
Cada mes llegaba a la salita de salud del barrio o el pueblo una caja de cartón con un precinto. Adentro venían los remedios: los que bajan la presión, los que controlan la diabetes, el antibiótico para la infección urinaria, el jarabe para la tos, el broncodilatador, el ibuprofeno, el anticonceptivo y el antidepresivo. Y venía, con la caja del Programa Remediar, la certeza de que quien entraba al centro de salud público con un problema podía salir con el medicamento en la mano para resolverlo. El cálculo para enviar las cajas a los centros de atención primaria de salud (CAPS) era simple, un botiquín cada 200 recetas. Cuantas más consultas se atendían, más medicamentos llegaban. El sistema estaba calibrado sobre lo que efectivamente se recetaba.
Pero hubo un cambio, en diciembre de 2023 se distribuyeron 17.393 botiquines y en abril de 2026, apenas 849 . El Programa Remediar no fue reemplazado por otro más focalizado. La provisión nacional de medicamentos esenciales se contrajo de manera generalizada incluso para combatir las enfermedades que el Gobierno dice priorizar.
En este informe reponemos la trayectoria del Programa Remediar: la importancia que tuvo desde su creación, el contexto en el que se lanzó y su continuidad en situaciones de crisis, así como los hitos de su vaciamiento el mapa desigual de acceso a la salud que implica ese desmantelamiento.
Foto: Gala Abramovich | CELS

