
Conversaciones Difíciles para el Futuro de los Derechos Humanos es un conjunto de entrevistas contundentes con líderes del Sur y el Norte Global que ofrecen ideas concretas y estratégicas sobre cómo gestionar y sobrevivir a las crisis que afectan a nuestro movimiento. Exploran cuestiones cruciales: ¿Debemos seguir colaborando con los mecanismos de protección regionales e internacionales? ¿Cómo podemos reconstruir la legitimidad con las bases locales y reorientar nuestra base de donantes? ¿Qué trabajo político es posible en contextos nacionales hostiles? ¿Cómo podemos movilizar un nuevo apoyo a los derechos humanos? ¿Qué transformaciones profundas se necesitan para luchar con mayor eficacia por la justicia, la igualdad y la democracia? ¿Y cómo podemos generar espacio para estos debates?
Para este informe, en INCLO entrevistamos a directores de nuestras organizaciones miembro en Argentina (CELS), Egipto (EIPR), Hungría (HCLU) y el Reino Unido (Liberty), junto con Nicolette Naylor, experta en sostenibilidad residente en Sudáfrica. El objetivo fue profundizar en los temas que surgieron durante la Asamblea General Anual de INCLO, coorganizada con CELS en Buenos Aires en mayo de 2025.
A continuación, compartimos la conversación con Paula Litvachky, directora ejecutiva del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en Argentina quien habla sobre la crisis del sistema internacional de protección de derechos humanos en un mundo que se está reorganizando y lo que implica para nuestras organizaciones. A nivel nacional, el presidente libertario Javier Milei -quien caracteriza la justicia social como una aberración y un robo-, ha impulsado fuertes retrocesos en los derechos humanos. Sin posibilidades de incidir en las políticas públicas, el CELS busca movilizar a las personas y acompañar sus luchas.
INCLO: Hay una percepción que el sistema internacional de derechos humanos ya no funciona. ¿Qué está pasando? ¿Está roto el sistema?
Paula Litvachky: Muchos teóricos y analistas están planteando que hay una especie de fin de época sobre los consensos y la construcción del orden internacional post Segunda Guerra. Tiene que ver con los cambios geopolíticos y el ocaso o el debilitamiento de la hegemonía occidental, y sobre todo de Estados Unidos. El orden basado en reglas, que es el orden que sostiene a Naciones Unidas y el que las potencias occidentales estuvieron dispuestas a sostener, ya no tiene ese apoyo ni la misma fuerza que antes. Y la infraestructura de derechos humanos que se organizó alrededor de ese orden internacional necesariamente se ve afectada, porque una cosa va agarrada de la otra.
Decir que está roto ese orden internacional es una provocación en realidad, para decir que se está moviendo hacia otro tipo de acuerdo global. Todavía estamos en transición y no se sabe muy bien qué va a pasar con eso. No está saldado. Pero quienes fijaban las reglas y financiaban esa infraestructura, hoy no están apostando a ese orden o están más débiles. Por lo tanto, la herramienta del derecho internacional que usábamos para la defensa de derechos humanos dentro de nuestros países y para el activismo internacional está puesta en juego.
¿Ese sistema entró en crisis ahora, con los cambios geopolíticos y las guerras en Gaza y Ucrania, entre otros conflictos? ¿O siempre tuvo problemas?
Paula Litvachky: Esta estructura que está siendo cuestionada funcionaba para sostener cierta hegemonía política, bajo unas reglas que en algún punto reproducían las lógicas de poder.
Ya desde antes, éramos muy críticos de cómo funcionaba el sistema internacional de protección de derechos humanos. Tenía problemas de eficacia, y tenía también la clara condicionalidad de que era un orden que terminaba siendo también impuesto por Occidente, con todo lo que eso significa. Entonces todo lo que nosotros veníamos discutiendo sobre la opresión del Norte al Sur, de la imposibilidad del Sur de poder participar en la decisión de cómo se organiza esa infraestructura y ese orden internacional, de poder ocupar espacios de relevancia, de poder ocupar espacios en el Consejo de Seguridad, por ejemplo, todo eso sigue vigente.
Pero bueno, esta herramienta que nosotros usábamos para pelear por ciertas reglas vinculadas a la protección de derechos humanos ahora está puesta en discusión por los propios Estados, y por el propio Estados Unidos. Y hoy pareciera moverse todo hacia la admisión de que en realidad el poder legítimo solo te lo da la fuerza. Entonces, si hoy la discusión es solo la fuerza, ¿dónde quedamos nosotros, qué lugar tienen los oprimidos, los que sufren las injusticias? ¿Qué herramientas y espacios tenemos las personas y las organizaciones, los movimientos que defienden los derechos humanos, para reclamar y pedir reglas que garanticen o que promuevan ciertos niveles de igualdad?
No sabemos cómo va a terminar. El tema es qué hacer mientras tanto.
En este contexto de crisis, ¿sería importante cambiar la narrativa sobre los derechos humanos?
Paula Litvachky: Yo creo que el cambio es político, y después viene la discusión de la narrativa y de cómo se comunica. Creo que hay un debate político muy potente sobre cómo se defienden los derechos humanos hoy, cuáles son las estrategias, y el debate sobre la democracia también.
Quienes defendemos los derechos humanos tenemos que apostar a construir más desde el margen, desde abajo hacia arriba, tratando de generar alianzas y construir nueva comunidad de derechos humanos. Tenemos que dar una discusión sobre la cultura de derechos humanos, sobre la empatía, sobre el valor de la vida, sobre el valor de la igualdad, sobre el valor del ambiente – entonces ahí esa discusión no es solo narrativa, esa discusión es política, en el sentido de tener una praxis y un marco conceptual que defina los problemas y plantee una propuesta de transformación.
Hay que pensar cómo sumar nuestras herramientas de defensa de derechos humanos a las peleas de quienes luchan contra las injusticias. Creo que hay que hacer un uso táctico de las herramientas que están a disposición. ¿Vale la pena ir al Sistema Interamericano? ¿Vale la pena ir al sistema internacional? ¿Por qué? ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo peleamos?
A nivel nacional, es importante también descentrarse de la discusión con el Estado. El CELS no apuesta a que todo su trabajo sea incidencia en el Estado, en políticas públicas. La idea es más bien volver a pensar cómo defender lo público, cómo generar comunidad, cómo movilizar por los derechos humanos. Estamos revisando la historia, volviendo a pensar cómo nos organizamos al final de la dictadura para interpelar política y socialmente una conversación sobre la dignidad de la vida y los derechos humanos.
Los procesos sociales de resistencia y cambio llevan tiempo y tenemos que estar atentos para sumar nuestra fuerza para cuando irrumpan.

