad clandestina que funcionó en ese centro clandestino de detención. Durante noviembre declararon Victoria Donda, Alejandro Pedro Sandoval, Florencia Laura Reinhold Siver y Ezequiel Rochistein Tauro, todos ellos nacidos durante el cautiverio de sus madres, quienes continúan desaparecidas.

foto1En el segundo tramo del juicio “ESMA”, cuya sentencia se conoció en octubre de 2011, se acreditó la existencia de una maternidad que funcionó en el centro clandestino durante la última dictadura militar, conocida como “la Sardá”. El objetivo era garantizar que las mujeres cautivas que estaban embarazadas dieran a luz a sus hijos, los que serían luego entregados a terceros –generalmente familias de los represores o vinculadas a ellos-, sustituyendo así sus verdaderas identidades.

La “pieza de las embarazadas”, como se denominó al espacio donde tenían lugar los partos, estaba ubicada en el tercer piso del Casino de Oficiales. La ESMA contaba con un equipo de médicos y personal de enfermería que practicaba controles ginecológicos a las secuestradas para asegurar que los embarazos llegaran a término y atendían los partos. Algunos de los médicos que participaron de la maternidad clandestina fueron Jorge Luis Magnacco, Carlos Octavio Capdevilla y Rogelio José Martínez Pizarro.

Antes de la separación definitiva de sus madres, se confeccionaban ajuares destinados a la entrega de los bebés y les hacían escribir cartas que serían entregadas junto con los niños a sus familias de origen. Sin embargo, el destino de los bebés sería distinto al anunciado: trascurridos pocos días del parto, las madres eran generalmente “trasladadas” (eufemismo utilizado para referirse al asesinato) y los recién nacidos eran entregados a personas extrañas a sus familiares.

Hasta el momento, 109 de los aproximadamente 500 nietos apropiados han recuperado su identidad gracias a la incansable labor de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, que integra la querella encabezada por el CELS en la causa. Cientos de familias aún hoy desconocen el destino de sus hijos, nietos, sobrinos o hermanos nacidos en cautiverio.

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“Yo primero no me quería hacer el ADN”

María Hilda Pérez de Donda, apodada “Cori”, era militante de la Juventud Peronista y de la organización Montoneros. El 28 de marzo de 1977, cuando cursaba el quinto mes de embarazo, fue secuestrada por personal de la Fuerza Aérea que la llevó primero a la comisaría de Castelar y luego a la ESMA, lugar en el que entre los meses de julio y agosto de ese año dio a luz a Victoria Donda Pérez. Aproximadamente quince días más tarde, María Hilda fue “trasladada” por personal de la Aeronáutica y tres días después fue liberada su hija.

Victoria, nacida en la “pieza de las embarazadas” y anotada como hija biológica por Juan Antonio Azic y Noemí Esther Abrego con el nombre de Claudia Analía Leonora Azic, recuperó su verdadera identidad en 2004, cuando supo que era hija de María Hilda Pérez y de José María Laureano Donda, también desaparecido.

El teniente de navío Adolfo Miguel Donda, tío de Victoria, prestó funciones en la ESMA y, luego de haber sido identificado por numerosos sobrevivientes, se encuentra cumpliendo condena por estos hechos y está siendo juzgado actualmente por otros.

En la audiencia del 4 de noviembre, Victoria contó que otra secuestrada, Lidia Vieyra, le dijo que había colaborado en el trabajo de parto, que no tardó en nacer aunque gritó mucho y que permaneció unos tres días junto a su madre. Con los materiales que les habían proporcionado para el parto, le cosieron una de las orejas con hilo azul para poder identificarla. También supo que su madre la amamantó hasta que Héctor Febres le pidió que escribiera unas cartas que supuestamente entregarían a su abuela y le trajo ropa que habían comprado para vestirla.

Victoria relató su reacción al conocer los hechos y explicó: “Yo primero no me quería hacer el ADN, todavía no estaba la ley [26.549 de 2009]. O sí, me lo quería hacer, pero era difícil decidirlo. Por eso me parece muy buena la ley, porque somos víctimas”. Y agregó: “Empecé a investigar, ver libros de Abuelas y ver caras de las embarazadas, y cuando vi la foto de mi mamá me di cuenta de que era parecida”. Finalmente, luego de practicarse dos análisis de ADN, el 8 octubre de 2004 obtuvo el resultado, aunque nunca pudo conocer su fecha de nacimiento.

foto3Victoria Donda. Foto: Guadalupe Aizaga  (La Nación)

“Agradezco poder usar la palabra por aquellos que no tuvieron la posibilidad de defenderse”

Otro de los casos que se está juzgando es el secuestro y desaparición de Susana Beatriz Siver de Reinhold, militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y del Centro de Estudiantes de Derecho. “Susanita”, como la llamaban,  fue secuestrada el 14 de agosto de 1977 en la localidad de Haedo, cuando cursaba su cuarto mes de embarazo. Ese mismo día fue también secuestrado su esposo, Marcelo Carlos Reinhold.

Susana llegó a la ESMA el 17 de octubre de ese año y alrededor del 16 de enero de 1978 fue trasladada al Hospital Naval de Buenos Aires, donde dio a luz una niña a la que llamó Laura. Luego del parto, Siver fue nuevamente llevada a la ESMA, donde permaneció unos diez o quince días con su hija, pudo amamantarla y  escribir una carta a los abuelos de la niña unas horas antes de ser “trasladada”. Sin embargo, esa misma noche, la beba fue retirada del centro por Carlos Galián, conocido como “Pedro Bolita”, actualmente condenado e imputado también por nuevos hechos en este tramo de la causa. Susana aún permanece desaparecida.

El 7 de noviembre declaró la hija del matrimonio Siver-Reinhold, quien recién en 2011 pudo conocer su verdadera identidad. Florencia Laura Reinhold Siver contó que accedió voluntariamente a realizarse el análisis de ADN y lo que averiguó de sus padres es producto de la reconstrucción que ha efectuado a través de gente que los conoció. Ambos estudiaban abogacía y se conocieron en la facultad, luego de un tiempo su mamá quedó embarazada y “fueron vistos en la ESMA, donde yo nací por cesárea; en realidad nací en el Hospital Naval y de ahí fui trasladada de nuevo a la ESMA con mi mamá, donde estuve 20 días aproximadamente”, describió Florencia. Sabe también que nació el 15 de enero, aunque fue inscripta el 7 de febrero. “Mi mamá  me llamó Laura, me decía ‘Lauchita’”, aclaró, y explicó luego que alguien la entregó a una familia.

Cuando el Tribunal le preguntó si deseaba expresar algo más, fue contundente: “agradezco poder dar mi testimonio por aquellos que no están hoy presentes y poder usar la palabra por aquellos que no tuvieron la posibilidad de defenderse”.

foto4La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto,  junto a Adriana Reinhold, tía de Florencia, sosteniendo la fotografía de su hermana y su cuñado desaparecidos. Foto: Télam

El caso Fontana-Sandoval

La noche del 1 de julio de 1977, Liliana Clelia Fontana y Pedro Fabián Sandoval fueron secuestrados y llevados al centro clandestino de detención “Club Atlético”. Liliana tenía entonces 20 años y se encontraba embarazada de dos meses y medio. El 26 de diciembre de ese año fue llevada a la ESMA, donde nació Pedro Sandoval Fontana quien, (apropiado por el Gendarme Víctor Rei, actualmente condenado por estos hechos), recuperó su identidad en julio de 2006. Liliana y Pedro continúan desaparecidos.

En la audiencia del pasado 28 de noviembre, Pedro dio su testimonio:

Por 2 meses aproximadamente [luego de la condena a su apropiador en 2009] tuve relación con mi apropiadora, porque quería saber realmente mi origen […] Dice que me trajo un 4 de abril de 1978, le pregunté por mi mamá y me dijo ‘vos sabes lo que pasa con ellos’, me enojé y me fui, me quedó la tranquilidad de saber que desde que nací hasta el 4 de abril estuve en los brazos de mi mamá, habré nacido entre el 27 y 28 de diciembre de 1977 […] A veces uno se aferra a mentiras para creer en algo hermoso en ese mundo de locura, entonces me aferré a eso para creer que pasé ese tiempo con mi mamá, pero sólo estas personas que están siendo juzgadas van a poder decirme la verdad.

Recordó también que a través de los compañeros de su padre supo que él tocaba la guitarra y durante su cautiverio en “El Atlético” le gustaba cantarle a su mamá dos canciones como código para avisarle cuando se iba y cuando volvía de las sesiones de tortura: “Mujer niña y amiga” y “Lunita Tucumana”. Por último declaró: “saber que estuvieron juntos esos meses te da un poco de alegría”.

foto5Izquierda: Alejandro Pedro Sandoval (foto: Rafael Yohai) Derecha: Liliana Clelia Fontana y Pedro Fabián Sandoval

El nieto número 102: Ezequiel Rochistein Tauro

También durante el mes de noviembre brindó su testimonio Ezequiel Rochistein Tauro, el nieto número 102 en recuperar su identidad. Ezequiel es hijo de María Graciela Tauro, quien dio a luz en la ESMA entre los meses de septiembre y octubre de 1977, y Jorge Daniel Rochistein, dos militantes de la organización Montoneros que al día de la fecha permanecen desaparecidos.

El 4 de noviembre Ezequiel declaró ante el Tribunal: “Sé quién soy a partir de abril 2010” y agregó: “Estoy tratando de reconstruir mi historia. No sé si mi vieja me puso realmente Ezequiel cuando nací”.

Sin embargo, a través de Juan Gasparini (sobreviviente del centro clandestino) supo que su madre estuvo secuestrada en la ESMA, donde él nació y que ella quería que Gasparini fuera su padrino. Una vez liberado, le dijo a su abuela (la mamá de María Graciela Tauro) que Ezequiel había nacido y estaba vivo.

Finalmente, contó su inicial resistencia a practicarse los análisis de ADN y concluyó su testimonio dirigiendo unas palabras a los imputados: “Si alguien sabe cuándo nací y cuál era mi nombre, les agradezco que me lo digan”.

foto6Ezequiel Rochistein Tauro con su nuevo DNI. Foto: Diario Registrado