Hoy declararon José Luis Méndez Méndez y Adriana Calvo
Méndez Méndez explicó que desde 1984 investiga el secuestro de sus compatriotas cubanos, Cresencio Hernández y Jesús Cejas, por encargo de la Unión Nacional de Juristas de Cuba y de la Sociedad Cubana de Derecho Internacional, luego que los familiares de ambos diplomáticos solicitaran la búsqueda de sus restos.
Explicó que una de las primeras pistas que siguió fue a partir de la declaración de Alberto Martínez, quien dijo haber conocido la presencia de diplomáticos cubanos en Orletti a través del imputado Raúl Guglielminetti, quien le refirió que fueron torturados, asesinados y colocados en tambores que fueron tirados al Río Luján. Ante esto, investigaron si alguno de los cuerpos hallados en tambores en el Canal San Fernando correspondía a Hernández o Cejas, con resultados negativos. También relató que siguieron una pista dada por Vaello, que dijo que los cubanos “fueron enterrados en un predio en Florencio Varela” y que luego de dos años de excavación (2006-2007) llegaron a la conclusión, junto al EAAF, que la información era falsa. En la actualidad sigue investigando la posibilidad que hayan sido arrojados al río en tambores, teniendo en cuenta contradicciones entre los informes realizados sobre los cuerpos en 1976 y luego que fueron exhumados.
El testigo también relató que de la información recopilada por la embajada en la época de los hechos surge que los jóvenes fueron secuestrados el 9 de agosto de 1976, entre las 5 y las 6 de la tarde, en la intersección de Arribeños y La Pampa, que fueron interceptados por un grupo de aproximadamente 20 personas, vestidas de civil y armadas, y que tenían autos Ford Falcon y una ambulancia. Asimismo, pudo confirmar al entrevistarse con Manuel Contreras Sepúlveda que el agente de la DINA chilena, Michael Townley, había participado del interrogatorio en Orletti, según le había referido Otto Paladino. Presuntamente, Cejas y Hernández fueron finalmente desaparecidos el 17 de agosto de 1976, y al día siguiente la embajada cubana en Buenos Aires recibió un sobre con sus credenciales y una carta apócrifa en la que supuestamente habían escrito que manifestaban su interés de permanecer en Argentina. El análisis criminológico y grafológico comprobó que fueran escritas bajo presión, utilizando expresiones poco comunes, lo que los llevó a concluir que era una maniobra para evitar una investigación al respecto. El mismo 18 de agosto, explicó Méndez Méndez, la Dirección de Inteligencia de la Superintendencia de Seguridad Federal emitió un documento que, refiriéndose a una valija y a la embajada cubana, dice que la información fue obtenida por “propios medios”, lo cual sugiere que hubo un interrogatorio.
Méndez Méndez también explicó que este secuestro se dio en un contexto de violencia contra la embajada cubana, y que una serie de eventos similares arroja una cifra total de doce argentinos desaparecidos, además de los dos cubanos y que, en parte, esto se debía al refugio concedido a los familiares de Santucho. De este modo, las investigaciones conducidas por el testigo lo han llevado a apreciar que el secuestro fue motivado por el clima de hostilidad descripto, por el seguimiento que se hacía con relación a la actividad de los cubanos radicados en la embajada, y por el asilo político brindado.
Adriana Calvo brindó un emotivo testimonio en el que relató las condiciones de su detención en cuatro locales diferentes, y las circunstancias en las que conoció a Manuela Santucho, a Cristina Navajas y a Alicia Raquel D´ambra. Al respecto, Adriana aclaró en primer lugar que “las compañeras Santucho y Navajas fueron secuestradas del mismo lugar, el mismo día y a la misma hora que Raquel D´ambra; las tres pasaron exactamente por los mismos lugares, los mismos días (…) torturadas de las misma manera, sin embargo, Raquel D´ambra no ha sido parte de ninguno de los juicios” y reclamó al Tribunal que tomara medidas al respecto: “para mi es muy importante pedirle al Tribunal que ponga fin a este grado infinito de injusticia, 34 años después, que sigan olvidando que Alicia Raquel D´ambra estuvo secuestrada en Automotores Orletti”
Adriana explicó que fue detenida ilegalmente en La Plata el 4 de febrero de 1977 y que luego de ser llevada a diversos locales, llegó al Pozo de Banfield el 15 de abril de ese año. En el camino había dado a luz a su hija, Teresa.
Adriana relató que de un lado del pasillo estaban las mujeres y del otro los hombres y que existía un método de comunicación entre las detenidas, con golpes en las paredes. Como la dejaban salir una vez al día para ir al baño con su bebé, pudo transitar por distintos calabozos y estar en contacto con todas las mujeres que estaban allí y que la ayudaron a cuidar y proteger a Teresa. Recordó que: “los guardias se mostraban a cara descubierta, que no era buen indicio para nadie”. Explicó que pudo pasar 24 ó 48 horas con Manuela, Cristina y Alicia, que estaban junto a Eloisa Castellini y Silvia Abalenzi, que acababan de ser madres, recordando que sus hijas continúan desaparecidas o apropiadas. Adriana rememoró que Manuela, Cristina y Alicia le relataron que habían llegado allí en los primeros días de diciembre, que fueron secuestradas el 13 de julio de 1976 en un departamento de la calle Warnes, donde vivía Cristina, que fueron llevadas a un primer centro clandestino de detención, Automotores Orletti, donde estuvieron aproximadamente una semana y que le dieron bastante detalle sobre las terribles torturas a las que fueron sometidas las tres, incluyendo que Manuela fue obligada a leer la noticia del asesinato de su hermano Roberto y que ese mismo día torturaron a su otro hermano, Carlos, hasta la muerte. Explicó también que le comentaron que luego fueron trasladadas a Campo de Mayo y que compararon “el interrogatorio sufrido en Orletti, realizado con el único objetivo de dar con el paradero de Roberto Santucho, y así brutal, tosco”, conducido por personal de la SIDE, con los interrogatorios en Campo de Mayo que “fueron hechos por oficiales de alto nivel del ejército argentino, con altísima preparación”. Destacó también que, si bien ellas no le contaron al respecto, existen testigos que las vieron en el centro conocido como Proto Banco.
En particular, Adriana rememoró que, si bien hay testimonios que dan cuenta que Cristina estaba embarazada antes de que ella llegara a Banfield, en ningún momento se lo mencionó: “creo que fue una muestra más de la grandeza y la solidaridad de la que pueden ser capaces los seres humanos, en particular, Cristina, que si me contaba su parto, tal cual lo habían hecho las otras dos chicas, yo estando con mi beba en brazos, evidentemente iba a temer que mi beba corriera la misma suerte. Lo que ella eligió fue no decirme, este es el convencimiento que yo tengo hoy (…) fue una decisión de Cristina Navajas, muy valiente y muy valiosa”
Luego Adriana relató que el 25 de abril de 1977 se llevaron prácticamente a todos los hombres y mujeres, incluidas Manuela, Cristina y Alicia. “A partir de ese traslado no se supo nunca más nada de ninguna de ellas”
Adriana concluyó su testimonio con una conmovedora manifestación acerca de los tormentos sufridos durante la detención clandestina y cómo, aún allí, encontró lo mejor de los seres humanos: “era un círculo del infierno que ni siquiera Dante imaginó”, pero “fui testigo también de los actos más sublimes, excelsos y grandiosos de lo que puede ser un ser humano. Cómo se entiende si no que después de tantos días sin comer me dieran su ración de comida a mi, que después de lo sufrido, tuvieran siempre palabras de aliento y tranquilidad para las demás, cuál otra respuesta es posible para el motín que organizaron Manuela y Raquel cuando (…) pretendieron sacarme a Teresa de los brazos (…) eran 20 personas, 20 leonas que formaron una pared humana infranqueable para estos asesinos (…) ese rugido gritando ´no se la lleven´ no lo podré olvidar jamás (…). Manuela, Cristina y Raquel fueron personas valientes, libres (…) están desaparecidas y los responsables impunes… para ellas, mi homenaje…”