
Nancy Godoy fue asesinada en La Esquina, Corrientes, pocas semanas después de asumir la tarea de poner en marcha una escuela rural abandonada. En los mismos días de octubre en los que estuvo desaparecida, cuatro trabajadoras sexuales fueron víctimas mortales en distintas provincias. Y las muertes violentas de ocho niños y niñas y tres mujeres también son investigadas como femicidios y femicidios vinculados.
Mientras son indagados los motivos y las responsabilidades, los hechos hacen visible lo que sucede fuera de los radares de la agenda política: la precarización de la vida; la desigualdad radical en el acceso al trabajo, a la educación; la persistencia de la violencia patriarcal; las falsas promesas de la meritocracia. No hay que establecer causalidades automáticas entre esta circulación de violencia social letal y el contexto socioeconómico, pero tampoco normalizar estas noticias o desjerarquizarlas.
¿Qué hacer? En los últimos años, muchas de las políticas orientadas a trabajar sobre estos problemas fueron estigmatizadas, incluso se volvieron objeto de burla en un amplio campo político, no únicamente por parte de las derechas. Sin embargo, de esos cuestionamientos no derivaron otras propuestas o acciones para transformar esas realidades, al menos por ahora.
En todo el país, personas, organizaciones y grupos sociales continúan apostando a tejer lazos comunitarios, en condiciones más frágiles, con muchísimas dificultades, tratando de atajar lo que se desfonda. Es tan urgente como importante que le hagamos más espacio a discutir estos problemas y a la creación colectiva de estrategias, que comiencen en el balance de lo hecho pero que asuman el compromiso de construir un presente vivible para las mayorías.
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Foto: Julián Reynoso | CELS

